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Rafael Bautista: “La locomotora del progreso nos está conduciendo al suicidio colectivo”

Este lunes, el reconocido filósofo boliviano protagonizó una charla en la fábrica recuperada IMPA, en la ciudad de Buenos Aires, donde evocó a volver a los rituales para retomar la dignidad humana.

Por Fernanda Paixao, Resumen Latinoamericano 17 de mayo de 2022

Reportaje gráfico y video de Resumen Latinoamericano

“Si no recuperamos los rituales, las ceremonias, nos objetualizamos.” Partiendo de esta premisa, el filósofo boliviano Rafael Bautista protagonizó una charla en la fábrica recuperada Impa, en la ciudad de Buenos Aires, el último lunes (16). De visita a Argentina, participó del encuentro convocado por el colectivo Las Domitilas (OLP Resistir y Luchar), el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), Editorial Ciccus, Recoop y Resumen Latinoamericano, evocando el retorno a lo que considera lo esencial de la existencia humana.

Bautista fue presentado por Eduardo «Vasco» Murúa, quien relató la historia de la Universidad de los Trabajadores. Por su parte Julio Pomacussi, de la Recoop, le agradeció a Bautista poder socializar sus enseñanzas y le obsequió, junto con Carina Peralta, a nombre de Las Domitilias, con varios productos de Recoop (Distribuidora de los productos de las Fábricas Recuperadas por sus trabajadorxs).

La actividad continuó con una pequeña ceremonia en que la compañera Nilda (de la Nación Kechua) repartió hojas de coca, mientras Bautista explicó cómo «se debe pedir permiso para hablar y comunicarnos», y se convoca a los ancestros y ancestras.

Bautista señaló: “La política se ha formalizado demasiado. Se ha vaciado de contenido”, dijo en la ocasión, ejemplificando con el golpe de Estado que atravesó Bolivia en 2019. “Vimos la necesidad de darle materialidad a la política, recuperar el espíritu popular. Cada vez que surge un gobierno popular, se llena de esperanzas la gente, pero cuando empiezan a retroceder, a ceder, el propio espíritu popular se desinfla. Es cuando la política se apodera del poder popular”, plantea.

“Eso desencanta. Y el desencantamiento es lo que conviene al enemigo, él trabaja para eso. Entonces, hay que volverse comunidad. Significa que hay que volver a una cosa básica en la existencia humana: hay que volver a las ceremonias y los rituales. De ese modo, empezamos a descubrir lo que de sagrado tiene el humano, que básicamente es la dignidad.”

Retomar las ceremonias en un sentido colectivo fue planteado por Bautista como algo a retomar de los pueblos originarios y sus comunidades de comunicación, algo esencial antes de tomar cualquier decisión. Para tanto, enfatiza, es necesario “generar el espacio ideal para que la palabra reverbere”. “Convocamos a los ancestros, el pasado, porque nuestra lucha contiene todas las luchas pasadas. Contenemos todos los pasados pospuestos y futuros no cumplidos”, dice. “Por eso es falsa esa cronología que el mundo moderno nos ha impuesto. Para nosotros, el futuro está atrás y el pasado adelante.”

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De esta manera, el filósofo explica cómo las culturas que priman por los rituales con otra percepción espaciotemporal plantean el pasado como futuro para retornar al punto de extravío del camino que define como “verdadero”. “Ahora estamos yendo por un camino que nos está conduciendo al suicidio colectivo de la humanidad. No podemos continuar en esa locomotora del progreso, porque nos está llevando al fin del mundo. Hay que poner un freno en la historia actual.”

Al distribuir hojas de coca a todxs lxs presentes en la sala, invitó a que cada unx hiciera su ritual para evocar sus ancestros y ancestras, en un gesto que involucra el cuerpo, la presencia, la respiración y la meditación. De la misma manera, puntuó cómo el ritual en cada comida significa alimentar el alma, más allá del cuerpo físico. Olvidarse del cuerpo espiritual, dice Bautista, es también olvidarse de lo comunitario, de la dignidad y de la fuerza necesaria para hacer frente a la fuerza destructiva del modelo imperialista impuesto globalmente.

La idea de lo postmoderno

Poner un freno a la idea de progreso moderno implica, en primer lugar, desmantelar la propia idea del “moderno”. “Creímos en los relatos de que nos conducen a un lugar mejor. Ahora sabemos adónde conduce ese tren, porque lo sufrimos cada día. Y quienes más sufren esa aceleración del tren del progreso son quienes han sido despreciados por el mundo moderno desde 1492. Por eso, cuando nos dicen pueblos o cultura ‘premodernas’ el prejuicio actúa muy bien. Ese calificativo no quiere decir que somos anteriores o antiguos, sino inferiores.

En ese aspecto, puso alarma en torno al concepto de desarrollo y progreso a costa de una explotación infinita de recursos que son finitos. Los pueblos que existen en lugares de recursos naturales estratégicos para el imperio son vistos, entonces, como obstáculos.

“Han desarticulado no sólo objetiva si no subjetivamente nuestras culturas y proyectos, nuestras historias y esperanzas. Nos han reducido a una batería funcional al sistema. Y nos hemos creído ese cuento, porque nosotros mismos no nos valoramos. Reproducimos relaciones de dominación hasta en nuestros hogares. Así es como el sistema de dominación occidental ha naturalizado la subjetividad nuestra, desde la invasión de la Abya Yala y que se ha expuesto con carácter exponencial; o sea, de dominar todo. Ahora vemos como es una insensatez. El verdadero despropósito de la aventura imperialista. No se puede dominar todo.”

Al final de su exposición, retomó el concepto de ritualización como necesidad humana. “Es lo que evocan los ancestros y ancestras; si desaparecemos, ellos desaparecen. En aymara, todos los vientos tienen nombre. Entender eso es devolver a la política el elemento espiritual para retomar la dignidad. Es una experiencia transcendental.”

 

 

 
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