Miles de franceses salieron a las calles este miércoles en una nueva jornada de protestas antigubernamentales que buscan paralizar al país europeo, el mismo día que Sébastien Lecornu, un asociado del presidente Emmanuel Macron, asumió como primer ministro.

La meta del movimiento “Bloqueemos todo”, que se ha organizado de manera independiente a los sindicatos y partidos, es paralizar el país. Sin embargo, se han detenido a más de 200 personas en el inicio de las manifestaciones.

De acuerdo con las fuerzas policiales, este movimiento podría recurrir a saboteos y bloqueos en autopistas, supermercados, refinerías, instalaciones eléctricas, hospitales, escuelas o aeropuertos.

Por esta razón, se desplegarán 80.000 gendarmes y policías durante el día de hoy con instrucciones de ser inflexibles y reprimir a los activistas de un movimiento que en algunos aspectos recuerda a la insurgencia de los “chalecos amarillos” en 2018.

Asimismo, se calcula que 100.000 personas participarán en diversas actividades en Francia; la mayoría de ellas son jóvenes y muchos tienen una ideología de izquierdas.

Dentro de las reivindicaciones se encuentran las que tienen que ver con el medio ambiente (la lucha contra los megaembalses, los pesticidas en la agricultura), la igualdad de género y el combate contra la discriminación racial, además del control de los precios del alquiler y la jubilación a los 60 años.

Por otra parte, los activistas exigen la renuncia de Macron, a quien culpan de haber hecho que los patrimonios más altos aumentaran aún más a costa de las clases populares.

El primer día de trabajo de Lecornu coincide con la jornada de protestas, quien fue ministro de Defensa hasta que François Bayrou perdió su cargo en la Asamblea Nacional a comienzos de la semana.

El antiguo integrante del conservador Los Republicanos (LR) tendrá por lo tanto una primera prueba de fuego en las primeras horas de su mandato, dado que el traspaso de poderes con Bayrou se llevará a cabo hoy al mediodía en el palacio de Matignon.

Crisis política alimenta la rebelión ciudadana

La tormenta política desatada el lunes 8 de septiembre, cuando Bayrou perdió estrepitosamente la moción de confianza por 364 votos contra 194, ha encendido la mecha del descontento social. Emmanuel Macron prometió nombrar un nuevo primer ministro “en los próximos días”, pero las organizaciones sociales ya aprovechan el vacío de poder para canalizar su rechazo frontal a las propuestas presupuestarias.

Federico Tarragoni, catedrático de Sociología Política de la Universidad de Caen, explica que el movimiento “tiene una existencia digital y localizada” con la estrategia de crear ondas expansivas mediante bloqueos heterogéneos.

De acuerdo con “Bloquons-Tout”, las convocatorias se multiplican según las regiones, abarcando carreteras principales y puntos neurálgicos. Los manifestantes planean suspender el uso de tarjetas bancarias para presionar entidades financieras, establecer “peajes gratuitos” en autopistas.

El movimiento apunta a centros de producción, abastecimiento, bancos, escuelas y hospitales. Las autoridades advierten sobre posibles “bloqueos violentos e incluso sabotajes” contra infraestructuras críticas: refinerías, depósitos de combustible y estaciones ferroviarias.

Operativo de tolerancia cero

El ministro del Interior ha activado una célula de crisis interministerial y ordenó el despliegue policial desde el martes por la tarde. “No toleraremos excesos ni bloqueos, especialmente de infraestructuras esenciales”, declaró Bruno Retailleau desde la plaza Beauvau.

Las fuerzas de seguridad ocuparán “zonas sensibles” para prevenir violencia y sabotajes. El ministro prometió “interrogatorios sistemáticos” ante daños a edificios públicos, alertando sobre “grupúsculos motivados por el odio policial”.

Aunque el Ministerio del Interior descarta un “movimiento a gran escala”, reconoce que ciertas movilizaciones podrían generar “acciones espectaculares”. La estructura descentralizada busca demostrar capacidad de convocatoria más allá de los círculos activistas habituales.

La inestabilidad gubernamental y las críticas presupuestarias han creado el caldo de cultivo perfecto para la convergencia opositora. Esta jornada del 10 de septiembre se perfila como el termómetro definitivo del malestar social francés, con repercusiones que podrían sacudir los equilibrios políticos europeos en plena crisis económica continental.

Fuente: Telesur