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El desempleo recrudece la lucha por la vivienda en Brasil

El agravamiento de la crisis de vivienda en Brasil se manifiesta más crudamente después de tres años de crisis económica, que elevó a 13 millones las personas desempleadas, según las estadísticas oficiales.

(Mario Osava – IPS) Brasil - En dos semanas se juntaron cerca de 7.000 familias, atraídas por el sueño de una vivienda propia a un costo adecuado a sus ingresos, en la llamada Ocupación Pueblo sin Miedo”, iniciada la noche del 1 de septiembre por el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) en la sureña ciudad de São Bernardo do Campo.

El MTST, un movimiento nacional creado en 1997 bajo inspiración del emblemático Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), protagoniza actualmente 33 ocupaciones en 14 de los 26 estados brasileños, apuntó el coordinador en São Bernardo do Campo.

Los triunfos en muchas ocasiones multiplicaron sus activistas y su capacidad de movilización, principalmente en la Región Metropolitana de São Paulo, que engloba una población de 21,4 millones, de los 208 millones que tiene Brasil.

“Adherí como todos, participé en la ‘Ocupación Rosa de Luxemburgo’, desatada el año pasado en Santo André (colindante a São Bernardo), donde conseguimos negociar el terreno con el propietario y esperamos financiamiento para la construcción de viviendas” para más de 4.000 familias, contó Carvalho, de 30 años, desempleado y con una hija de siete meses.

“Las victorias alientan a luchar por los derechos, tenemos fe en triunfar aquí también”, afirmó Eliane Oliveira da Silva, de 24 años, cocinera y también desempleada, activa en la coordinación del movimiento, mientras amamanta su hija en la tienda central de la Ocupación Pueblo sin Miedo.

El campamento no es un lugar de permanencia. Pocos duermen allí, pero es importante la presencia de los que puedan para asegurar la ocupación.

La mayoría sigue habitando en viviendas precarias, en locales de alto riesgo o ya no pueden pagar el alquiler, explicó el coordinador Carvalho. “Buscan un hogar decente y viable”, añadió.

“Huir del alquiler” es la meta común de los amigos José Giovanni Moreira, de 40 años, y Artur Chaves, de 41, cada uno con dos hijos, trabajadores de la construcción y participantes de la “Ocupación” desde el primer día.

Moreira, originario de la región del Nordeste, de donde migró porque la sequía y la precariedad del empleo le amargaban la vida. “Gano 1.200 reales (380 dólares) neto, si pago la mitad de alquiler, ¿cómo alimentar mis hijos?”, lamentó.

Helio da Conceição dos Santos, albañil de 25 años, coordina el G12, donde dos personas fueron heridas por disparos realizados desde uno de los edificios vecinos, cuyos sus residentes han protestado contra la “invasión”, incluso con una manifestación.

Los disparos fueron con una escopeta de aire comprimido, pero uno de los heridos tuvo que ser hospitalizado para sacarle numerosos balines de un brazo. La agresión ocurrió el 16 de septiembre en la tarde, cuando los acampados construían el baño colectivo del G12.

Déficit habitacional contra viviendas vacías

São Bernardo do Campo fue en décadas pasadas una próspera ciudad, como capital de la industria automovilística en Brasil desde los años 50. Atrajo muchos migrantes que buscaban empleo. Sus 26.262 habitantes en 1950 se multiplicaron por 29, alcanzando 765.463 en 2010, según los censos oficiales.

Sus tierras urbanas, antes disponibles en abundancia, fueron en buena parte ocupadas por barrios precarios y hacinados, las “favelas”, más identificables en el paisaje urbano de Río de Janeiro.

Pero la carencia y la precariedad de viviendas son visibles en toda la Región Metropolitana de São Paulo, de la que São Bernardo forma parte, y en casi todas las grandes ciudades brasileñas.

“El déficit habitacional en Brasil, estimado en seis millones de unidades, no es por falta de producción de viviendas, ya que tenemos cerca de 5,5 millones de inmuebles sin uso. El problema es de ingresos”, señaló Marcos Campagnone, secretario adjunto de Urbanismo en la Prefectura de São Paulo, con 11 millones de personas.

Ese déficit habitacional se traduce en que unos 26 millones de brasileños carecen de vivienda, calculando un promedio familiar de cuatro personas, en torno a 13 por ciento de la población total.

“Ochenta por ciento del déficit en el estado de São Paulo, que es de 1,1 millones de viviendas, se debe a los que ganan menos de tres salarios mínimos”, cerca de 900 dólares, completó.

Por ende, solo mediante programas especiales de subsidio se podrá reducir la carencia habitacional, sin necesidad de aumentar la oferta, sentenció.

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