“Hace un par de meses los soldados detuvieron a una chica en un puesto de control de Hebrón a causa de un error de identificación con un móvil. Sospeché y me puse en contacto con Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio, ONG de exmilitares israelíes) para verificarlo.
(Juan Carlos Sanz – Resumen Latinoamericano) Palestina – Descubrí que Israel estaba utilizado una nueva tecnología de reconocimiento facial”, recuerda el activista palestino Issa Amor ante el puesto de control de Gilbert, en el barrio de colonos judíos de Tel Rumeida, uno de los principales puntos de fricción entre israelíes y palestinos en la dividida ciudad de Hebrón (Cisjordania). “Varios soldados confirmaron que estaban cargando imágenes para el sistema Blue Wolf (Lobo Azul)”, detalla, en referencia a una aplicación que identifica y autoriza el paso de la población civil como si se tratara de un semáforo.
El paso de Gilbert se encuentra en una de las rutas que conducen hacia la mezquita de Ibrahim –para los musulmanes– o Cueva de los Patriarcas –para los judíos–, el sepulcro donde reposan los restos del profeta Abraham y sus descendientes, según la tradición de ambas religiones. Las cámaras asoman por las azoteas, sobrevuelan postes con cables y farolas, en el mismo punto donde un militar israelí remató de un tiro en la cabeza hace cinco años a un asaltante palestino que yacía malherido en el suelo.
La proliferación de cámaras de vigilancia en territorio ocupado palestino, la progresiva implantación de sistemas de reconocimiento facial de civiles en barreras y puestos de control, y las recientes denuncias sobre la intervención, con programas espía de fabricación israelí, de teléfonos de activistas y altos cargos palestinos apuntan a que Israel avanza hacia un nuevo modelo de control tecnológico 54 años después de la conquista militar.
“Nos dieron un teléfono con cámara que tenía solo una aplicación: (…) la Blue Wolf, con tres opciones que aparecen en una ventana emergente para dejar pasar (verde), investigar (amarillo) o detener (rojo) a las personas identificadas por imagen”, declaró un soldado a los responsables de Breaking the Silence, organización de veteranos del Ejército opuestos a la ocupación, en un documento examinado por EL PAÍS. Otro militar confirma también la forma de utilización de la aplicación Blue Wolf: “Primero se escanea la tarjeta de identidad y luego se hace una fotografía (…) Ahí está toda la información básica sobre cada persona”.
“Se trata de métodos de vigilancia altamente invasivos mediante tecnología de reconocimiento facial”, ha sostenido la ONG israelí tras una reciente investigación, de la que primero informó The Washington Post, basada en los testimonios de soldados recogidos en los dos últimos años. La información recopilada sobre la población civil se incorpora después a una base de datos central, denominada “Hebrón, Ciudad Inteligente”. “Además de pagar el precio de la ocupación desde 1967, los palestinos no tienen la posibilidad de denunciar la intrusión del sistema Blue Wolf, que produce una digitalización de la ocupación de tintes orwellianos”, concluye el informe de Breaking the Silence.
El propio Ejército vino a reconocer la existencia del sistema Blue Wolf en su página web, según informó el diario estadounidense. Un portavoz de las Fuerzas Armadas calificó el uso de las imágenes de población civil como “una operación rutinaria de seguridad que forma parte de la lucha contra el terrorismo”.
“Las familias palestinas de la zona pronto se pusieron en estado de alerta”, describe el ingeniero electrónico Issa Amro, de 41 años, cómo ha cambiado la vida de miles de palestinos que se ven obligados a atravesar las barreras en su ciudad. Hay dos decenas de puestos de control, algunos con la apariencia de una frontera internacional en toda regla, entre las llamadas zonas H1 (palestina), con más de 250.000 habitantes, y H2 (israelí), donde viven unos 700 colonos, protegidos por más de 2.000 soldados, junto a otros 30.000 palestinos.
“Las cámaras y los sistemas de reconocimiento facial no se usan solo por razones de seguridad o de control”, argumenta Amro, un defensor de la resistencia no violenta que ha sido perseguido tanto por los servicios de seguridad israelíes como por los de la Autoridad Palestina. “Están influyendo en el comportamiento social de los palestinos, una sociedad conservadora muy celosa de su privacidad”, interpreta.




