Por Colectivo Diciembre| Córdoba.- Después de una semana de búsqueda, recorridas por comisarías, pedidos públicos y movilizaciones en la ciudad, este sábado al mediodía encontraron el cuerpo sin vida de Agostina Vega, de 14 años, en un descampado de barrio Ampliación Ferreyra, en el sudeste de Córdoba.
La causa se caratula como homicidio. No como femicidio.

Mientras el movimiento feminista lleva más de una década exigiendo que el Estado nombre los crímenes por lo que son, el fiscal Raúl Garzón elige callar. La conferencia de prensa que siguió al hallazgo fue un espectáculo protagonizado por el fiscal: a lo largo de toda la exposición no hubo referencias a una investigación con perspectiva de género ni al posible agravante de femicidio en la causa.

La exposición se centró en el hallazgo de los restos y en el avance de la investigación. El momento más claro llegó cuando el fiscal afirmó que había que ponerles una medalla a los integrantes de la división de canes —en el marco del femicidio de una nena de 14 años. La exconcejala Laura Vilches cuestionó esa valoración y planteó críticas al accionar desplegado durante la investigación. La respuesta del Estado fue el silencio y la autocomplacencia.

El único detenido, Claudio Barrelier, de 33 años, empleado municipal con antecedentes penales por violencia de género y estrechos vínculos con sectores del PJ provincial, fue registrado por cámaras ingresando a su vivienda junto a Agostina. Aun así, el fiscal afirmó que no correspondía hacer ninguna autocrítica: que se hizo un buen trabajo. La madre de Agostina denuncia que no quisieron tomarle la denuncia en la comisaría cuando notificó la desaparición. Recién al cuarto día activaron el alerta Sofía. El mal desempeño no fue un error aislado: fue un patrón sostenido de desidia institucional —el mismo que sostiene, desde hace ya seis meses, la desaparición sin respuesta de Delicia Mamani Mamani.

Ayer, familiares, vecinas y vecinos —con niñas y niños entre ellos— se autoconvocaron con dolor y rabia y marcharon hacia la comisaría de barrio Mosconi a exigir justicia y la renuncia del ministro de Seguridad. Los recibieron efectivos de Infantería con balas de goma y gas lacrimógeno: las mismas armas que Quinteros celebró como herramienta de seguridad meses atrás, usadas hoy contra quienes lloran y exigen justicia por el femicidio de una nena de 14 años.

“Nos violan, nos matan y el ministro nos quiere callar, por eso nos reprime”, gritaba una vecina en la calle. Mientras familiares y vecinos exigían justicia, el Estado y sus fuerzas de seguridad celebraban el operativo realizado y, al mismo tiempo, reprimían a quienes se movilizaban para reclamar respuestas por Agostina.


A días de un nuevo 3 de junio —cuando en Argentina se produce un femicidio cada 31 horas— la muerte de Agostina no puede quedar en un número más. Es urgente que la bronca se organice: justicia por Agostina, por todas.