La tensión crece a medida que se acerca el domingo 6 de diciembre. Las elecciones a diputados y diputadas de la Asamblea Nacional en Venezuela va ganando lugar en las agendas de los medios de todo el mundo y en las discusiones de las calles de todo el país. Es que este domingo hay muchas cosas en juego, no solo las 167 bancas, sino el destino de la revolución bolivariana y seguramente el margen de acción de las luchas y resistencias populares de los próximos años.
(Martín Villarroel Borgna – zur.org) Venezuela – El proceso que inició el compañero Chávez hace diecisiete años y que busca la construcción del socialismo del siglo XXI sigue avanzando, tal vez no al ritmo que le quieren imponer las organizaciones del campo popular, ni de la manera que imaginó el comandante, pero avanza. El propósito de destruir el Estado Burgués, de parir una nueva institucionalidad desde las bases del pueblo, de transformar la democracia representativa en una verdadera democracia popular, protagónica y participativa, la idea de generar espacios de autogobierno en las Comunas, que los vicios del capital den paso a relaciones basadas en otros valores, es un proceso lógicamente incipiente, desparejo y sumamente complejo.
Es indudable la transformación en lo material y en lo simbólico en el pueblo venezolano. La real y profunda distribución de la riqueza se traduce en la calidad de vida de cada venezolana y venezolano. La nacionalización de las reservas de petróleo, gas y de las principales empresas productivas del país, los inmensos pasos dados en infraestructura, vivienda, salud, educación, la reforma modelo de la constitución y la obstinada vocación de integración regional son sólo algunos puntos visibles y tangibles de una enorme lista de avances de la revolución bolivariana. “Chávez nos hizo perder el miedo, ya no nos vamos a volver a callar nunca más” nos decía una comunera. Los niveles de conciencia y politización en las mayorías, tal vez menos visibles pero tanto o más profundos, nos permiten estar parados en un lugar único en el mundo.
De todas maneras, no podemos desconocer que el proceso está viviendo momentos sumamente difíciles. Podemos hablar de la imposición del caos y la crisis en elementos como el desabastecimiento de productos básicos, la inflación exorbitante y la guerra económica orquestados por los grupos empresarios de derecha; la presión mediática internacional, con campañas sucias, sobre todo de los EUA, Colombia y España; la violencia constante financiada por el imperialismo, el paramilitarismo, los atentados y asesinatos selectivos contra los dirigentes y militantes, junto a la corrupción y burocracia interna de sectores de la dirigencia chavista, y la incapacidad del gobierno de hacer frente a las embestidas del capital, generan una terrible arrechera social y hacen peligrar la hegemonía en la asamblea. Y la idea de un posible referéndum destituyente contra Maduro el año que viene suenan cada vez fuerte.
La urgencia por profundizar
Las organizaciones del campo popular venezolano hablan de la necesidad de sostener la Asamblea Nacional en manos del chavismo, no solo para profundizar las medidas e incluir una agenda legislativa popular, sino para poder seguir aprovechando el “paréntesis” que la revolución bolivariana les permite para la construcción de alternativas superadoras al capitalismo, y que vayan construyendo esas nuevas experiencias de autogobierno y autogestión popular. Pero la sensación es que es una carrera contrarreloj.
Si bien muchas organizaciones han aprovechado ese paréntesis para construir una base sumamente sólida y han avanzado en el desarrollo de las comunas, la presencia paternal del Estado es aun imprescindible para el desarrollo de esos procesos. Son muy pocas las experiencias que son capaces de sostenerse ante un posible escenario adverso.
Todos los ojos de Nuestra América están sobre Venezuela y su bravo pueblo. La tarea sigue siendo la conquista de la segunda y definitiva independencia, la construcción de las comunas y el socialismo del siglo veintiuno. En ese sentido es trascendental el valor de todo aquel que se vio interpelado por el proyecto chavista, que hoy es incapaz de retroceder, de relegar las conquistas populares y que es incapaz de conformarse con este sueño inacabado. Una vez más, las esperanzas están depositadas abajo, en el corazón chavista de cada venezolana y cada venezolano. Como nos dijo el comandante: Viviremos y Venceremos.




