(Jonathan Cook – Rebelión) Mundo – En la práctica ha estado librando una guerra de propaganda en toda regla contra las audiencias occidentales para predisponerlas a apoyar el agresivo y global militarismo de Estados Unidos.

El documental, que se basa en datos descubiertos gracias a consultas recientes del periodista de investigación británico Tom Secker y del académico Matthew Alford de los registros de agencias federales amparados por la Ley de libertad de información, saca a la luz el hecho asombroso de que en las últimas décadas el Pentágono ha sido la mano que ha guiado en la sombra miles de películas y programas de televisión.

Muchas otras películas nunca llegan a proyectarse porque la oficina de enlace de espectáculos del Departamento de Defensa se niega a cooperar al considerar que se fomentan mensajes no adecuados. Las objeciones que presenta el Pentágono (que suelen ser el beso de la muerte) tienen que ver con cualquier sugerencia de incompetencia militar o de crímenes de guerra, de pérdida de control sobre el armamento nuclear, influencia de las compañías petroleras, venta ilegal de armas o tráfico de drogas, uso de armas químicas o biológicas, el hecho de que Estados Unidos fomente golpes de Estado en el extranjero o esté implicado en asesinatos o torturas. De hecho, precisamente aquellas cosas que se sabe que ha hecho el ejército estadounidense.

¿Cómo ejerce tanto control el Departamento de Defensa sobre las producciones cinematográficas? Porque es mucho más probable que los costosos éxitos de taquilla recuperen lo gastado y obtengan beneficios si presentan las armas más nuevas y brillantes. Solo el Pentágono puede proporcionar portaaviones, helicópteros, aviones de combate, pilotos, submarinos, vehículos blindados, extras militares y asesores, pero solo lo hace si le agrada el mensaje.

Como observa un académico en Theaters of War, la propaganda es más eficaz cuando se puede hacer pasar por entretenimiento: “Se está más abierto a incorporar esas ideas porque se han bajado las defensas”.

¿Cuántos espectadores se tomarían en serio una película si estuviera precedida por un logotipo de patrocinio del Departamento de Defensa o de la CIA? Por eso, los contratos del Pentágono suelen especificar que se oculte su papel en una película. Esa es la razón por la que pocas personas saben que el Departamento de Defensa y la CIA han controlado proyectos tan variados como Apollo 13, Jurassic Park y las franquicias de James Bond, las películas de Marvel, Godzilla, Transformers, Meet the Parents [Los padres de ella] y I Am Legend [Soy una leyenda]. O que el ejército participa regularmente en programas de televisión sobre repostería y concursos. Según Theaters of War, la realidad es que muchas películas de Hollywood son poco más que anuncios de las industrias bélicas estadounidenses.

Generar dividendos

Theaters of War concluye que promover el militarismo estadounidense genera dividendos. Significa mayores presupuestos para el Pentágono y sus contratistas, un mayor prestigio, una supervisión y un escrutinio menores, más guerras despilfarradoras y más beneficios.

Donald Baruch, asistente especial del Pentágono para los medios de comunicación audiovisuales, ha señalado que el gobierno estadounidense “no podría comprar el tipo de publicidad que nos dan las películas”. Al lavar la imagen del ejército estadounidense, Hollywood anima no solo al público occidental, sino también al propio Pentágono a creer en su propio despliegue publicitario. Hace que el ejército estadounidense confíe más en sus poderes, sea menos consciente de sus puntos vulnerables y esté más dispuesto a hacer la guerra, aunque sea con los pretextos más endebles.

Con el beneplácito de Hollywood, el Pentágono también define quiénes son los malos. En Top Gun: Maverick el malo es un apenas disimulado Irán que supuestamente trata de fabricar una bomba nuclear encubierta. Otros malos en plantilla son Rusia, China y unos genéricos Estados árabes. La constante deshumanización de los enemigos oficiales y el desprecio por sus preocupaciones facilitan al Pentágono racionalizar unas guerras que sin lugar a dudas provocan muertes y desplazamientos, o imponer unas sanciones que provocan un enorme sufrimiento a sociedades enteras.

Esta cultura beligerante es en parte el motivo de que no haya habido ningún debate público sobre las consecuencias de que Estados Unidos haya entregado a Ucrania miles de millones de dólares en armas para que libre una guerra por intermediación contra Rusia, incluso a riesgo de una conflagración nuclear. Como argumenta convincentemente Theaters of War, la influencia encubierta del Pentágono sobre la cultura popular puede desempeñar un papel decisivo para incrementar el apoyo a guerras polémicas, como la invasión estadounidense de Irak en 2003. Puede suponer la diferencia entre la aprobación y el rechazo del público.

Theaters of War deja al público con una pregunta: ¿qué hubiera podido suceder si el Pentágono no se hubiera inmiscuido en 3.000 películas y programas de televisión para fomentar sus mensajes a favor de la guerra?

Fuente: https://www.jonathan-cook.net/2022-08-04/pentagon-dictates-hollywood-storylines/