Miles de prisioneros dejarán de estar recluidos en aislamiento en California gracias a un histórico acuerdo jurídico anunciado esta semana. El acuerdo surgió de una demanda federal colectiva que alega que la reclusión es aislamiento por tiempo indefinido viola la prohibición establecida por la Constitución contra el castigo cruel e inusual.

(Amy Goodman y Denis Moynihan – Democracy Now!) EEUU – Este grupo de reclusos se llaman a sí mismos el Colectivo del Corredor Corto de la Unidad de Alojamiento Especial de Pelican Bay. Estos hombres han estado sometidos al régimen de aislamiento durante largos períodos de tiempo, algunos de ellos durante más de 20 años, en la Prisión Estatal de Pelican Bay en California, ubicada en el extremo norte de ese estado. Desde sus pequeñas celdas sin ventanas, comenzaron a hablar, a organizarse. En julio de 2011, iniciaron una huelga de hambre en protesta contra las condiciones registradas en la Unidad de Alojamiento Especial (o SHU), el pabellón de reclusión en aislamiento de Pelican Bay. Participaron más de 1.000 reclusos de ese pabellón. Tenían cinco puntos de demanda y, después de tres semanas, las autoridades presentaron una propuesta que los huelguistas consideraron una promesa de buena fe de efectuar una revisión de las políticas de la SHU. Meses después, luego de que no se tomara ninguna medida, iniciaron la huelga de hambre nuevamente. En esa oportunidad participaron más de 12.000 reclusos de toda California e incluso de otros estados.
El Centro para los Derechos Constitucionales, un estudio jurídico de interés público que se centra en derechos humanos, entabló una demanda en representación de todos los reclusos de las cárceles del sistema penitenciario de California acusados de integrar pandillas y, por tanto, enviados a la Unidad de Alojamiento Especial. Mientras la demanda se abría camino por el sistema judicial, se inició una tercera huelga de hambre, en julio de 2013. Participaron más de 60.000 prisioneros. El movimiento iba creciendo.
Afuera, los familiares de los reclusos dieron una gran muestra de apoyo con la conformación del grupo Familias de California contra la Reclusión en Aislamiento. El hijo de Dolores Canales, John Martinez, permanece en aislamiento desde hace catorce años. Participó en todas las huelgas de hambre. Las siguientes son palabras expresadas por su madre en el noticiero “Democracy Now!” “Hubo veces en que me escribió diciendo que no le caben dudas de que la Unidad de Alojamiento Especial de Pelican Bay fue diseñada únicamente para hacer que los hombres se enloquezcan o se suiciden, porque esa es su existencia”.
Al preguntarle acerca de la organización de los familiares, Canales reflexionó: “No estaría aquí en este momento si no fuera por los cientos de familiares que salieron a hablar de la situación… Cada huelga de hambre que hicieron fue durante el verano: julio, agosto, septiembre, los meses calurosos. Aún así, los familiares estuvieron afuera todos los días, vestidos con overoles naranja, con cadenas, esposas o megáfonos para llamar la atención de la sociedad, participando en numerosas mesas de discusión en universidades e iglesias y simplemente organizándose y movilizándose a lo largo y ancho de California, generando conciencia en torno a las condiciones que estaban padeciendo nuestros seres queridos”.
La reclusión en aislamiento prolongada es tortura. El Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Tortura, Juan Mendez, denunció en 2011: “Segregación, aislamiento, separación, reclusión celular, encierro, máxima seguridad, hoyo, Unidad de Alojamiento Especial, cualquiera sea el nombre que reciba, los Estados deberían prohibir la reclusión en aislamiento como forma de castigo”.
Jules Lobel, presidente del Centro para los Derechos Constitucionales y abogado que encabeza el caso, expresó: “Hasta el momento, California ha ubicado a miles de reclusos en aislamiento. Obviamente ello hace que se sientan muy enojados, frustrados, desesperanzados. Todos nuestros muchachos han experimentado esas sensaciones. Además, el confinamiento solitario genera lo que las ciencias sociales llaman muerte social. La gente pierde la capacidad de vincularse con otras personas y tiene muchas dificultades para relacionarse con gente en el mundo normal. Y muchas de estas personas van a salir de prisión. Estamos generando una situación en la que liberamos personas que estaban en régimen de aislamiento y que no pueden tener la capacidad de relacionarse en el mundo exterior”.