El viernes 30 de enero, en el cuarto programa de Radio FLIA Temporada Verano, la escritora y poetisa, habló de su último libro “Maldad, cantidad necesaria”, y también sobre cómo empezó a escribir. Radio FLIA – Red Eco.
(Radio FLIA – Red Eco) Buenos Aires – Patricia González López comenzó la entrevista susurrando un poema suyo:

El debe
Soy el gen del mal
activado en los puntos cardinales de mi karma.
Nadie me toca la fibra,
no tengo.
Los pies arriba de una almohada
no me inventan la sangre.
Pedime todo el amor que quieras
Yo siempre te voy a deber el doble

Radio FLIA: ¿Por qué elegiste este poema de tu último libro para leernos?
Patricia González López: Elegí “El debe” porque fue un cambio, fue como una de las primeras cosas donde empecé a mirar para dentro y ver que capaz yo también podía ser una mierda, podía equivocarme, podía estar equivocada, podía estar en falta; y dejar de pedir y de demandar y poder decir “okey no estoy a la altura”, con todo ¿no? Con el afuera. Y bueno, por eso, para mí fue un cambio muy importante y por eso lo elegí.

RF: Ese poema es de tu último libro “Maldad, cantidad necesaria”, y vale la pregunta entonces, ¿cuánta es esa cantidad necesaria de maldad y en qué se aplica?
PGL: Siempre digo que es la cantidad necesaria para defenderse, la maldad que titula ‘esto es como un malentendido’. Cuando una dice algo que no le gusta y dicen “Uh, qué mala que sos”, cuando una no quiere dar un beso “Uh, qué mala que sos”, cuando uno pone límites “Uh, qué mala que sos”. Bueno, cuando vos dejas de convertirte en una copada que dice a todo que si, y empezás a tener sentido del respeto a una misma y los límites, dejas de ser la más buena del mundo y como los adjetivos van variando, ahí es una maldad cantidad necesaria. Bueno, la confianza, qué damos, qué no damos, cuáles son los límites, hasta dónde llegamos… Y para mi es eso, lo mínimo indispensable, lo necesario para defenderse como para estar alerta. Y en los casos, en todos los casos; creo que está bueno arrancar de a poco, como que la confianza se gane, que la bondad se gane; pero desde la política de la desilusión constante, con todo tipo de vínculos; desde ese lado, no desde el lado egoísta sino desde el lado de que el mundo no es todo color de rosa, que el mundo no es bondad pura y que hay que aprender a sortear esos obstáculos.

RF: Y hay veces que uno toma la maldad como algo malo, y en realidad es simplemente una herramienta que utilizamos.
PGL: Aparte también legitima lo bueno. ¿Cuándo valoramos lo que tenemos, tu vieja, tu novio, tu amiga? Porque hay algo malo, porque hay alguien que te falla, porque vos te fallas, porque vos te equivocas. Y cuando uno se va equivocando o te vas permitiendo la crueldad, la maldad, decir que no, uno puede entender al otro también, por qué el otro no está a la altura de lo que nosotros demandamos pero que no está mal, es lo que puede cada uno. En ese sentido, se reinterpreta como maldad porque no lo podemos encasillar pero capaz es otra cosa, y bueno, esa es mi maldad.

RF: ¿Cómo fueron tus inicios en la poesía?
PGL: Hay una pregunta que siempre le hacen a la gente que escribe y es ¿quiénes son tus influencias?,  ¿quién fue el poeta que te impulsó a escribir? Bueno, en mi caso no pasó. El día que yo empecé a escribir poesía yo estaba mirando Susana Giménez, en mi familia hay mucha televisión mucho Tinelli, mucho Susana. Bueno, estábamos mirando el programa de Susana y el entrevistado era Emanuel Ortega, el hijo de Palito, cantante; y entonces ella le pregunta “¿es verdad que escribís tus propias canciones?” Y él le dice “sí, gracias a Dios que me dio el don de escribir que es tan difícil expresarse”,  entonces Susana dice que admiraba a la gente que escribía, que era admirable porque no cualquiera lo puede hacer. Entonces en un acto de vanidad yo dije “Yo quiero escribir”, si no lo puede hacer casi nadie, o si es difícil expresarse, yo me quiero expresar. Y me copó la idea, agarré un cuadernito y empecé;  por supuesto que yo ya hacía oraciones de tres renglones para cuando tenía que hacer sujeto y predicado, digo yo ya tenía algo ahí. Me gustaba escribir y todo eso. Empecé a escribir o sea a escribir pavadas, yo las leo hoy y me cago de la risa, pero al principio fue un poco de capricho, de necesito atención, que los maestros me feliciten, llevarme mejor con la profesora de lengua, que mi mamá se sienta orgullosa de mí. Después vi que nunca lo dejé de hacer, que siempre iba a los manuales, y ahí me encontré con los poetas Góngora, Lope de Vega, etcétera; fue ahí, averiguando cómo se escribe poesía,  que me topé con la poesía en sí. Pero después fue un programa de Susana Giménez, donde hablaron del don de escribir y yo lo quise tener entonces empecé a practicar: lamentablemente esta es mi historia. Después no paré, en el colegio por supuesto que era “Pato, me peleé con mi novia, por favor haceme una poesía que me quiero reconciliar”, las poesías del Día de la Bandera, los discursos, la carta a la profesora para que pase la evaluación, era como la encargada de la palabra.
A partir de ahí, empecé a ser como la poeta de todos los ámbitos; pero siempre como que lo tenía muy marcado. Hice danza, teatro, un montón de cosas pero me di cuenta como a los 20 años que era lo que nunca había dejado de hacer. Haga lo que haga, siempre escribía y era lo que me mantenía como estable, mi forma de insultar, mi forma de llorar, mi forma de concretar el amor imposible con alguien, era escribiendo. Entonces está bueno, así se convirtió en mi vida.

