El calentamiento global agrava los riesgos de un fenómeno climático extremo. UNICEF advierte que 25,8 millones de niños de América Latina y el Caribe están expuestos a sequías e inundaciones. Detrás de la emergencia climática, una economía organizada para garantizar las ganancias y no las necesidades humanas. Por Adrián Flores para Red Eco Alternativo
(Adrián Flores para Red Eco) – El mundo se encamina hacia un episodio de El Niño potencialmente histórico. El 10 de septiembre, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó en más del 90% la probabilidad de un fenómeno muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027. Sus efectos podrían extender las sequías, las inundaciones y las pérdidas agrícolas en distintas regiones del planeta.
Fuente: NOAA (https://cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/enso_advisory/ensodisc.shtml)
El problema no es solamente climático: es profundamente social. El calentamiento global, provocado principalmente por las emisiones derivadas de la actividad humana, agrava los riesgos sobre los que actúa El Niño. Pero sus consecuencias no golpean a todos por igual. Mientras los grandes capitales cuentan con recursos para proteger sus negocios, millones de trabajadores, campesinos y comunidades vulnerables quedan expuestos a la pérdida de sus viviendas, sus cosechas y sus fuentes de ingresos.
Las cifras son alarmantes. Según UNICEF, 25,8 millones de niños de América Latina y el Caribe —uno de cada siete— viven en zonas expuestas a sequías e inundaciones asociadas con El Niño. El organismo advirtió sobre los riesgos para la alimentación, el acceso al agua potable, la salud y la educación. Además, de los 53,8 millones de dólares solicitados para prepararse y responder a emergencias en la región durante 2026, el 55% seguía sin financiación al cierre de junio.
Fuente: UNICEF, 28 de septiembre de 2026
La amenaza se extiende al hambre mundial. El Programa Mundial de Alimentos estima que El Niño podría empujar a otros 49 millones de personas hacia la inseguridad alimentaria aguda, elevando de 225 a 274 millones el total de personas afectadas en los países analizados. La pérdida de cosechas, el encarecimiento de los alimentos y los elevados costos de producción pueden convertir una alteración climática en una catástrofe alimentaria. “Fuente: PMA” (https://www.wfp.org/stories/what-el-nino-how-it-affects-hunger-and-how-wfp-responds)
Pero el hambre no es una consecuencia inevitable de la naturaleza. Es también el resultado de un sistema que convierte los alimentos en mercancías, subordina la producción a la rentabilidad y condena a millones de personas a no poder comprar aquello que necesitan para vivir. El capitalismo destruye ecosistemas, impulsa la explotación intensiva de los recursos naturales y traslada sus costos a las mayorías populares.
Frente a esta barbarie, no alcanza con declaraciones ambientales ni con medidas de emergencia insuficientes. Se necesitan inversiones públicas, prevención, protección de los pequeños productores y garantías de acceso al agua, la vivienda y la alimentación. Eso exige enfrentar los intereses económicos que subordinan la vida a la ganancia.
El súper El Niño expone una contradicción central de nuestra época: la humanidad posee los conocimientos y la capacidad productiva para garantizar una vida digna, pero el capitalismo convierte esa posibilidad en privilegio. La lucha contra la catástrofe climática es inseparable de la lucha de clases y de la reorganización socialista de la economía al servicio de las necesidades humanas.




