Otro gatillo fácil

Damián Ezequiel Corvalán tenía 25 años y el 4 de marzo pasado recibió un disparo en el pecho por parte del policía metropolitano Marco Antonio Gaitán, quien lo baleó con su pistola Beretta Storm 9 mm.

Corvalán vivía con su esposa en un barrio de Punta Lara. Tenía hijos de una relación anterior y estaba a punto de emprender la instalación de un pequeño almacén con su actual pareja.

Estaba retomando y recuperando su vida luego de una condena por robo a un quiosco en agosto de 2012. Damián fue reconocido en una rueda, lo condenaron a 4 años y medio y estuvo en 12 penales diferentes del Servicio Penitenciario Bonaerense donde sufrió golpes y torturas. Tras cumplir parte de su condena, acordó salidas transitorias en mayo de 2016.

Según el relato de su familia, el 4 de marzo pasado Damián había salido temprano en una moto que un amigo le había prestado y que estaba arreglando. Un mes antes, se había fracturado la escápula izquierda en un accidente vial  por lo que estaba utilizando una férula negra que lo ayudaba a sostener el brazo. Ese día, el joven había pasado a saludar a un conocido en el camping de la UOCRA para preguntarle sobre alguna posibilidad de trabajo.

Damián fue asesinado a 10 cuadras de su casa. Cuando su familia quiso acercarse al lugar, la policía les dijo que la persona muerta era “integrante de la fuerza”. Así fue como lo estuvieron buscando en las comisarías de Punta Lara y Ensenada, en el Hospital local y en la Morgue policial sin que nadie les informara que había muerto.

Cuando finalmente lo encontraron en la morgue pudieron observar que tenía astillas de vidrio en la cara, como consecuencia de haber recibido el disparo en el pecho a través del vidrio del auto del policía.

En su declaración ante la fiscal del caso, Betina Lacki, el agente Gaitán justificó su accionar argumentando que Corvalán lo había apuntado con un arma para robarle. Tras estos dichos, la funcionaria judicial lo dejó en libertad.

Desde el Colectivo Contra El Gatillo Fácil, que se encuentra acompañando a la familia para exigir justicia, afirmaron: “resulta difícil que Damián haya podido manejar la moto y empuñar un arma con una sola mano. Además sabemos que la legítima defensa o los robos inventados son los principales argumentos de las fuerzas represivas del Estado para justificar los fusilamientos públicos de los pibes de los barrios”.