Con el inicio de 2016 volvían las especulaciones. El 6 de enero, el multimillonario George Soros daba un disgusto a los inversores al advertir que los vaivenes de los mercados le recordaban demasiado a esos momentos cuando caía Lehman Brothers y España ganaba la Eurocopa.
(Martín Cúneo – Diagonal) Mundo – La preocupación por el estallido de una nueva burbuja es compartida por otros dos pesos pesados de la lista Forbes: Bill Gates y Warren Buffet. El origen de esta burbuja, sostienen, se encuentra en las políticas desarrolladas por la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) y los bancos centrales para salir de la crisis: la bajada de los tipos de interés a valores cercanos a 0% y la llamada “política expansiva”, es decir, “imprimir dinero y tirarlo”, según la definición de Buffet.
Con los tipos de interés actuales, aseguraba este inversor, “puedes pedir prestado dinero con muy pocos costes, de modo que puedes financiar todo lo que quieras. Estas medidas han causado un cambio dramático del valor real de la vivienda y probablemente también han cambiado el precio de las acciones”.
Para Luis González Reyes, coautor de La espiral de la energía, el principal problema es que las políticas expansivas –la FED inyectó dos billones de dólares a la economía– no han tenido un “efecto distributivo”, sino que sólo han servido para “maquillar los balances de los grandes agentes y contener por un tiempo una caída mucho mayor, pero no ha llegado a la población de a pie”, afirma.
“La inversión no ha llegado a la economía productiva, entre otras cosas porque ya no hay rentabilidad en la economía productiva”, dice González Reyes, sino que han inflado los mercados especulativos. Ante cifras récord de acumulación de riqueza y desigualdad, inéditas desde 1929, las empresas cada vez tienen más dificultades para colocar sus mercancías y conseguir las tasas de rentabilidad deseadas.
La solución a este problema hasta 2007 fue la expansión del crédito a toda costa, sin una base real que lo respaldase. La gran pregunta es si las medidas económicas ante esta crisis estructural –las famosas políticas expansivas– llevarán a otra recaída cuando se retiren las ayudas. De fondo, una economía financiera que en 2015 era ocho veces más grande que la economía real.
Para el economista Daniel Lacalle no tardaremos en enfrentarnos a nuevo estallido: “La cuestión no es ‘cómo termina’, que ya lo hemos visto en 2001 y 2007, sino ‘cuándo’. Es como los dibujos animados del Correcaminos. El Coyote sube por el precipicio hasta que sobrepasa el borde, sigue corriendo y se encuentra que debajo de sus pies no hay nada”.
Sin embargo, hasta que no estallan, las burbujas son simplemente buenos negocios. José D. Roselló, economista del Instituto Flores de Lemus-Universidad Carlos III, cree que las lecturas de un nuevo crash son “un poco alarmistas”, aunque reconoce que hay motivos de preocupación. En el momento en que EE UU empiece a retirar sus estímulos –en diciembre de 2015 la FED subía los tipos de interés por primera vez desde 2008–, “muchos piensan que se puede producir una crisis financiera al estilo de la de 2008”.
El corazón del capitalismo
El economista José D. Roselló cree que la deuda de las petroleras –calculada en torno al medio billón de dólares– puede generar grandes turbulencias, “pero no se puede comparar con el tamaño y la capacidad de arrastre del sector de las subprime; no es de esperar una crisis tan grande como la del sector hipotecario”.
Los analistas coinciden en que el precio del petróleo volverá a subir, aunque no se ponen de acuerdo en las cifras. Los mercados de futuro, cuenta Roselló, apuestan a un barril de más de 60 dólares dentro de un año. Para entonces, la ruina de las empresas del fracking y la desinversión reducirá la oferta: el precio volverá a repuntar con fuerza generando nuevos desequilibrios.
Para González Reyes, el escenario que se abre, superado en 2005 el pico del petróleo convencional –el más fácil y barato de extraer–, es de “fuertes fluctuaciones en los precios del barril”. Cuando el precio del petróleo vuelva a subir, “nos encontraremos otra vez con un recrudecimiento de la crisis, algo que hará que la demanda vuelva a bajar, y con el descenso de la demanda caerá una vez más el precio del petróleo, con grandes oscilaciones amplificadas por la especulación en los mercados financieros”.
De alguna manera, resume González Reyes, “es como si el corazón del capitalismo estuviese sufriendo una arritmia brutal provocando crisis cada vez más complicadas”.
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