Datos preliminares del Programa de Prevención y Combate a la Tortura de la Pastoral Carcelaria denuncian la práctica de tortura dentro de unidades carcelarias del país. Más de la mitad de las denuncias ocurre en unidades de detención provisoria, comisarías, presidios mixtos o en el momento de la detención, y también afecta a las mujeres.

La Pastoral averiguó que, en el caso de la Penitenciaría Nelson Hungria, en Contagem (Estado de Minas Gerais), por ejemplo, el Ministerio Público del Estado no dio la debida atención al caso y archivó la denuncia. Relatos de sesiones de golpizas por varios agentes, sofocamiento, golpes y otras técnicas de tortura, inclusive contra mujeres, fueron enviadas al órgano, en la ocasión. Según el relevamiento de la Pastoral, la Fiscalía responsable del caso ni siquiera visitó la unidad o entrevistó a los detenidos.
En el caso de las mujeres, la situación es aún peor. De acuerdo con la hermana Petra Pfaller, coordinadora nacional de la Cuestión de la Mujer Presa de la Pastoral Carcelaria, de modo general, las mujeres presas están en lugares con peores condiciones que la de los hombres.
Para ella, la tortura va más allá de la práctica de agresión física. “¿Qué es tortura? Es estar en una celda sólo con colchón, sin baño, sólo con un agujero en el suelo, sin baño de sol. También es tortura no tener guardería digna, no hay presidio materno”, denuncia.
Aunque la población carcelaria femenina haya crecido más que la masculina el sistema carcelario brasilero todavía no está preparado para lidiar con las mujeres presas. Según la coordinadora, el sistema penitenciario es realizado por hombres y para hombres, que son la mayoría de la población carcelaria. “Los gestores son hombres, la visión machista es muy fuerte, entonces, las mujeres no tienen voz”, analiza.
El último 3 de marzo, la Pastoral Carcelaria envió una denuncia de tortura y maltratos en el Ala femenina del Complejo Penal Dr. João Claves, en Natal, Río Grande do Norte, a las autoridades de justicia del Estado. En el relato, cerca de 20 mujeres estarían en las celdas de castigo, llamadas “chapa”, en un ala oscura y sofocante, sin derecho al baño de sol, bajo condiciones degradantes e inhumanas.
Fuente: Tatiana Félix – Adital