Los datos publicados recientemente por el Eurostat subrayan la necesidad de políticas públicas enfocadas en paliar las desigualdades materiales entre núcleos familiares según si el tiempo trabajado por sus miembros en el año natural es más o menos elevado.
Eurostat define la intensidad de trabajo como la cifra que refleja “cuánto han trabajado [en meses] todos los miembros del hogar en edad de trabajar en comparación con su pleno potencial”. Se considera que la intensidad del trabajo es muy baja “cuando los adultos del hogar tuvieron un tiempo de trabajo igual o inferior al 20% de su tiempo de trabajo total combinado potencial durante el año anterior”. Por el contrario, se considera que la intensidad del trabajo es muy alta “cuando los adultos del hogar tienen un tiempo de trabajo superior al 85% de su tiempo de trabajo total combinado potencial”.
Según las cifras recientemente aportadas por este barómetro europeo, los países de la Unión presentan significativas diferencias entre ellos en este índice. En Lituania y Rumanía esta cifra de riesgo de pobreza en hogares de baja intensidad de trabajo aumenta al alrededor del 85%, mientras que en Dinamarca e Irlanda se reduce al 49%.
En el caso de España, las cifras se distribuyen de esta manera: el riesgo de exclusión de personas que viven en hogares con la denominada baja intensidad laboral coincide con el de la media europea (64%), mientras el de aquellas que lo hacen en hogares de intensidad laboral media supone el 30% y equivale a un 8% en el caso de intensidad laboral alta, cifra que también refleja una peor situación en el caso nacional con respecto a la media europea.
Las cifras ponen de relieve la necesidad de políticas públicas enfocadas a paliar las desigualdades derivadas del acceso o no a un puesto de trabajo, argumento firmemente defendido por los colectivos que apuestan por la Renta Básica Universal (RBU).
Fuente: El Salto




