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Escuelita VII: Comenzó a investigarse el secuestro y desaparición de Carlos Cháves

En la mañana del miércoles 9 de jnuo, en el séptimo juicio contra genocidas del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, comenzó a investigarse el secuestro y la desaparición de Carlos Cháves, militante del PRT-ERP y trabajador de YPF en Cutral Co, llevado en el marco del operativo represivo conocido como “operativo Cutral Co”. Declararon quien fue su compañera, Gladis Durán, y quienes fueron sus cuñadas, Nancy y Amanda, todas testigas del secuestro. Afuera estaba también su hija Marta Lorena, que tenía apenas dos meses cuando la dejaron sin papá y que declarará el próximo miércoles 16. Por El Zumbido (RNMA).

Carlos Cháves era trabajador de la empresa YPF desde 1974 y militaba en el PRT-ERP. Cantaba y bailaba folclore. Tenía 26 años la última vez que fue identificado con vida en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio “La Escuelita” de Bahía Blanca.

La noche del 13 de junio de 1976, Carlos Cháves y Gladis Durán, con su bebé Marta Lorena, se quedaron a dormir en la casa de la familia Durán, por el frío, para no regresar a la casa donde vivían, un departamento en el mismo terreno en que vivía la familia Cháves. La madrugada del 14, Mario Fuentes aplaudió frente a ese terreno y atendió el padre del hombre buscado que, sin conocerlo y creyendo que era para ir a trabajar, les indicó dónde se encontraban.

“A mitad de la noche tocaron el timbre”, comenzó relatando Gladis Durán, aclarando que pensaba que era de mañana y que la irrupción era en busca de Cháves para ir a trabajar, pero no, eran las 5 de la mañana y lo buscaban en el marco de un plan sistemático de exterminio: “primero vi por la mirilla a Mario Fuentes, que era mi compadre, tenía cara de angustiado y pensé que le habría pasado algo a su hija; cuando abrí la puerta vi que había gente escondida que empezó a entrar a la casa, todos con la cara tapada, hasta ponchos se habían puesto para intentar taparse la ropa”.

La compañera de Cháves recordó que eran por lo menos cinco los represores que entraron, que tenían armas largas, borceguíes “tipo militar” y pantalones abuchonados.

“No me imaginé jamás que podía vivir una cosa así”, aseguró. En la casa estaban ellxs tres, su madre, sus hermanas Nancy y Amalia, y su hermano, ya fallecido.

Su hermano varón pensó que habían ingresado ladrones y trató de impedirles el paso, pero lo golpearon con la culata de un arma en la cabeza. “En una de las habitaciones estaba mi mamá sola, en otra mis hermanas y en otra mi bebé de dos meses, por lo que lo primero que hice fue ir a buscar a mi bebé”, relató Gladis Durán, que luego se enteró por su hermano que Cháves había querido escaparse por una de las puertas laterales, pero lo agarraron.

“Nos encerraron a todas las mujeres en una habitación con mi bebé y no supimos nada más de lo que pasó”, contó la mujer, que ni siquiera pudo despedirse con una mirada de su compañero: “cuenta mi hermano pidieron su ropa y lo envolvieron en una frazada”.

La madre de lxs hermanxs Durán entró en una crisis nerviosa, que después relataron en sus testimonios Amalia y Nancy, que tenían 18 y 16 años respectivamente esa noche: “revolvían y tiraban todo y desde la pieza se escuchan los gritos de mi hermano, que lo habían golpeado y sangraba, y mi mamá estaba desesperada, pensaba que lo habían matado”, relató la primera, “a mi mamá le dio un ataque como una regresión, hablaba como una nenita y eso fue muy dramático”.

“Uno de los que entraron ahí, de muy baja estatura, cuando fue a la habitación, nos abrió y nos dijo que no saliéramos por quince minutos y que si queríamos saber lo que pasaba habláramos con Mario Fuentes”, continuó relatando Gladis Durán. Lo único que supo de Mario Fuentes es que los represores fueron primero a su casa, lo golpearon y le rompieron cosas de trabajo hasta que habló, “después supe que mi marido tal vez había estado en otras oportunidades en esa casa y además la había estado cuidando cuando él estuvo de viaje y pudo haber tenido alguna reunión ahí”. El hombre declarará en la próxima audiencia del 16 de junio: “él se asustó mucho y después de un tiempo se fue de Cutral CO, yo no lo volví a ver y nunca pudimos volver a hablar tranquilos”.

Volvió a su casa y avisó a lxs xadres de Carlos Cháves lo que había sucedido. “Yo nunca más supe de él”, dijo frente al tribunal.

Al día siguiente fueron a la comisaría de Cutral Co, donde “el comisario (genocida Héctor Mendoza) nos atendió y dijo que había estado con parte médico y no sabía nada”. Siguió buscándolo junto con su madre, que no detuvo la búsqueda hasta que falleció: “hasta el mismo Reinhold nos atendió y nos dijo que eso correspondía a Bahía Blanca, que no sabía nada”. Hicieron habeas corpus, presentaron notas con abogados “y todo lo que estuvo a nuestro alcance”, se comunicaron con el ministerio del interior que respondía “no saber nada” y “después empezamos con la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), mandamos todo”. En ese camino fueron conociendo a otrxs familiarxs, recordó en particular a Flora Betancourt, madre de las hermanas Seguel.

