Rebeldías y desesperanzas

A días de la presentación en el Congreso Nacional del acuerdo con el FMI, los gestos internos de Alberto Fernández. Por Daniel Campione, publicado en Alainet.org.

Más allá de la existencia de discrepancias y rebeldías en el oficialismo, el acuerdo con el Fondo avanza imperturbable. Ya se perciben los primeros síntomas acerca de que la protección de los sectores más postergados se encontrará entre las primeras víctimas del pacto.

En estos días Alberto Fernández ha vuelto a llamar Wadito al ministro del interior, Eduardo de Pedro. Para quienes valoran los pequeños gestos, la actitud presidencial entrañaría la búsqueda de recuperar lazos con La Cámpora, que tiene al ministro entre sus figuras más caracterizadas.

En el mismo sentido se inscribió una aparición conjunta y en tono amable con la titular del PAMI, Luana Volnovich, tan cuestionada hace pocas semanas por sus vacaciones en una isla tropical. No faltaron tampoco los rumores acerca de alguna conversación cordial mantenida con Máximo Kirchner. La finalidad es transparente: El voto favorable de la agrupación para el acuerdo con el Fondo.

El gesto de rebeldía que marcó la dimisión del jefe del bloque del Frente de Todos (FdT) no adquiere consistencia. La vicepresidente hasta ahora sólo acompañó con el silencio. No hubo discursos o documentos públicos después de la carta que anunció la renuncia e intentó fundamentarla. Máximo parece encontrarse más cómodo en su nuevo papel de presidente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires.

Podría decirse que el gesto trasunta todo un modo de entender la política: Ante una situación de conflicto, la búsqueda de refugio en el aparato burocrático. No le faltó entretenimiento. Debió cerrar listas para la renovación de autoridades del Partido Justicialista en los 135 municipios de la provincia. Pacientes negociaciones. Y búsqueda de “listas de unidad” que eviten sorpresas desagradables.

El destino del tratamiento legislativo del preacuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene pronóstico favorable, a despecho de los gestos de descontento. Minorías del Frente de Todos en la cámara de Diputados y del Senado podrían abstenerse o hasta votar en contra. De cualquier modo lo previsible es que la oposición de Juntos por el Cambio (JxC) ayude a que la ley que convalide lo acordado con el FMI tenga un curso favorable.

Los dirigentes de JxC que se inclinaban por no votar el acuerdo si el FdT no lograba uniformidad en sus propias filas parecen haberse replegado. Sólo se mantendría la exigencia de que el acuerdo de pago no incluya el establecimiento de nuevos impuestos.

Esto último puede compatibilizarse con la hoja de ruta esbozada por el ministro de Economía, Martín Guzmán. La atención estará puesta en mejorar la recaudación de los tributos existentes y no en agregar nuevos gravámenes.

El hambre se llama “extorsión”
El que sí ha tenido una definición clara es el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta. Declaró que no habrá incorporación de nuevos planes sociales. Sólo creación de “trabajo genuino”. Y calificó a las marchas, de las que la del día 15 de febrero fue multitudinaria, como “extorsión”.

“No va a haber más altas de planes sociales, tampoco va a haber ajuste. Al pedido de más alta de planes estamos respondiendo con la posibilidad de aportar materiales y herramientas para generar trabajo”, declaró Zabaleta en declaraciones a radio Mitre.

En las mismas expresiones incluyó la afirmación de que el pacto con el FMI no afectará en nada a los planes sociales. Ningún malpensado debería suponer que el “congelamiento” anunciado tiene algo que ver con los condicionamientos establecidos por el organismo internacional.

El dirigente del Polo Obrero Eduardo Belliboni explicó el martes: “No hay asistencia alimentaria a los sectores populares de cantidad y calidad y se han cerrado a los programas sociales cuando vemos un ajuste (...) Necesitamos que nos den los recursos y que nos den una respuesta sobre el trabajo genuino“.

Lo que pone en evidencia este dirigente es que el reemplazo de los planes por trabajo sigue siendo una promesa. No queda claro si no es un mero atajo discursivo para encubrir la disminución de recursos destinados a políticas sociales.

Las que resultan indudables son las agudas carencias que incluyen en lugar destacado las dificultades de amplios sectores para conseguir una alimentación adecuada. Situación que tenderá a empeorar si crece el número de quienes quedan a la intemperie porque no acceden siquiera a los 16 mil pesos que se cobran en el plan “Potenciar Trabajo”.

Todavía no se ha firmado el acuerdo con el Fondo y sin embargo las medidas de reducción del “gasto social” ya se ciernen sobre las condiciones de vida de millones de argentinas y argentinos.
Se anuncia que el presidente enviará al Congreso el proyecto que avala el acuerdo con el FMI la semana próxima. Los devaneos de la dirigencia política, sus cartas y sus silencios, se vuelven irrelevantes en relación con la sombra de un porvenir ominoso para la mayoría de la población.

La perspectiva de que el saqueo por la deuda odiosa adquiera fuerza de ley se torna inminente. Y frente a la convergencia “bicoalicionista” en ese lamentable propósito legislativo, sólo cabe la protesta activa, masiva, extendida sobre el territorio nacional.

Que ya deberá visualizar el horizonte de que, si se consuma la aprobación de la norma, ese mismo día deberá comenzar la lucha contra la implementación de las medidas de “ajuste”.

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