RF: ¿Y siempre fue poesía o incluiste también narrativa? Tenés también una novela…
PGL: Sí, tengo una novela que no sé cómo me salió. La verdad es que escribí mucho en una noche, llegué como a las diez de la noche a mi casa y hasta el otro día a las seis de la mañana escribí, escribí, escribí. Después corregí un poco, y sumé otras cosas que tenía y la armé. Me gusta escribir narrativa, pero yo soy muy ansiosa y quiero sentarme a escribir y terminar, y eso no existe. Entonces capaz escribo, tengo toda la novela en mente, escribo partes y nunca las termino; y así tengo tres proyectos de novela. Y después mucha poesía, todo el tiempo escribo poesía. Escribo en el celular, las guardo en los borradores del mail, escribo en una nota, en la agenda del trabajo y después al final cuando estoy como en un proceso creativo fuerte, me acuerdo de la frase que escribí hace medio año que está en el asunto del mail y digo “ah, esto va para acá”. Y así voy escribiendo, muchísimo. Maldad de hecho tiene 137 poesías, algunas más cortas que otras pero tenía como 600. Y bueno, cosas que ya está, que ya fueron, pero acá cerré un ciclo y se abrió otro y está buenísimo; y es poder escribir siempre y cada vez con menos corrección. Cuando yo arranqué era muy correcta: no poner insultos, la distinción del lenguaje, etcétera; ahora para mí pasa por otro lado, pasa por manifestarse y decir, y a los talones.

RF: Y el Facebook ¿qué rol juega en esto? Porque hemos leído en algunas entrevistas que algunas partes de tu libro que no están especificadas, eran como si fueran posteos de Facebook
PGL: Si, dijeron eso muchos. A ver, hay algunas cosas que fueron posteos de Facebook en su momento, pero también eran cosas que estaban en un Word, así que no sé cómo definirlo. Es un juego, porque el libro tiene cosas que para mí son re profundas de mi vida o de lo que yo veo; y era una manera de jugar, como poner “la prensa es un novio que no te quiere que te dice que vamos a salir nosotros y después se queda jugando a la Play Station o al 7D” en la época que lo escribí que era el 7D; y no sé si es una poesía acabada, zarpada, pero es mi idea de metáfora, mi idea de comparación, de encontrar una misma actitud en varios lugares. Pero en el momento antes de que exista el posteo en Facebook o en Twitter estaba el aforismo así que yo lo tomo más así, son como mis máximas, mis axiomas.

RF: También dentro del libro encontramos algunos poemas como “Orgía de insultos” que tienen que ver con una cosa muy marcada de clase, que también leyendo por ahí encontramos que vos un poco en chiste un poco en serio te clasificabas a vos misma como una “resentida de clase” ¿Por qué?
PGL: Hay una cuestión que cada vez veo más marcada que es que hay un ejército que somos formados para servir a unos pocos, y esos pocos son los dueños de tu vida que tienen la educación de apropiarse de tu vida ¿no? Vos le das la vida al trabajo y no te tomas vacaciones si yo no quiero, y no te damos aumento porque yo no estoy trabajando y no me alcanza para ir a veranear a Punta, y etcétera. Entonces ¿cómo no estar resentida con eso? Yo igual lo digo en broma porque la verdad es que no siento que sea una mina que odie al mundo ni mucho menos, pero sí en el lugar donde crecí vi un montón de cosas que me hacen ver que el pibe que va a robar o que fuma paco o lo que sea, yo conozco a la madre y está llorando igual que la señora a la que le robó la cartera ¿no? Como renegando de su hijo… Y es la misma señora que va a trabajar y que va a la casa de un gran señor que pide que la gente del barrio donde vive esta señora desaparezca, que se mueran todos. Y hay una contradicción muy grande, y que yo no puedo desconocerla, desconocerla sería hipócrita y pensar de otra manera sería hipócrita, porque lo que viví es otra cosa y es mi realidad; es llegar tarde, que no alcance, tener que elegir qué comemos, qué tomamos, porque sino no nos alcanza, si repetimos, si no repetimos, si tomamos a escondidas el café con leche para no blanquear que no hay comida, o lo que sea. Hablar con los pibes del barrio de “che, afloja un poco, tomate una chocolatada son las once de la mañana”. Es un poco lo que vivo, y para mí la noción de bien y mal, o del que se merece vivir o se merece morir, pasa por otro lado; me parece que hay muchos más accidentes y contingencias en el medio que si no las vivís, no las podes ver y no las podes entender. Y “Orgía de insultos” tiene que ver con eso, como el que se merece vivir y el que se merece morir. Es como bueno “Sí, lo mataron pero era chorro” y qué se yo, por supuesto que no es una figura muy amada, pero hay un montón de situaciones antes de esa violencia que ejerce el pibe que te va a robar que siente que tiene el derecho porque vos estás en mejor posición que él, y que a vos no te va a afectar que te robe el celular; pero hay muchas instancias antes, no sé, capaz el viejo que le pegaba, abandonó el colegio, lo mandaron a laburar, es un resentido… Un montón de cosas y situaciones violentas de las que todos somos partícipes. Estamos viendo el resultado de nosotros; nuestra solidaridad es darle las sobras de algo a un pibe que está en la calle, vos le das el pedazo de alfajor que te sobra, no le compras algo; a partir de ahí, todo nuestro cariño es residual. Entonces ¿cómo el pibito no va a crecer violento y te va a odiar? O sea, obvio que te va a odiar; tratemos de cambiar nosotros la conducta. 

La entrevista culminó con Patricia recitando un poema de su autoría, que podes escuchar ACÁ