Los países del continente africano buscan unir fuerzas para conseguir mayor financiación frente a la crisis climática. Sin embargo, medio millar de organizaciones sociales alerta de la influencia y el control de la cumbre por parte de intereses prooccidentales en detrimento de África.
(Pablo Rivas – El Salto) África – Por primera vez los líderes países africanos, así como de sus instituciones económicas, se han reunido para tratar la crisis climática a escala regional. El encuentro, que tiene la capital keniata como epicentro, tendrá lugar entre el 4 y el 8 de septiembre y ha sido auspiciado por la Unión Africana.
El objetivo de fondo es que las 54 naciones del continente tengan una posición común ante la crisis de cara a la próxima Cumbre del Clima de las Naciones Unidas, COP28. África es la región del mundo que menos ha contribuido a crear el cambio climático, sin embargo, es una de las que más se está viendo afectada por sus efectos. En palabras del presidente anfitrión durante el discurso inaugural del encuentro, el presidente keniano, William Ruto, “la huella de carbono africana sigue siendo pequeña, pero el peaje humano que produce el cambio climático es desproporcionadamente alto”.
La pobreza que afecta a gran parte de su población, así como la incapacidad de los Estados para hacer frente a la crisis ante la falta de recursos, hace que los impactos vayan a ser más duros que en otras partes del mundo, por lo que la financiación es la clave del debate. “La urgencia de abordar las pérdidas y los daños, y de configurar mecanismos financieros adecuados para la resiliencia, crece con cada evento climático extremo”, apuntaba Ruto en el discurso inaugural.
Daños, pérdidas y adaptación
La COP27 de tuvo un avance en lo respectivo a la financiación para las pérdidas y daños en los países con menos recursos. Su texto final consiguió salvar un acuerdo in extremis por el que la comunidad internacional reconoce la necesidad de crear un fondo a tal respecto para las naciones más vulnerables. Sin embargo, las dificultades para alcanzar un acuerdo supusieron que su concreción aún no esté sobre la mesa y deba ser desarrollado y ampliado en la próxima COP28. Tal como denunciaban desde Ecologistas en Acción tras finalizar la última cumbre del clima de Sharm el-Sheij, “la polarización y lentitud de las discusiones ha impedido el avance en la metodología y en el diseño de próximos pasos para su puesta en marcha rápida”.
Donde no hubo acuerdo fue en otra de las reivindicaciones que han lanzado las naciones africanas: la financiación para la adaptación. La falta de cifras concretas para tener un Fondo Verde para el Clima realista fue uno de los fracasos de una cumbre en la que las organizaciones sociales denunciaron una amplia y creciente participación e influencia de las multinacionales más responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero actuales.
No obstante, es en este punto donde la presidencia keniana está poniendo el foco en la cumbre africana, apostando por la inversión en la transición energética y en mecanismos polémicos, como los mercados voluntarios de carbono, inversiones que permiten a países y empresas contaminantes “compensar” sus emisiones por créditos o bonos. “Debemos ver el crecimiento verde no solo como un imperativo climático sino también como una fuente de oportunidades económicas multimillonarias que África y el mundo están preparados para capitalizar”, declaraba Ruto.
Exigencia de cambio de rumbo
El respaldo de este enfoque por parte de la presidencia de la cumbre africana, junto a anuncios como los de Emiratos Árabes Unidos, que pretende apoyar la Iniciativa de Mercados de Carbono de África (ACMI) aportando 450 millones de dólares para los mercados de carbono africanos, ha llevado a organizaciones de la sociedad civil a poner el grito en el cielo ante el rumbo que está tomando la cumbre.
En una carta dirigida a Ruta, quien es presidente del Comité de Jefes de Estado y de Gobierno de África sobre el Cambio Climático (CAHOSCC), más de 500 organizaciones de la sociedad civil, señalan que “en lugar de promover los intereses y la posición de África sobre cuestiones climáticas críticas, la cumbre ha sido aprovechada por gobiernos occidentales, empresas consultoras y organizaciones filantrópicas empeñadas en impulsar una agenda e intereses prooccidentales a expensas de África”.
En concreto, los colectivos denuncian la especial influencia en el encuentro de la consultora estadounidense McKinsey and Company, la más grande de las llamadas Big Three, las multinacionales consultoras de gestión más importantes del mundo. A juicio de de las organizaciones, el documento de concepto emitido para la cumbre por esta empresa —integrada en la organización de la misma— está guiando el enfoque de toda el encuento mientras “refleja los intereses de Estados Unidos, McKinsey y las corporaciones occidentales que representan”.
Asimismo, denuncian que organizaciones con sede en EE UU como el Instituto de Recursos Mundiales, así como a algunas organizaciones africanas que promueven la agenda occidental, se les ha asignado un papel “desproporcionadamente enorme en la organización del evento”. Como resultado, “la agenda de la Cumbre pone en primer plano la posición y los intereses de Occidente, es decir, los mercados de carbono, el secuestro de carbono y los enfoques ‘climáticamente positivos’”.