“Mi suegra se ocupaba e iba a todos lados, participaba con las Madres, pero al poco tiempo tuvo un accidente de tránsito y murió”, relató: “cuando ella murió yo pensé que ya no había forma de encontrar a mi marido”.

“Fue como si se lo hubiera tragado la tierra, nunca más supimos nada”, lamentó Gladis Durán: “hasta que después soltaron a algunas personas, como (el fallecido militante del PRT-ERP y ex preso político Luis Guillermo) Almarza, que nos contó que lo vio en algunos de los centros de detención en que los tuvieron”. Su hermana Amalia era compañera de colegio de Argentina Seguel, quien le relató haberlo visto en el camión en la comisaría, sin ropa, con los ojos tapados y envuelto en una frazada, episodio del que también habló Dora Seguel en este juicio, agregando que cuando lo subían a ese camión gritaba su propio nombre, para ser identificado por lo que sucedería después.

Sobre la madrugada del secuestro, la mujer dijo que ningúnx vecinx dijo nada: “parecía que nadie se había enterado lo que había pasado”. La única información que recibió sobre esas horas fue por parte de Sergio Méndez, vecino y el papá del desaparecido José Delineo y de Omar, este último secuestrado por el aparato genocida “por error” cuando buscaban a su hermano, quien le dijo que había visto a Cháves en un vehículo “aparentemente de la policía”.

Amalia Durán relató que el mismo día del secuestro, entre las 21 y las 21:30 horas “estábamos con mis hermanos, mi mamá estaba con la bebé en la habitación y había también unos primos, empezaron a golpear muy fuerte las puertas y las ventanas, no sé si con patadas o con armas, y cuando entraron nos pusieron a todos contra la pared, nos dijeron que no habláramos ni nos moviéramos, nos preguntaban por el galpón rosado”. Mientras tanto “hacían sonar las armas, como cargándolas, pensé que ese día nos mataban”. El galpón que buscaban era en realidad un cajón rosado que estaba en el fondo del patio. Dijo que eran muchos, que parecían soldados y que tenían cascos, pero que también había policías. “Al otro día nos dijeron los vecinos que vieron que llegó un camión, que rodearon toda la cuadra”, declaró: “se ve que lo llevaban a mi cuñado, porque ninguno de nosotros sabía de ese cajón”. Nancy Durán aportó a esto que “los vecinos nos dijeron que bajaron a una persona de un camión, encapuchado, y la pasaron para el patio”. Esta última contó también que “volvieron con cosas y nos decían ´miren lo que hacía su cuñado´” y que esa persona que les exhibía cosas estaba vestida de azul, aunque “el resto era militar”. Su mamá volvió a entrar en crisis y lo que siguió fue asistirla.

La hija de Carlos y Gladis, Marta Lorena Cháves, no volvió a ver a su papá después de sus dos meses de edad. No tiene ninguna foto con él: “nunca supo cómo era su papá”, dijo su mamá. A ella “cuando era chiquita no le dijimos nada, ella misma decía que su papá se había muerto, hasta que pudo entender y le explicamos que a su papá le había pasado lo que a mucha gente le había sucedido; que lo habían llevado y que nunca más supimos de él”. La mujer pidió también que su hija tenga la posibilidad de declarar, tal como lo hicieron otrxs hijxs de desaparecidxs y de personas que estuvieron secuestradas, pedido que canalizó la fiscalía y el tribunal aprobó, fijando que la joven, que hoy tiene 45 años, dé por primera vez su testimonio el próximo miércoles 16.

Al final de su declaración, Gladis Durán contó que “pasé momentos tremendos; durante muchos años, sentir el timbre en la casa de mi mamá era desesperante, hacía que el terror volviera cada vez que se escuchaba, durante muchos años” y recordó que “había una persona que me la encontraba en todos lados, sentía la angustia permanente de sentirme perseguida”. Incluso en 1978, después de concursar y ganar para ingresar a trabajar en el sindicato Sindicato Unido Petroleros del Estado de Cutral Co, las autoridades no querían permitir su ingreso porque podía tener “algún problema”, y finalmente, tras la intervención de un familiar, la admitieron, haciéndola firmar el mismo día de su incorporación una renuncia en blanco.

“No sabés si sos casada, si sos viuda, una incertidumbre… Pensando toda la vida qué le hicieron, hasta rogando que haya terminado pronto ese martirio, sabiendo después todo lo que le hicieron a los desaparecidos”, finalizó: “una siempre piensa en la posibilidad de que pueda volver, pero se van las esperanzas después de tanto dolor” y reflexionó que “si en ese pequeño pueblo de Cutral Co hay tantos desaparecidos, cómo no va a haber 30.000 en todo el país”.

“Espero justicia, no solamente por mi marido, sino por todas las personas de Cutral Co”, dijo la compañera del desaparecido Carlos Cháves al tribunal: “yo pude haber encontrado otro marido, que nunca lo tuve, pero mi hija nunca va a tener otro padre y mis nietos nunca conocieron a su abuelo”.

En la audiencia del 16 de junio, que continuará con la modalidad del público y la prensa con asistencia virtual y absurdamente reducida (teniendo en cuenta que el motivo por el cual la asistencia presencial era reducida era evitar la acumulación de personas por protocolo covid, pero virtualmente el virus no se propaga), se continuará abordando el secuestro y desaparición de Carlos Cháves con la declaración de su hija, Marta Lorena, y de Mario Fuentes. También declarará una testiga general sobre los secuestro de Cutral Co.

 

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