Horacio Rodriguez Larreta ganó las elecciones con el 45,5% de los votos. La diferencia con respecto a Martín Lousteau, quien obtuvo el 25,5%, no le permitió evitar el balotaje que requiere de la mitad mas uno de los votos. Ante este panorama la izquierda, con un caudal del 7,1%, se pregunta: ¿a quién votamos?
(Ramiro Parodi-Red Eco) Ciudad de Buenos Aires – Autodeterminación y Libertad, encabezado por Luis Zamora (4%) y El Frente de Izquierda (3,1%), quien presentó como jefa de gobierno a Myriam Bregman , muestran entre ambos un crecimiento considerable respecto de las elecciones PASO.
AyL consiguió un legislador (Fernando Vilardo) y el FIT pudo sumar un legislador al que tenía ( Marcelo Ramal del Partido Obrero y Patricio del Corro del PTS serán sus representantes en la legislatura porteña)
La definición de las elecciones porteñas reavivó la controversia que muchas veces presenta el sistema democrático cuando las alternativas a elegir no representan a gran parte de los votantes. Este debate se acentúa aún más en una instancia como la que vive la Capital Federal, el balotaje, donde los dos candidatos claramente responden al neoliberalismo conservador que defiende los intereses de los empresarios. Pero quizás sea momento de dejar de reducir la discusión al “son lo mismo”…
En esta situación la izquierda se encuentra ante el enigma sobre qué hacer. A sabiendas de que la forma de dirigir políticamente a la Ciudad no variará sustancialmente de un candidato a otro quizás la pregunta debe enfocarse no en “quién es el menos malo” sino en “quién obstaculizará menos los propósitos de la izquierda”. En este sentido la decisión al respecto es netamente política y debe estar justificada estratégicamente. ¿Es el mismo el terreno político que dispone Larreta o Lousteau? ¿Lousteau, quien acarrea lo peor del radicalismo detrás, también sostendrá las mismas prácticas represivas para con las manifestaciones públicas? ¿Es lo mismo negociar con Lousteau que con Larreta?
Para los candidatos esta cuestión ya está resuelta. Zamora, en una entrevista a La Nación, señaló: “No vamos a apoyar a Larreta, ni a Lousteau, ni a Recalde”. Mientras que Bregman sostuvo: “Llamamos a votar en blanco: los dos candidatos son parte de un espacio político completamente proempresario y cuyo referente nacional es Mauricio Macri, por más que ensayen una parodia de internas abiertas con los radicales y Carrió; nosotros estamos en el extremo opuesto, defendemos los derechos de los trabajadores, de las mujeres y de la juventud. Hablar de ‘libertad de acción’ cuando ni Larreta ni Lousteau representan los intereses del pueblo trabajador de la Ciudad es hacerle el juego a alguno de ellos. El voto en blanco, que se contabiliza, es la mejor opción para darles la espalda a los dos y así dejar en claro el rechazo a sus pactos en la Legislatura, a sus tarifazos y a su política a favor de la especulación inmobiliaria.”
Lo cierto es que el voto en blanco opera en dos sentidos. Por un lado es una forma de expresión en la que se pone en juego la oposición simbólica con respecto a las alternativas que llegaron al balotaje. Pero también opera como una fuerte oposición en lo que respecta a las decisiones que tome quien asuma. Un jefe de gobierno que asume con el 29% de los votos en blanco (suponiendo el caso de que la izquierda y el kirchnerismo decidieran votan en blanco), más los que votaron al otro candidato, sabe que deberá enfrentarse a gran caudal de votantes que no apoyan su gobierno y, en ese sentido, su manejo encontrará constantemente una resistencia.
En este sentido es necesario repensar sobre las consecuencias del voto en blanco. Ante el panorama actual este 7,1% que votaría en blanco estaría beneficiando indirectamente al PRO ya que lleva las de ganar. ¿Podría esta victoria del PRO en la ciudad fortalecer la candidatura de Macri a nivel nacional? O dicho al revés, ¿una derrota del PRO en la ciudad no dejaría a Macri muy desguarnecido de cara a las elecciones presidenciales ya que estaría perdiendo en el distrito donde su partido político nació y se fortaleció? ¿Y no es eso ya una victoria? Al menos parecería oportuno plantear el debate.




