A 50 años de la Revolución Cubana, entrevistamos a Felipe de Jesús Pérez Cruz, historiador cubano.

Felipe de Jesús Pérez Cruz es el Presidente en la Ciudad de La Habana, de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, asociación en la que participan más de 5 mil historiadores profesionales, profesores, museólogos, archiveros, bibliotecarios y periodistas, que trabajan en al ámbito de las Ciencias Históricas. Estuvo en Buenos Aires, y Red Eco no perdió la oportunidad de sentarse a charlar con él. 50 Años de la Revoluci
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“No somos perfectos. Somos perfectibles
y en ello radica la principal
variable de desarrollo de la Revolución”

Entrevista a Felipe de J. Pérez Cruz
de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba.

 

Felipe de Jesús Pérez Cruz es el Presidente en la Ciudad de La Habana, de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, asociación en la que participan más de 5 mil historiadores profesionales, profesores, museólogos, archiveros, bibliotecarios y periodistas, que trabajan en al ámbito de las Ciencias Históricas. También es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y coordina la Cátedra Bicentenario Latinoamericano, creada en capital cubana, en mayo de este año. Luego de participar en un encuentro en el Paraguay con el Grupo de Trabajo de CLACSO sobre el Bicentenario, estuvo en Buenos Aires, y Red Eco no perdió la oportunidad de sentarse a charlar con él. Después de presentarse como maestro, historiador y, sobre todo revolucionario cubano, empezaron las preguntas.
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Como historiador y teniendo en cuenta que están en pleno auge los preparativos de la conmemoración de los doscientos años de las revoluciones independentistas de América, ¿usted cree que podemos saltar la barrera de lo que es el discurso institucional y hegemónico sobre el bicentenario?

A ese tema está abocada la Cátedra Bicentenario Latinoamericano que fundamos en La Habana, con el coauspicio de CLACSO y la participación directa de colegas de varios países de Nuestra América. Argentina por supuesto que no faltó a esta constitución, con los compañeros de la Cátedra Abierta de Estudios Americanistas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
La problemática que planteas nos la presentamos de la siguiente manera: ¿para qué conmemoramos el bicentenario? Y alrededor de esta pregunta hay muchos temas interesantes para evaluar. Desde el punto de vista histórico, ¿qué vamos a hacer? ¿Reafirmar una historia oficial que en primer lugar es mentirosa? Si queremos construir estados nacionales cada vez más inclusivos, ésta puede ser una oportunidad. La inclusión cada vez más en la sociedad civil, en la sociedad política, en países como Argentina, Chile, de los mapuches, conlleva a una relectura histórica. ¿Vamos seguir enseñando a nuestros niños lo maravilloso que fueron las llamadas “pacificación” de la Araucaria y la “campaña del desierto”? ¿Le vamos a ocultar a las presentes y futuras generaciones que nuestros estados oligárquicos y protoburgueses masacraron a ese pueblo originario? Entonces, si queremos ser inclusivos con los mapuches hay que empezar por que estos americanos sientan que su historia se está reevaluando. Hay muchos temas de la historia nacional que hay que ponerlos en el lugar que tenemos que ponerlos. Se está conmemorando el bicentenario de las revoluciones independentistas, y mayormente se habla de los procesos iniciados en 1809-1810. Sin embargo hace unos años conmemoramos el primer gran bicentenario que fue el de la independencia de Haití, en 1804. El primer país independiente de América, y en todo este espectro de la información del bicentenario que se da aquí en Suramérica, este acontecimiento extraordinario de liberación social y nacional no aparece; sencillamente no aparece.

felipe5.jpg ¿Le vamos a ocultar a las presentes y futuras generaciones que nuestros estados oligárquicos y protoburgueses masacraron a ese pueblo originario? Entonces, si queremos ser inclusivos con los mapuches hay que empezar por que estos americanos sientan que su historia se está reevaluando.


Por algo será que no aparece Haití. Una revolución conducida por los negros, que funda el primer estado que abolió la esclavitud en América.

