Unas tres mil personas se juntaron el martes dos de julio, cortando una de las pistas laterales de la avenida Brasil, para recordar a las víctimas de la masacre que una semana antes se había producido en Maré, una de las favelas más grandes de Rio de Janeiro. El acto duró una hora y media durante la cual, bajo un llamado pacífico, se reclamó por el cese de las matanzas a favelados, repudiando el respaldo del Estado a una política de violencia policial que, desde hace muchos años, se ha vuelto sistemática en la áreas más pobres de la ciudad.
(Guadalupe Granero Realini – s u r b a n i s t a s) Brasil – La noche del 24 de junio Nueva Holanda -una de las favelas del Complejo Maré- fue invadida una vez más por fuerzas policiales que, bajo argumentos aun no esclarecidos, dejaron un saldo de nueve muertos. La llegada de la policía al barrio se produjo alrededor de las ocho de la noche; diversas fuentes indican que el motivo fue la persecución de algunas personas que habían salido de una manifestación en el vecino barrio de Bonsucesso y venían robando y realizando actos vandálicos sobre la avenida Brasil, una de las autopistas más transitadas de la ciudad. En el momento en que se inició el ataque con gases lacrimógenos y se desataron los tiros, los vecinos del barrio estaban en la calle, en los comercios de la zona, volviendo a sus casas del trabajo; muchos de los testigos declararon que los policías llegaron disparando aun a sabiendas de que la zona estaba llena de gente. Fue así que las primeras víctimas fueron algunos de esos vecinos que estaban transitando por el lugar del ataque. Cinco de los heridos fueron trasladados al hospital de Bonsucesso, cuyos médicos declararon que dos de ellos llegaron muertos y los restantes murieron a las pocas horas. Durante el operativo se produjeron detenciones y secuestro de armas y drogas que presuntamente se adjudicaron a los detenidos.
El tiroteo duró varias horas, durante el cual fue alcanzado un transformador eléctrico que dejó sin luz a la comunidad. En varias declaraciones de testigos quedó asentado que los disparos fueron hechos por la policía para alterar la escena del crimen y retirar los cuerpos. El suministro sólo volvió un día y medio después, obligando a suspender las clases en las escuelas del barrio. Los carros blindados del BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales) permanecieron hasta el día siguiente, junto con numerosos agentes de la llamada “tropa de elite” de la policía militar carioca.
El jueves cuatro de julio, recién diez días después de los hechos, el gobernador del Estado de Rio de Janeiro, Sergio Cabral, se pronunció sobre lo acontecido, lamentando las muertes de inocentes y “hasta incluso, de marginales, porque lo correcto, siempre que fuese posible, es la prisión”. Respecto a los excesos policiales prometió que serán investigados, además de recordar que el Complejo de Maré es una de las próximas favelas a recibir una Unidad de Policía Pacificadora que, según él, reducirá los enfrentamientos entre criminales y policías.
En un Brasil conmocionado por las manifestaciones masivas de las últimas semanas, cuyas imágenes se han transmitido incesantemente en los noticieros locales y han llegado a gran cantidad de países, llamó la atención la escasa cobertura que los medios de comunicación hicieron de lo acontecido en Maré. Distintos periodistas han publicado artículos en los últimos días donde contraponen la conmoción social que produjeron las “balas de goma en avenida Paulista”, donde la mayoría de los manifestantes eran jóvenes de clase media, a la escasa repercusión de las balas de plomo que, otra vez, se cobraron la vida de nueve habitantes de favelas. Las voces de repudio otra vez se alzaron para condenar la respuesta represiva de las fuerzas del Estado ante la muerte de uno de sus efectivos; la masacre de Maré puso nuevamente en evidencia que la política de seguridad pública está basada en la criminalización de pobres y llevada adelante con altos niveles de violencia e impunidad.

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