Los planes de construcción de viviendas también están en la mira del cerco que Estados Unidos ha tendido alrededor de la isla

(Raúl Menchaca – Cuba bloqueo) Cuba Nadie duda de que la vivienda sea una de las principales preocupaciones actuales de los cubanos. Con una tensa situación en ese renglón, agravada tras el demoledor paso de los huracanes Gustav e Ike, el país hace esfuerzos para adelantar importantes obras como la reparación, remodelación y ampliación de varios hospitales, o la edificación y reparación de casas.
Sin embargo, llevar a feliz término ese empeño se hace mucho más complicado como consecuencia de la red que Estados Unidos ha tendido alrededor del país para entorpecer cuanto programa de desarrollo se intente realizar en la isla.
Entre mayo del pasado año y abril del presente, el plan nacional de viviendas ha tenido pérdidas por 22 millones de dólares al tener que saltar las trabas del bloqueo que impiden el suministro estable de materiales, equipos y piezas de repuesto.
Con esos 22 millones se hubieran podido construir unas tres mil 600 viviendas adicionales o reparar unas siete mil 600.
La empresa comercializadora IMECO, que se encarga de importar materiales y productos de la construcción, ha tenido que comprar en mercados mucho más lejanos y eso le ha ocasionado gastos adicionales superiores a los 15 millones de dólares.
Un buen ejemplo en ese sentido es el Grupo Industria GIMAC, que produce y comercializa productos y servicios para la vivienda.
GIMAC tuvo que gastar 79 mil dólares de más para la compra de 58 contenedores de resinas PVC en mercados más lejanos.
Con ese dinero extra se habrían podido comprar 40 toneladas más de PVC para la producción de 270 kilómetros de tuberías eléctricas que se instalaría en 10 mil casas.
Y ACINOX, la principal productora cubana de cabillas, palanquillas y derivados del acero para la construcción, ha perdido casi siete millones de dólares por no poder entrar al mercado norteamericano y ni poder usar el dólar en sus transacciones comerciales.
Con esos millones se podrían haber producido unos 18 mil 500 apartamentos que beneficiarían a más de 74 mil cubanos.
Pero no basta con entorpecer la construcción de viviendas. Hace apenas unos meses, la firma brasileña Komatsu negó la venta de un importante lote de equipos para las obras de la Autopista Nacional.
La empresa alegó que por ser una subsidiaria de una compañía norteamericano no podía hacer ventas a Cuba, en cumplimiento de las regulaciones extraterritoriales del bloqueo.
Asimismo, una operación comercial para la compra de compactadores Dynapac -equipo de amplia utilidad en la construcción para rellenar o nivelar los terrenos-, no pudo concretarse después de estar concluida, pues el proveedor europeo informó que era imposible suministrarlos.
Para explicar la negativa, el proveedor arguyó que dichos equipos tienen montados motores norteamericanos Cummins, lo que, de acuerdo con el bloqueo, le impide la venta a Cuba.
Pero ni siquiera los damnificados por Gustav e Ike han escapado a la ferocidad del bloqueo. Hace unas semanas, se frustró la compra de paños tecnológicos para la producción de tejas de asbesto-cemento, que serían usadas en la construcción y reparación de las viviendas dañadas por los meteoros.
El proveedor de los paños, la empresa austriaca HUYCK WAGNER, informó ser una subsidiaria del grupo norteamericano Xerium, cuyos directivos prohibieron exportar a Cuba.
Esas trabas aparecieron casi simultáneamente al hipócrita ofrecimiento del gobierno norteamericano de enviar ayuda humanitaria a la isla.
Aunque ciertamente hay otros problemas internos que inciden sobre la construcción de viviendas, todos los obstáculos que nos pone Estados Unidos hacen más difícil la situación pues tienen el objetivo de dejar a los cubanos sin casa.