“La reanudación de la producción de uranio en Brasil”. La frase fue estampada en el banner al fondo de la ceremonia, en la ciudad bahiana de Caetité. Allí, la población tiene tasas de cáncer superiores a las del resto de Brasil.
(Gabriela Moncau – Brasil de Fato) Brasil – La historia de la región evidencia que los daños a la salud y la contaminación radiactiva del suelo y el agua son inherentes al proceso de extracción de uranio. Sin embargo, estos temas no se mencionan en la ceremonia.
En el escenario, once hombres blancos, entre ellos el ministro de Minas y Energía, Bento Albuquerque; el alcalde de Caetité, Valtécio Aguiar; y el presidente de la estatal Industrias Nucleares de Brasil (INB), Carlos Freire. Después de que una mujer negra, representante de los funcionarios de INB, canta el himno nacional, todos presionan un botón juntos. Se escucha una sirena. Cerca, en una zona deforestada y excavada, se detonan explosivos. Aplausos.
El evento hizo del primer día de diciembre 2020 la fecha en que la extracción de uranio se reanudó en el país, en el marco de un plan billonario del gobierno federal de inversión en energía nuclear, con miras a la construcción de ocho nuevas plantas para el año 2050 con las asociaciones público privadas.
“Esta reanudación representa el firme compromiso del presidente Bolsonaro de transformar los recursos nacionales en riqueza”, dijo el ministro Bento Albuquerque. La región donde estaba parado el ministro y cuyos recursos naturales son de interés para el gobierno federal incluye los municipios de Caetité, Lagoa Real y Livramento de Nossa Senhora, en el suroeste de Bahía.
Las comunidades que allí habitan -incluidos 15 quilombos (comunidades descendientes de los focos de resistencia negra en el período colonial), entre ellos Passagem de Areia, Cangalha, Riacho da Vaca, Contendas y Pau Ferro- saben muy bien lo que significa la minería en la región.
La Unidad de Concentración de Uranio (URA) de la INB ya realizó la extracción y procesamiento de este mineral allí entre 2000 y 2015. El regreso de la minería, ahora en una nueva área, la Mina do Engenho, se produce después de solo cinco años de interrupción.
El mineral extraído en Caetité -en la unidad de INB que ocupa 1.700 hectáreas- sirve como combustible para las centrales nucleares de Angra dos Reis (Rio de Janeiro). Con la sexta reserva de uranio más grande del mundo, el país descubrió anomalías de uranio en la década de 1970 en esta región de la Serra Geral, que integra las cuencas hidrográficas del Río de Contas y el Río São Francisco.
En una entrevista concedida a la Asociación Brasileña de Energía Nuclear, el director de Recursos Minerales de INB, Rogério Mendes Carvalho, anunció que la meta es que en Caetité, para 2027, se produzcan 800 toneladas de concentración de uranio por año.
La Mina do Engenho, según Carvalho, “tendrá una vida de 16 años”: “Es evidente que, para un aumento en la escala de producción, necesitaremos abrir, en 30 años, otras 13 minas nuevas”.
A juicio de Camila Mandrek, del Movimiento por la Soberanía Popular en Minería (MAM), la decisión del gobierno de Bolsonaro de priorizar este modelo energético tiene “el protagonismo de los sectores conservadores de las Fuerzas Armadas, que históricamente mantienen al proyecto nuclear brasileño en una ‘caja negra’ y están alineados con los intereses estratégicos de Estados Unidos en el contexto de las disputas geopolíticas con China”.
Caetité es, por lo tanto, -con su pasado, presente y expectativas diseñadas por el gobierno federal para su futuro- un retrato exacto de lo que es, con los consecuentes impactos, una implementación práctica y territorial del Plan Nacional de Energía 2050 (PNE).
Entre 2000 y 2015, mientras estuvo activa la Mina Cachoeira, se extrajeron 3.750 toneladas de uranio. Por un lado, las actividades de INB marcan la historia de la región con la generación de puestos de trabajo, en su mayoría subcontratados y mal remunerados. Por otro lado, se acumulan denuncias por fugas de material radiactivo, accidentes, contaminación del suelo y aguas subterráneas, enfermedad de la población y falta de transparencia.
Huella radiactiva
Entre los más de diez accidentes por desborde de licor de uranio, ácido sulfúrico y aceite combustible en las instalaciones de INB en Caetité, destaca el momento en que, pocos meses después de la inauguración de la Mina Cachoeira, se filtraron cinco millones de litros de uranio al medio ambiente.
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