La Policía “confundió” su auto con otro y plantó “pruebas” en su casa: lleva 17 meses preso

Oscar Vega lleva casi dos años detenido en la Unidad 43 de González Catán. Está acusado de haber participado en un homicidio ocurrido en octubre de 2020 en la localidad de Virrey del Pino. Allanamiento, pruebas plantadas y amenazas. Otra causa armada contra un joven trabajador.
La Policía “confundió” su auto con otro y plantó “pruebas” en su casa: lleva 17 meses preso. Por Valeria Jasper-La Izquierda Diario.

Oscar Ezequiel Vega vivía hasta diciembre de 2020 en Virrey del Pino (La Matanza), junto a Zulema y sus cinco hijos de 16, 11, 9, 7 y 2 años. Trabajaba como repartidor de embutidos en una fábrica del barrio y por las tardes en el Mercado Central. Como cientos de familias trabajadoras, con mucho esfuerzo, la familia siempre intentó llegar a fin de mes.

A fines de septiembre de 2020 Oscar vendió su auto, un Peugeot 504 blanco, modelo 89, para poder festejarles el cumpleaños a sus hijas más pequeñas que, con mucho esfuerzo, concretaron el 3 de octubre. Dos días antes, el 1° de octubre, había sido asesinado Pablo Flores, chofer de la línea de colectivos 218 de Virrey del Pino. Oscar y su familia se enteraron por televisión.

Estos hechos podrían ser parte de las anécdotas de la familia Vega, sin embargo se volvieron fundamentales para lo que ocurrió a partir del 29 de diciembre. Ese día, a las 3.30 de la madrugada, efectivos de la Policía Bonaerense, incluído el Grupo Halcón, allanaron el domicilio de la familia Vega. Allí se encontraba el matrimonio, sus cinco hijos y tres hermanos de Zulema. Redujeron a todos y los hicieron tirar al suelo. Con una foto de Oscar junto a su auto que habían sacado de su Facebook, lo buscaban por el homicidio de Pablo Flores.

“Entró un policía con aparatos para tomar nota y le preguntaron por el auto, que venían a buscar el auto. Mi marido les dijo que lo vendió el 27 de septiembre, justo el día de cumpleaños de uno de mis hermanos. Sin esconder nada les dijo a los policías a quién se lo vendió y dónde estaba”, relató Zulema en una extensa charla con La Izquierda Diario.

Así fue que encontraron el auto y procedieron a secuestrarlo. Mientras tanto, en la vivienda familiar el único policía que había quedado, comenzó a requisar la casa, junto a dos personas que trajo la Policía, señaladas como testigos. “Uno de mis hermanos le dijo a mi hija mayor que los siga ‘porque estos tienen la costumbre de plantar cosas’”, afirmó Zulema, sabiendo que las palabras de su hermano se volverían ciertas.

Al finalizar la requisa con resultado negativo y mientras el oficial se encargaba de escribir el acta, ingresó una persona de civil y gritó “¡testigos, campera!”. Traía, sin los resguardos básicos para cualquier supuesta prueba, una campera negra con la insignia de River. Oscar, esposado y tirado en el piso, les dijo dice llorando: “por qué me hacen esto, soy un flaco laburador, acá somos todos fanáticos de Boca, eso no es mío”. El policía que tenía la campera le respondió con la impunidad que los caracteriza : “flaco, ¿tanto por una campera? Peor hubiera sido que te pongamos un fierro”.

Oscar fue trasladado a la comisaría de Altos de Laferrere. Pasó por el penal de Olmos, Florencio Varela y desde hace cinco meses permanece detenido en la Unidad 43 de González Catán, donde permanece detenido desde hace cinco meses.

Zulema comenzó a recorrer los pasillos de tribunales y fiscalías, intentando entender qué pasaba. En la UFI de San Justo le informaron que su esposo estaba acusado de participar en la muerte de Flores. “Me dijeron que el auto que nosotros habíamos vendido era el que usaron las personas que mataron al colectivero, pero nada que ver”, sostuvo Zulema, quien pudo acceder a las filmaciones de ese día.

“En las filmaciones se ve que es un auto blanco Peugeot 504 pero modelo nuevo, el nuestro era un modelo viejo, cambia la forma de los faroles de atrás”. Según relató la joven a este medio, pidió peritajes tanto al auto como a la campera, señalando que ningún integrante de la familia tocó esa prenda; pero todos los pedidos fueron denegados. Tampoco pudieron presentar pruebas ni testigos que corroboran que, al momento del asesinato de Flores, Vega estaba jugando un partido de fútbol. Al mes de estar preso, Federico Medone, fiscal de UFI de San Justo, cerró la etapa de instrucción y pidió la elevación a juicio.

“Para mí es todo nuevo, no me queda otra que aprender y pelear”, reflexiona Zulema, que cuenta con el apoyo de vecinos y familiares de víctimas de gatillo fácil y causas armadas. “Hay que visibilizar estas cosas, estas injusticias y estar juntos y pelear, no puede ser que la Justicia nos dé la espalda”.

El armado de causas contra trabajadores, sobre todo jóvenes, es una práctica cotidiana de la Policía Bonaerense. Por lo general se trata de detenciones y procesos que buscan “resolver” homicidios, robos u otros crímenes cambiando a los verdaderos responsables por “perejiles” que tienen alguna característica o elemento común con algún aspecto de esos casos reales. El caso del Peugeot blanco de Oscar es elocuente.

Todas las fuerzas represivas provinciales y federales saben que ese modus operandi casi no tiene costo y sí muchos beneficios para su propia impunidad. Porque al mismo tiempo que buscan mantener controlada y amenazada a la población trabajadora y pobre procuran encubrir los diversos delitos que cometen diariamente las mismas fuerzas, desde el narco a la trata de personas y la piratería en calles y rutas.

La Izquierda Diario viene denunciando de forma sistemática las muertes, desapariciones, causas armadas a jóvenes trabajadores, los brutales desalojos a familias que exigen un pedazo de tierra para vivir; trabajadores y trabajadoras que exigen por sus puestos de trabajo. Una política criminal a manos del Estado, gobierne quien gobierne, que se impone como “solución” a las necesidades de los sectores populares.

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