¡Claro! Y hay más temas históricos muy interesantes. Se dice que nosotros le debemos los procesos independentistas a la influencia de la gran Revolución Francesa. No se trata de negar que este sustantivo acontecimiento, tuviera un impacto en América; pero antes, durante y después de la Revolución Francesa, se produjeron en nuestra región una serie de luchas en cuyo desarrollo se fueron generando nuevas ideas.
Entre 1523 y 1533 los españoles fueron derrotados en República Dominicana por los aborígenes caribeños y los negros sublevados, que crearon lo que hoy sería república independiente, dirigida por el cacique Enriquillo. Este sin dudas es el primer proyecto de rebelión que triunfa en América. Y en 1598 los Mapuches vencen a los colonialistas, e incluso muere el gobernador español aquí, en lo que era este Virreinato. La Confederación Mapuche fue de hecho el primer estado independiente en Suramérica, antes que se pensara la independencia, porque no pudieron conquistarlos, y unos años después las autoridades peninsulares hasta se vieron en la necesidad de firmar acuerdos de coexistencia. O sea les reconocieron lo que hoy en derecho internacional conocemos como beligerancia, como interlocutores válidos para negociar una paz.
En todo el siglo XVII, y casi durante cien años, existió el quilombo de los Palmares, un estado independiente fundado por esclavos que se liberaron de sus amos y donde los portugueses fueron derrotados una y otra vez, hasta que la división entre los líderes negros, más que la presión armada de los colonialistas, condujo a la derrota. En América hubo centenares de rebeliones producidas antes de la revolución francesa, que sembraron las ideas independentistas y revolucionarias. Todavía no se había hecho la revolución francesa y en América teníamos la gran rebelión de Tupac Amaru, donde participaron más de 100.000 combatientes.
La Revolución Francesa ampliaría el horizonte libertario de los americanos que ya estaban decididos a luchar por su redención política. Pero no es ocioso recordar que en el año en que las masas parisinas asaltaron la Bastilla, ya Joaquín José Da Silva, “Tiradentes”, organizaba en Minas, Brasil, el movimiento emancipador, y el venezolano Francisco de Miranda, combatiente de la guerra de independencia norteamericana, insistía ante los británicos, en busca de apoyo para el proyecto de la independencia latinoamericana de la metrópoli española. La influencia cultural, ideológica y definitivamente política de los revolucionarios franceses, tendría su ruptura precisamente donde estalla la contradicción entre el discurso libertario y el interés económico y geopolítico de los nuevos gobernantes de la Francia de la época. Las libertades vistas y disfrutadas sólo por los blancos europeos, encuentran el firme rechazo de Touissant Louverture y los esclavos haitianos.
En el mismo tema de las independencias hay otros interesantes aspectos a dilucidar. Por ejemplo: ¿En qué fecha terminó, el proceso de independencia en América? En el 1824, en la Batalla de Ayacucho se derrotan definitivamente a los ejércitos españoles; pero la independencia termina como proceso en el 1826, cuando es derrotado el proyecto integracionista de Simón Bolívar. Cuando por la acción egoísta de los intereses de las oligarquías locales, la hostilidad de Gran Bretaña y las ya desembozadas apetencias expansionistas de los EE.UU, fracasa el Congreso Anfictiónico de Panamá. Ahora, visto en la actualidad, debemos realizar un balance de lo que quedó entonces pendiente: El acuerdo de Unión, Liga y Confederación Perpetua, para sostener en común la independencia y el desarrollo de los pueblos al Sur de la frontera estadounidense. Y también la voluntad de luchar junto a la cubana, por la independencia de Puerto Rico. ¿Vamos a hablar de la emancipación americana y Puerto Rico es aún colonia de los Estados Unidos? Hay que volver a poner en el debate los temas del colonialismo que todavía siguen pendientes en nuestra región desde esa época. Entonces, ¿cómo vamos a repensar este problema? ¿No son acaso las Malvinas un genuino tema del Bicentenario?
Tenemos que hablar del colonialismo y del neocolonialismo actual, principalmente cuando, vinculado al bicentenario, andará por nuestras tierras, como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Reino de España para la conmemoración del Bicentenario, alguien bien conocido por todos nosotros: El ex presidente “socialista” Felipe González, vocero de las trasnacionales, del neoliberalismo que siguen saqueando a nuestros pueblos. ¿Entonces, a qué va a venir Felipe González a América? Vendrá a hablar del Bicentenario bajo su perspectiva. Acudirá a fortalecer los intereses de las trasnacionales, no precisamente a respetar nuestra independencia.

Vinculado a esto, surge una pregunta: ¿Cómo unir este pasado independentista con la lucha liberadora de hoy? Y partiendo de la concepción continental de aquellos procesos liberadores, ¿Cómo visualiza el proceso de unidad continental hoy, teniendo en cuenta que en América existen gobiernos con proyectos políticos bastantes disímiles?

