A pesar de los esfuerzos de la administración para reprimir a los disidentes con amenazas de sanciones disciplinarias, los estudiantes de la New School, Manhattan, continúan organizándose y creciendo.
(Barucha Calamity Peller – Sin Permiso) EEUU – Cuando el viernes 10 de Abril, en Manhattan, llegaron los servicios de seguridad de la escuela, los cuatro pisos de la New School habían sido tomados con barricadas por los estudiantes que estaban dentro. Una gran bandera aparecía colgando del tejado: “La New School está siendo reocupada”.
Aunque apenas duró cuatro horas antes de ser brutalmente desalojada por la NYPD [el departamento de policía de la ciudad de Nueva York], la valiente ocupación ha servido para seguir radicalizando las posiciones del joven movimiento estudiantil neoyorkino. Pero, lo que es más importante, las políticas que han ganado apoyo interno en las recientes ocupaciones de las universidades de la ciudad de Nueva York desafían las soluciones reformistas a “asuntos” atomizados y, ahora más que nunca, no se centran ya únicamente en exigencias puramente estudiantiles, sino que van más allá. Los estudiantes proponen la acción directa, y más concretamente, la ocupación como respuesta natural a la crisis financiera y con una clara orientación crítica anticapitalista.
“Los problemas de la New School son sintomáticos de la crisis económica más amplia en la que vivimos, la crisis que se enfrenta con recortes de servicios, ejecuciones hipotecarias, rescates bancarios, desempleo masivo y despidos”, dijo un estudiante. “Nosotros rechazamos estas falsas soluciones. Luchar verdaderamente contra la crisis significa tomar los espacios en los que vivimos y trabajamos y apropiárnoslos. Esto es lo que hacemos”.
Una resistencia creciente a la mercantilización
Una de sus exigencias era la dimisión del rector Bob Kerrey y del vicerrector James Murtha, así como la del gerente económico del Consejo de administradores, James B. Millard.
Los estudiantes citaron la falta de transparencia financiera y la centralización política como agravios principales respecto a la New School. Según ellos, Kerrey está convirtiendo la escuela en una entidad corporativa que no tiene en cuenta a los estudiantes ni a las necesidades de la facultad.
Los propios administradores son personajes dudosos. Kerrey, un antiguo senador por Nebraska, es considerado un criminal de guerra por haber llevado a cabo una matanza de civiles desarmados en una aldea en sus años de servicio como suboficial en Vietnam.
En una absurda reacción a la ocupación, Kerrey llegó incluso a comparar a los estudiantes con Al-Qaida diciendo, “Algunos de nosotros todavía recordamos el 11 de septiembre aquí cerca”. Kerrey, que en un determinado momento llamó “clientes” a sus estudiantes, pasaba ahora a llamar “terroristas” a los estudiantes ocupantes.
A última hora de la mañana, los ocupantes intentaron abandonar el edificio por una puerta lateral. Cuando la puerta se abrió, entró la policía, arrojó sin mayores contemplaciones spray de pimienta sobre los estudiantes y les atrancó la puerta, impidiéndoles retirarse pacíficamente de la ocupación.
La ocupación terminó cuando patrullas de policía reventaron la puerta principal.
Puesto que la ocupación de diciembre se inspira en buena medida en la insurrección de Grecia y en la ola de ocupaciones que allí ocurrieron, los estudiantes de Nueva York continúan relacionando sus experiencias con otros actores, específicamente en Europa.
Estudiantes de facultades y universidades de toda la ciudad han apoyado las manifestaciones de la New School y están planeando acciones en sus propios centros.



