Los jueces del Tribunal Criminal nº 2 de San Martín resolvieron, por unanimidad, absolver al teniente de la policía bonaerense, Gastón Alberto Carrizo, que mató el 16 de abril de 2008 a Gustavo Mareco de un tiro en la frente.
Según relataron sus familiares y amigos, Gustavo jugaba con un celular que dijo que había encontrado, cuando empezó a recibir llamados de alguien que le ofrecía dinero si lo devolvía. Quien lo llamaba era el teniente Carrizo, cuñado del dueño del teléfono, a quien se lo habían robado un rato antes en la estación de Adolfo Sourdeaux. Tentado por la plata que le ofrecían, Gustavo aceptó encontrarse con su interlocutor en un descampado cerca de las vías del Belgrano, a unos cincuenta metros de su casa.
Gustavo fue al lugar, caminando sobre el terraplén de la vía, a unos metros lo seguía su amiga Gisella, de su misma edad. A unos diez metros, desde abajo del terraplén, miraba el hermano de Gisella, de 14 años. Los tres jóvenes estaban desarmados.
Desde su casilla de madera, construida prácticamente sobre la vía, escuchaba la conversación un matrimonio vecino. Oyeron las voces de Gustavo y su amiga, y la de un hombre que hablaba por el Nextel. Después, silencio. Y enseguida, tres tiros. Uno que pegó en la cabeza de Gustavo, que cayó muerto con el celular en su mano.
Dos que hicieron correr a la nena por su vida, hasta que se refugió en la casa de una vecina. Enseguida, los vecinos que salieron a ver qué pasaba, los gritos desesperados de Viviana, la mamá de Gustavo, su prima y sus amigos.
El policía, en cambio, dijo que fue al lugar porque tenía miedo, porque a su cuñado le habían robado el DNI y los que lo llamaron por el celular le dijeron que iban a ir a la casa de la suegra si no les llevaba plata al puente de la vía. Dijo que, al llegar, había una persona sobre el puente, y varias más parapetadas, armadas, que lo apuntaron con revólveres. Dijo que se asustó, disparó un tiro y se fue corriendo. Dijo que no supo que había matado a alguien hasta que se entregó, varias horas después, en la DDI de San Isidro, su lugar de trabajo. No explicó cómo pudo hacer Gustavo para saber que él era el cuñado de la víctima del robo, cómo eligió su teléfono entre tantos que había en la memoria del aparato, quiénes eran los “agazapados” francotiradores ni por qué tardó más de tres horas en ir a una comisaría diferente de la de Los Polvorines.
Fuente: Correpi