“Dimos los primeros pasos para poder tener la Universidad aquí adentro, dando clases, formando profesionales  y que de acá salgan personas verdaderamente preparadas para vivir con dignidad”, expresó Daniel Lezcano, de 27 años, integrante del grupo Yajá Porá, privado de su libertad desde hace siete años y con condena de prisión perpetua.
“Conseguimos un espacio importante dentro del establecimiento para uso de estudios superiores, tenemos el lugar, tenemos el compromiso del Superior Tribunal de Justicia para la refacción del espacio. Este es un grandísimo logro ya que en la Unidad Penal solo hay estudios a nivel secundario, allí estoy cursando el último año, pero no había y nivel terciario ni universitario”, afirmó Lezcano en una carta publicada por la Agencia para la Libertad .

El Colectivo Solidario en Contextos de Encierro Yajá Porá se conformó en 2012, en la Unidad Penal  1 (cárcel de condenados de Corrientes), con el  fin de juntar a internos y personas en libertad para dar inicio a trabajos solidarios, educativos, culturales y recreativos. “Y no solamente para personas en contexto de encierro, sino también para personas que están más allá de las murallas de donde nosotros estamos viviendo”, dijo Daniel.
Además, afirmó que este trabajo ya ha logrado traspasar los muros del encierro: “nuestro esfuerzo está empezando a dar frutos. En el momento no somos muchos, pero tampoco pocos. Lo importante es que los que estamos, formamos un grupo compacto y seguro de lo que hacemos y queremos. Con el pasar del tiempo el vaso que tenía que llenar Yajá Porá empezó a rebalsar, y así nos hicimos conocer más, se sumaron más sujetos al grupo, profesionales que nos dan todo su apoyo y trabajan a la par nuestra. Ahora Yajá Porá se va extendiendo en la sociedad, nos están conociendo más. Eso es bueno porque la gente se da cuenta que no todos los que estamos en este lugar estamos perdidos, solamente hay veces que se tiene que tocar fondo”, agregó.
“Creemos que esta es una de las pocas cárceles donde no tenemos hasta ahora la oportunidad de poder formarnos en una carrera universitaria, para que al recuperar la libertad podamos vivir dignamente como cualquier otro ser humano que no haya tenido la desafortunada suerte de estar en un lugar como este. La expectativa que se vive, se siente desde el grupo y de muchos otros internos que tienen muchas ganas de superarse en la vida, es muy grande. No pensamos que el proyecto sea ambicioso sino un derecho y una oportunidad que nos merecemos”.