Presupuesto 2017: la verdad sobre una mentira

El proyecto de presupuesto 2017 llegó este jueves a la comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados pero no obtuvo dictamen para bajar al recinto. La postergación por un día vino por parte de los diputados del oficialismo con el argumento de contar con más tiempo para poder analizar los cambios que propone la oposición.

(Red Eco) Argentina - Como una continuidad de la metodología aplicada durante la gestión kichnerista, el presupuesto sigue armándose en base a datos irreales o al menos difíciles de ser concretados. Y aunque el ministro de Economía haya dicho que “por primera vez en años, tenemos un Presupuesto que no es mentiroso y se basa en datos confiables y no manipulables”, el análisis de dos de sus pilares muestran que esta afirmación es relativa.

Un estudio realizado por Claudio Lozano y Tomás Raffo, desde el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), brinda datos que muestran que más allá de la recuperación de la credibilidad en las cifras del INDEC y de reconocer los funestos datos económicos de este año (aumento de inflación y caída del PBI), esto no garantiza que los supuestos presupuestarios sean verdad.

La confección del presupuesto se basa en dos datos macroeconómicos que son esenciales: crecimiento del PBI e Inflación. Ya hemos dado cuenta en otras notas de cómo los presupuestos hasta 2015 mentían respecto a ambos.

El presupuesto macrista dice que en 2017 el PBI crecerá 3,5 % y que la inflación será del orden de 17 %. Ambas cifras pueden ser consideradas altamente positivas si las comparamos con las del presupuesto de este año, donde el PBI muestra una caída de 1,5 % y la inflación anual reconoce un 35,2%.

Respecto al primer dato, los economistas se preguntan si es posible que una economía que viene de esa magnitud de caída puede en un año pegar un alza semejante si la inflación desciende abruptamente.

“Si la recesión ha sido el modo en que el gobierno ha logrado desacelerar los precios ¿por qué razón al recomponerse la actividad económica, éstos no volverán a acelerarse?”, se preguntan.
La lógica que el proyecto de presupuesto da para que esto se produzca es que el crecimiento del PBI será posible porque aumentará el consumo (por lo tanto se necesitará producir más para poder abastecer esa demanda) y fundamentalmente porque crecerá la inversión.

“Debería haber un verdadero shock de inversiones para que esto sea posible. Shock de inversiones que no está contenido en el Presupuesto, donde los proyectos de inversión de obra pública si bien importantes no parecen de la magnitud que demanda la concreción de esos supuestos”, explican ambos economistas.

Hay un elemento más que importante en el análisis del consumo que está relacionado con el objetivo político implícito de controlar las demandas salariales y disciplinar a los trabajadores y a sus organizaciones sindicales.

Es que el proyecto de ley establece una pauta salarial equivalente a la inflación prevista, o sea un 17% arrastrando además la pérdida del poder adquisitivo de este año (devaluación y aumento de precios) y atando el aumento salarial a la productividad.

Dicen en el informe: “Si los salarios crecen al ritmo de la inflación entonces, al mantenerse el poder adquisitivo del salario, el consumo total no crece sino que se mantiene a menos que se verifiquen una de tres hipótesis posibles” que serían: que los NO asalariados (propietarios y rentistas) consumieran por sobre la tasa de inflación (lo cual implica regresividad en la distribución del ingreso); que el gobierno ponga como techo de las paritarias a la inflación presupuestada para luego negociar aumentando la pauta salarial; o que aumentaran el número de los asalariados de manera que aumente el consumo porque son más personas que demandan. “Para que esto sea posible deberíamos presenciar un shock de inversiones con un alto contenido de empleo (...) y una expansión no menor a 500.000 puestos de trabajo”, estiman.

Si ambos objetivos se cumplen, que aumenta el consumo y que entran las inversiones productivas, queda aún un punto a resolver: que los empresarios no aumenten los precios y que el gobierno no convalide los aumentos de precios de los insumos básicos, especialmente combustible y energía. Difícil de pensar que esto pueda suceder con un gobierno que abiertamente está políticamente asociado con el empresariado y los sectores rentísticos.

Otro aspecto que contribuye a pensar en un presupuesto irreal es el tema del valor del dólar. Las proyecciones prevén un tipo de cambio a $ 18 para el 2017, $ 21,21 para el 2018 y de $ 23,53 para el 2019. Esto significa que el dólar irá cada año ganándole a la inflación que se estima (17 % en 2017, 12% en 2018 y 10,94% en 2019).

Esto significaría que el gobierno lograría evitar que la devaluación se traslade a los precios para mantener un tipo de cambio que beneficie a los exportadores (no más de 30 empresas en su mayoría extranjeras y con foco en el “negocio” con nuestros recursos naturales)

“Si el dólar va a tener una evolución positiva respecto a los precios, ¿cuál sería la tasa de interés necesaria para evitar el permanente y sistemático ahorro en divisas?”, se preguntan los integrantes del IPyPP. Un dólar por sobre la inflación llama claramente a la siempre constante fuga de capitales. El aumento de la tasa de interés en dólares para que “los verdes” no ae vayan, llama a inversión especulativa.

“Fuga vs Tasa de Interés es la oposición que garantiza la ausencia de Inversión. Inversión que es la clave (según el esquema propuesto) para hacer posible el éxito de los supuestos de que la economía crezca reduciendo la inflación”, analizan.

Finalmente, el análisis de ambos economistas cierra con el dato de que el presupuesto prevé un saldo comercial negativo creciente en el tiempo mostrando con esto la línea de “apertura de la economía” y el endeudamiento público como central para obtener los recursos necesarios para cubrir este presupuesto (en línea con lo que vino haciendo también el kichnerismo).

“No se trata pues de sinceridad en las proyecciones sino fundamentalmente de los acuerdos evidentes que el gobierno tiene con una parte del Poder Económico los que le imprimen la falsedad a los supuestos con que se confeccionó el Presupuesto, más allá del ‘amor a la verdad’ que pretenden demostrarnos sus funcionarios”, dicen en su documento Lozano y Raffo, afirmación que compartimos.

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