Red Eco Alternativo ***

El pueblo mapuche no tiene fronteras

Desde el punto de vista antropológico pensar que el pueblo mapuche es chileno o argentino, es un error anacrónico. Los pueblos originarios son preexistentes a los estados nacionales, algo que hasta, ni más ni menos, la Constitución Argentina reconoce desde casi 30 años atrás.  Fernando Miguel Pepe Tessaro (*)

Es un error total ya que las fronteras internacionales, y la conformación misma de los dos países, no tienen, ni por asomo, los más de 15.000 años de ancestralidad territorial de las comunidades como ya la arqueología ha señalado con irrefutables evidencias científicas.

Y es un error anacrónico, porque ya hace muchos años se ha explicado tanto su ancestralidad territorial, como lo falso de la acusación de extranjería, tanto en Argentina como en Chile, cuando de legitimar la represión se trata. Los pueblos originarios son preexistentes a los estados nacionales, algo que hasta, ni más ni menos, la Constitución Argentina reconoce desde casi 30 años atrás.

Estigmatizar como extranjero también manifiesta otro tipo de discriminación profundamente arraigada en las elites. Vaya paradoja, elites extranjerizantes, sometidas a los dictados del capital internacional, que nos deparan un destino como un país productor primario dependiente de las políticas imperiales de turno, ya sea España, Inglaterra o EEUU.

Ser chileno no debería ser nunca un aliciente para el castigo sino para la fraternidad, como nos enseñó San Martín nuestro gran libertador.

Entonces las comunidades originarias, todas ellas, tienen identidades territoriales ancestrales desde antes de la consolidación de las fronteras y de los estados nacionales, son preexistentes no extranjeros, parece que tenemos que repetir, didácticamente, una y otra vez.

En Argentina hay relevadas, por la Ley Nacional Nº 26.160, ya 800 comunidades, de más de 1.700 comunidades registradas en el INAI, que están asentadas en más de ocho millones de hectáreas. La mayoría de esos territorios fueron descartados, los salares en el NOA son el más claro ejemplo, por los planificadores del genocidio indígena, por improductivos y las comunidades se refugiaron allí durante décadas.

En el mapa de registro de ubicación de las comunidades se ve claramente que se encuentran cercadas en las fronteras: entre Argentina y Chile el pueblo mapuche, entre Argentina y Bolivia el pueblo Wichí, entre Argentina y Paraguay el pueblo Nivacle, entre Argentina y Brasil el pueblo Guaraní, entre otros pueblos. Acorralados entre fronteras, pero siempre resistiendo.

El centro productivo del país fue prácticamente desocupado por el genocidio roquista de comunidades, sin privarse de mandar a mujeres, hombres, niñas y niños como mano de obra esclava a los ingenios azucareros, yerbatales, viñedos, etc. que manejaban los hermanos Roca y sus acólitos que gobernaron sin alternancia la Argentina 40 años seguidos.

Hoy una nueva tecnología transforma los salares inhóspitos en potenciales minas de Litio; los bosques no aptos para el cultivo y la ganadería extensiva de la cordillera son considerados como paraísos turísticos codiciados por capitalistas, ellos si extranjeros pero cuan millonarios siempre bien vistos; hasta los prácticamente inhabitables Esteros de Ibera están en riesgo por ser uno de los reservorios de aguas más importantes del continente y por ende las comunidades guaraníes corren nuevos peligros, como las que habitan los salares y por su puesto los mapuche que habiendo perdido casi todo sus territorios ancestrales se encuentran hoy que un metro cuadrado de bosque y lago nativo son apetecidos como nunca por su valor inmaterial.

Por todo esto, simplificando al extremo, muchas comunidades que nunca perdieron la posesión comunitaria se encuentran envueltas en conflictos y disputas con privados, en algunos casos con el mismo Estado Nacional como es el caso de Parques Nacionales. 

Las comunidades terminan así “chocando” con intereses espurios, intereses forestales, inmobiliarios, mineros, en fin, contra todos aquellos que no respetan ni las leyes nacionales ni mucho menos las internacionales, impulsados por inescrupulosos, que ven, para su provecho personal y de clase, cada día con mayor ambición y codicia los territorios libres de explotación capitalista, por ende, con mayor biodiversidad, protegidos por los pueblos originarios.

El pueblo mapuche cuenta, aún hoy día a pesar de numerosos intentos de borrarlo de la memoria comunitaria, con un idioma unificador, el mapuzugun -el idioma de la tierra-, que se habla desde el Océano Pacifico hasta el Océano Atlántico, sin que la cordillera de los Andes sea una barrera del territorio que antaño recorrían en libertad de mar a mar. Quizás ahí, en esa huella identitaria está el secreto de su resistencia, no lo sé, no estudio a los pueblos originarios sino lo que el Estado y en particular la Ciencia contribuyó en la planificación y ejecución de su genocidio, pero estoy seguro que en las palabras de los traum, en las canciones, en los poemas, en los taiel de las machis, que atesoran siglos de luchas y esperanzas, el pueblo, mapuche, no tiene fronteras.

 

(*) Fernando Miguel Pepe Tessaro, Antropólogo coordinador del Área de identificación y Restitución de Restos Humanos Indígenas y Protección de Sitios Sagrados

 
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