Decenas de miles de familias han huido al norte, hacia la frontera con Turquía, en donde viven en tiendas sobrepobladas o en refugios improvisados mientras soportan el frío clima invernal.
Abu Mustafa, un hombre de 37 y padre de seis, llegó a Sarmada, una ciudad cerca de la frontera con Turquía, con las manos prácticamente vacías. Además de la suya, otras 20 familias juntaron su dinero para rentar un pequeño terreno por aproximadamente $1,000 dólares mensuales.
“No tuvimos otra opción. Necesitábamos un lugar donde dormir,” comentó Abu.
Las familias construyeron refugios improvisados usando pilares de hierro que cubrieron con mantas y bolsas de plástico. No hay pisos, así que no tienen protección alguna del sucio suelo que está mojado y cubierto de escarcha.
“El frío se filtra por todos lados,” agregó Abu.
Muchas de estas familias dejaron sus hogares con las manos prácticamente vacías. Otros salieron con sus pertenencias amontonadas en camiones y tractores, recuperando herramientas para la agricultura, electrodomésticos y otros objetos de valor que pueden venderse para sobrevivir. Dicen que el desplazamiento masivo ha dejado varios pueblos prácticamente abandonados.
Los campos formales en la zona se han expandido más allá de su capacidad, dejando a la mayoría de las personas internamente desplazadas viviendo dentro de 160 asentamientos improvisados que se extienden a lo largo de una gran área. Están viviendo en tiendas de campaña improvisadas, con hasta tres o cuatro familias en cada una. La mayoría de las familias tienen un promedio de seis integrantes.
En estos campos informales, hay un acceso limitado a refugios básicos, servicios de saneamiento, alimentos, agua y atención médica. El clima húmedo y frío y los campos sobrepoblados amenazan con contribuir a un mayor deterioro de las condiciones de vida en un momento en que muchos actores humanitarios están reduciendo sus operaciones dentro de Siria.
El Dr. Mohammed Yaakoup, miembro del equipo médico móvil de MSF, visitó recientemente el campamento Al-Rahman cerca de la frontera turca. Cuarenta y cuatro familias recientemente desplazadas llegaron hace poco al campo donde ya vivían 70 familias. La creciente población está llevando a las precarias instalaciones a su límite.
“La situación médica es realmente difícil. Las infecciones del tracto respiratorio son muy comunes. Algunas familias han estado viajando durante una semana antes de llegar aquí, acampando al costado de la carretera, al aire libre”, dijo. “Muchos pacientes con enfermedades crónicas no han tomado su medicamento desde hace un mes. Tuvimos numerosos casos de pacientes con diabetes y presión arterial alta. Los niños llevan años sin ser vacunados”.
El médico está realizando alrededor de 45 consultas por día, y una partera del equipo de MSF está realizando 15.
Los equipos de MSF también han estado distribuyendo kits de higiene e invierno, incluyendo mantas y colchonetas aisladas para dormir. Hasta el momento, estos kits se han distribuido a más de 1,000 familias. Médicos Sin Fronteras está brindando apoyo adicional, incluyendo la donación de suministros médicos, la realización de referencias de emergencia en la región y la ayuda para aumentar la capacidad de algunas instalaciones médicas clave. La organización también está apoyando a los servicios de ambulancia a través de la donación de combustible y el mantenimiento.
Durante las próximas semanas, los equipos de MSF ampliarán su programa de alcance de vacunación y se coordinarán con otras organizaciones para intentar continuar de manera eficiente la distribución de kits de artículos de primera necesidad a las personas con necesidades más urgentes.
Mientras tanto, persisten los ataques aéreos, obligando a quienes han sido expulsados de sus hogares a huir una vez más.
“Uno de los asentamientos que visitamos fue atacado varios días después. Las personas se vieron obligadas a trasladarse nuevamente”, comentó Zuhair Kanjou, coordinador de proyectos de MSF para el norte de Siria. “Los refugios en los que están viviendo no son adecuados para las personas. Se inundan cuando llueve y están repletos de barro. La situación es miserable”, dijo.
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