Se conocerá este miércoles 23 de marzo, en el juicio que se desarrolla en La Plata por la desaparición de Daniel Omar Favero y María Claudia Álvarez. A las 8.30 se escucharán los alegatos de la defensa y se estima que alrededor de las 13 se leerá la sentencia. La Fiscalía ya acusó a los 4 procesados por privación ilegal de la libertad y tormentos, mientras que las querellas lo hicieron por desaparición forzada de personas. Todos pidieron 25 años de prisión.
Los fiscales Schapiro y Nogueira utilizaron la figura de privación ilegal de la libertad asociada a la de tormentos para justificar su pedido de pena. La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, por su parte, invocó la figura de desaparición forzada de personas, explicando que por tratarse de un delito permanente, se continúa cometiendo y resulta perfectamente posible aplicar a esa conducta una reforma reciente del Código Penal.
El mismo encuadre utilizó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata, requiriendo que se los condene como autores de la infracción del deber especial que tenían como integrantes de una fuerza de seguridad. Alternativamente, se sugirió la utilización de la teoría de la empresa criminal conjunta.
Los abogados Josefina Rodrigo y Oscar Rodríguez solicitaron además que se investigue la conducta de Eduardo Pérez y Adriana Palacios, el matrimonio de policías que facilitó el departamento desde el cual se tendió la “ratonera” que terminó en el secuestro de Daniel y María Paula. Se opusieron a la acusación por privación ilegal de la libertad, manifestando que sería una profunda injusticia: “Eso es impunidad”, manifestaron, aludiendo a que condenar por el solo hecho del secuestro dejaba fuera de juzgamiento a todo el período posterior, la lucha de las familias, el padecimiento de la desaparición. Y agregaron que, como la desaparición forzada es un delito permanente, Álvarez y Favero “están desapareciendo hoy”.
El alegato de la APDH LA PLATA cerró con la lectura de una poesía de Daniel Favero:
YO NO QUISE SALVARME SINO DEL EGOÍSMO;
quise hacer con mis venas una comunidad
de vida y esperanzas; quise amarte; luché
para enterrar el odio y odié como un soldado
de la paz que no nace con su libertad única.
Comprobé los engaños fatales donde están
sometidos millones de hermanos, milenarias
tristezas donde muerden los dientes dominantes.
Comprobé la dulzura cuando fuiste mujer
de mis combates, cuando vi más allá
mirándote, menuda, compañera infinita
y descubrí la madre del hombre nuevo, andando.
Yo no quise salvarme sino de la traición,
de la cobarde fuga, de la filosofía
de los desentendidos, cómplices del sepulcro;
entonces, sus gatillos, sin querer, me salvaron.




