El 25 de diciembre pasado, un joven fue atacado por gendarmes y vigilantes privados en la estación del ferrocarril en Temperley al presenciar la golpiza que le estaban propinando a otro muchacho.
Lautaro, de 20 años, volvía de la cena familiar de Nochebuena y se dirigía a casa de un amigo cuando al pasar por las vías del tren, en Temperley, vio a un joven enredado en los alambres y sangrando. A su alrededor había un grupo de personas. Se acercó, y vio que eran gendarmes que estaban golpeando al muchacho, mientras le gritaban. Por lo que el chico escuchó, lo castigaban por haber hecho un graffiti en un muro del andén. Ni bien vieron al estudiante, sin mediar una palabra, se abalanzaron sobre él y también lo apalearon, con la ayuda de un par de vigilantes privados del tren.
La agresión duró alrededor de 10 minutos, y lo dejaron tirado en el piso. Cuando el joven llegó a la comisaría, que queda a unos 200 metros de la estación, identificó a uno de sus agresores yendo y viniendo dentro de la dependencia. Al día siguiente, su madre fue a la estación del ferrocarril para pedir explicaciones y los nombres de los atacantes de su hijo. Obviamente la ignoraron y con un trato prepotente la mandaron a escribir al libro de quejas. Los abogados de CORREPI patrocinarán la denuncia judicial ante este nuevo caso de violencia institucional.