Contra todo pronóstico, incluidos los propios de algunos analistas serios del PSUV y del movimiento bolivariano, la derecha recibió una paliza tan inesperada como dolorosa. Las causas, a pesar de lo que indica el sentido común, no nacieron con las medidas radicales del mes de noviembre contra la especulación, aunque estas fueron como el catalizador de un estado de conciencia electoral dentro y fuera del chavismo. Mucha gente común, chavista y de la otra, siente que en los últimos 9 meses se ha conformado un nuevo gobierno, nacido con la debilidad inevitable dejada por la muerte del líder, pero con una virtud: supo dar continuidad a las reformas sociales progresivas que caracterizan al chavismo. Por Modesto Emilio Guerrero
(Modesto Emilio Guerrero – Especial para red Eco) Venezuela – La cara inversa de la victoria chavista es la derrota de Capriles Radonski, la figura central de la derecha electoral venezolana desde febrero de 2012 y el conductor asumido de la campaña de la MUD para el 8 de diciembre.
Como señala el diplomático venezolano, Arévalo Méndez Romero, “Resulta ser que el deslegitimado no fue el gobernante (Maduro) sino el opositor aspirante (Capriles)”.
Efectivamente, La ratificación de Antonio Ledezma, un hombre de la centroderecha, al frente de la Alcaldía Metropolitana de Caracas y la ratificación del exchavista Henry Falcón en el Estado Lara, el tercero más poblado, convierte a ambos líderes en los nuevos referentes de la derecha venezolana.
Bajo el liderazgo de Capriles la oposición ha sufrido 4 derrotas seguidas en apenas 15 meses de reinado. Ya se huelen los vapores de una lucha a cuchillo entre Primero Justicia, liderada por el diputado preferido de la CNN, Julio Borges, Leopoldo López el joven amiguito de Uribe Vélez, Antonio Ledezma, viejo cuadro adeco, y María Corina Machado, la asidua visitante del edificio situado en Langley, Virginia. Todos van por la sucesión de Capriles.
Una primera conclusión en un análisis que trascienda la estadística electoral, señala que la gobernabilidad de Nicolás Maduro, nacida débil, muy débil, ha logrado superarse a sí misma con una victoria política que deja atrás por lo menos dos sombras amenazantes.
Una, que sin Chávez el chavismo desparecía. La otra sombra es más espesa. Ellos apostaron al caos como estrategia, en el mismo sentido al que inició el desbaratamiento del gobierno de Salvador Allende. La suma de una alta inflación con devaluación dislocadora, desabastecimiento provocado y especulación desquiciante del salario familiar, además de apagones y el asesinato de 21 jóvenes militantes bolivarianos entre abril y octubre, sería suficiente para desentusiasmar la campaña, crear miedo, desazón y congelar cientos de miles de votos chavistas. Resultó lo opuesto. La acción gubernamental se sobrepuso al trauma del comienzo sin Chávez, contuvo y doblegó la asonada violenta de abril, asumió la ansiada batalla contra la corrupción, se apoyó en el poder popular para buscar la fórmula de un Estado Comunal, y en noviembre adoptó medidas radicales contra los especuladores comerciales y estafadores dolarizados.
Los datos del triunfo y el riesgo del triunfalismo
El primer dato relevante de los resultados no son los resultados, sino la participación popular en los comicios. Alcanzó al 58,92% del total del padrón electoral en un país donde el voto es constitucionalmente voluntario. Fue superada la racha de abstención previa que en algunos casos superaron el 60% del padrón.
El Gran Polo Patriótico, nombre de la alianza del PSUV con otros movimientos bolivarianos, logró el 76 % de las alcaldías: 255 de las 335 disputadas. El PSUV se bastó a sí mismo para obtener medio millón de votos más que toda la MUD, compuesta por 12 fracciones de la burguesía opositora. El chavismo ganó en el 63 % de las capitales estatales y en 30 ciudades, o sea, el 75 % entre las 40 más pobladas del país.
El chavismo ganó con un millón de votos de diferencia sobre la MUD, sumando el medio millón (5,5%) aportado por los partidos y movimientos bolivarianos aliados al PSUV en el Gran Polo Patriótico. La suma significó 6.332.716 de votantes a favor del chavismo. Esta suma se acercó al récord histórico obtenido en las presidenciales de 2006 y se emparentó con lo alcanzado el año 2012.
La alianza socialista alcanzó el 55 % de los votos nacionales contra 45% de la derecha. Son 10 puntos netos de ventaja, suficiente para sepultar el 1,8 obtenido en las presidenciales.
Uno de los datos mejor guardados es que el chavismo ganó 15 de las 21 alcaldías del Estado Miranda, gobernada por Capriles Radonski. Esa nueva relación de fuerzas institucional abre la posibilidad de un proceso revocatorio al Gobernador a mitad de su mandato.
En el Estado Aragua, un bastión tradicional del movimiento bolivariano, tan céntrico como industrial, el Gran Polo Patriótico ganó 15 de las 18 alcaldías, dejando a la derecha arrinconada donde más había sumado cuadros en el último tiempo. Cerca de Aragua, en el estado Cojedes el chavismo ganó los 9 municipios, o sea, todos. Esa misma señal se verifica en el mapa de las 12 ciudades medianas, con poblaciones que van de las 100 mil a las 200 mil personas. En ellas, los bolivarianos ganaron 11 alcaldías, la derecha ganó solo 1.



