Cuando la brevedad se extiende, las preguntas se multiplican. ¿Quiénes son ustedes y qué hacen?, se pregunta a las mujeres profesionistas que atienden a un grupo de niños de Nochixtlán. Ellas ponen a pintar a los niños mientras recaban testimonios de este tenor: ‘‘Los pequeños hablan de que sus papás y sus tíos fueron a apoyar, y coinciden en que las armas las tenían del otro lado, y que ellos tenían piedras e iban por las botellas para defenderse’’.

Una de las profesionistas señala: ‘‘Somos independientes y voluntarias. Venimos a apoyar con terapias a los niños de Nochixtlán’’. Informa que primero les pidieron que dibujaran sus casas y su pueblo, como las ven siempre. Luego, que pintaran los sucesos de hace dos semanas.
Uno de los pequeños explicó su pintura así, según una de las especialistas: ‘‘Dice que es un camión que quemaron y el helicóptero está arriba’’. A un lado, escribió la palabra ‘‘asesinos’’.
Otra niña, alumna de quinto grado, decidió pintar al joven que enfrentó a los policías armado del lábaro patrio. Su acción quedó registrada en las fotografías del 19 de junio: un muchacho sin camisa porta la bandera y se planta frente a la línea de la Policía Federal.
Además de pintar, uno de los pequeños contó a las sicólogas que una de sus compañeras en la primaria, Ángeles, ‘‘es hija de una de las personas que fallecieron, y que también tiene otro compañerito cuyo padre está herido’’.
En el otro extremo del patio del templo, las madres y abuelas de los niños están reunidas en su propia terapia de grupo. Especialistas de la Universidad Juárez de Oaxaca e independientes han llegado a ayudar. No quieren fotos, menos de rostros. El miedo contrasta con el mercado dominical en el que estallan los colores de las frutas, las carnes y las ollas de tejate.
El domingo llegaron cinco miembros de Médicos sin Fronteras, una gota en la sequía. ‘‘Todavía no llega ningún apoyo formal’’, dice, al pie del kiosco, el coordinador de los diputados federales del PRD, Francisco Martínez Neri.
El legislador acaba de salir de una reunión con el párroco Adrián de la Cruz, quien, con sus colaboradores, jugó un papel esencial en la atención a los heridos del 19 de junio y en el intercambio de prisioneros que se dio en los días subsecuentes.
Fuente: Arturo Cano – La Jornada