Se trata de más de 417 presas que desde hace cuatro días no salen a trabajar a los talleres ni reciben la comida del penal. Lo hacen para denunciar represión intramuros que sufren, y la violencia contra sus familiares.
Dos de las detenidas, Gabriela Roldán y Belén Peralta, fueron apaleadas por penitenciarios y sin recibir atención médica fueron enviadas “a los tubos” (celda de castigo), según informó una compañera anónima.
A su vez, los familiares son sometidos a requisas humillantes, incluidos los chicos. Así, se hizo más intenso el ensañamiento que, por ejemplo, no deja entrar la mercadería, luego de largos y costosos viajes, y cambian las reglas permanentemente, diciéndoles por ejemplo: “hoy entran tres jugos” pero mañana “solo uno”. Esta fruta no, esta verdura sí, pero mañana será al revés.
Fuente: Agencia Rodolfo Walsh