Mira, otro de los temas interesantes que no aparece en la mayoría de los proyectos propagandísticos de las conmemoraciones gubernamentales, es qué pasó a partir de 1812-1813. Bolívar, el pensador de la unidad latinoamericana, es el gran ausente en las conmemoraciones oficiales de este bicentenario. Tampoco se visualiza a José Martí, por lo tanto pareciera que no hace falta el pensamiento libertario de mediados del siglo XIX, donde ya Martí plantea la necesidad de una segunda independencia. Hay que abordar todo ese proceso, porque allí aparece la desunión, la no incorporación de todos los entes de América Latina, el ente afro, el de nuestros pueblos originarios; la traición de la oligarquía a los ideales de independencia, los egoísmos de esas clases dominantes que nos ha llevado a la situación que hoy tenemos, con la complicidad y el beneficio de los EE.UU. y el de las grandes potencias. Esa lectura nos sirve hoy para repensar nuestros proyectos, para reforzar una identidad. Hay que decir que no todo se perdió. Yo pienso que se logró un sentir latinoamericano, una pertenencia cultural, una psicología común, en espíritu, en amores compartidos.
El pasado mes, en una conferencia en Paris 8, le decía a quienes me escuchaban: Si Sarkozy en un discurso dice: “Yo amo a Alemania, yo me siento alemán”, al otro día hay conmoción en Francia. Salta el debate y no faltarán las acusaciones al presidente francés de germanófilo. Sin embargo Hugo Chávez, en el peor momento de las relaciones con el gobierno conservador y pro yanqui de Colombia, puede decir: “Yo amo Colombia, yo me siento colombiano”, y este es un discurso inobjetable por la izquierda, el centro, y la derecha, dentro y fuera de Venezuela, en la propia Colombia. Es que desde nuestra común historia creamos en América Latina y el Caribe, legados de hermandad, de confraternidad, cariños y sueños compartidos. Y el trabajo que nosotros modestamente impulsamos en el Bicentenario, está dirigido precisamente a fortalecer esos legados nacionales y populares, solidarios, internacionalistas. El historiador no es un juez, no estamos para juzgar, pero si para develar lo que realmente aconteció en la historia. Y en la historia de nuestros países siempre que se acumularon desencuentros y pugnas, siempre que los hermanos pelearon entre sí, estuvo una y otra vez el interés de las oligarquías y los imperialismos extranjeros, y ya desde el fallido Congreso de Panamá, los Estados Unidos se revelaron como el enemigo principal: “Destinados por la providencia para plagar a la América de miserias en nombre de la libertad”, anunciaría premonitoriamente Bolívar. Exponer esta verdad es sobre todo un compromiso de partidismo revolucionario con nuestras naciones.
Nosotros tenemos que repensar una historia que nos sirva para articular una visión perspectiva de nuestras realidades, por las esencias. No es que los argentinos se vuelvan a plantear el proyecto de traer un emperador inca. Esa fue la solución de esencia de aquella época, de buscar algo que no fuera europeo y para ello trajeron al heroico anciano Juan Bautista, hermano menor de Tupac Amaru, sobreviviente de la masacre y la cárcel colonialista. ¿Me entiendes? No se trata de eso: Hay que buscar las esencias. La esencia es que los padres de la independencia tenían un alto respeto por la historia combativa de los primeros americanos, y la asumían como su legítimo antecedente. Ellos consideraban que los pueblos originarios debían tener el lugar que le corresponde en la configuración moderna de las sociedades que emergieran de la independencia. La esencia es que tenemos que tener estados inclusivos y buscar cada día más articulaciones.
Los proyectos inconclusos de unidad, de imperios y confederaciones, hay que asumirlos en su legado: Todo lo que sea integración entre América Latina y el Caribe, todo lo que sea integración en donde no esté el Norte imperialista, en donde no estén Estados Unidos y Europa, es positivo para la región. Ahora, los proyectos hay que verlos por su naturaleza, y los gobiernos hay que verlos por su naturaleza, y no hay que olvidar que pueden avanzar de acuerdo al proyecto de país que tengan. Y hoy en América Latina lo que predominan son los proyectos de matriz capitalista. Teniendo en claro esto, sin engañarnos, debemos ser amplios y unitarios con todos los que quieran avanzar progresivamente.

Tenemos que hablar del colonialismo y del neocolonialismo actual, principalmente cuando, vinculado al bicentenario, andará por nuestras tierras, como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Reino de España para la conmemoración del Bicentenario, alguien bien conocido por todos nosotros: El ex presidente “socialista” Felipe González, vocero de las trasnacionales, del neoliberalismo que siguen saqueando a nuestros pueblos. felipe2.jpg


Lo que yo me pregunto es si posibles sortear a los gobiernos para desarrollar, en concreto, procesos de integración de nuestros pueblos.

Todo proyecto integracionista de América es positivo, siempre que no tienda a fortalecer la dominación de las potencias imperialistas y sus trasnacionales. Pero hay un gran proyecto de integración que está creciendo, que no es sólo un mercado de libre comercio, ni solo una unidad para precios de aduana, que no es una unidad para ponerse de acuerdo entre los burgueses del patio, productores y comerciantes con casa matriz en la región, que es mucho más: Un proyecto alternativo de carácter geoestratégico liberador. Se trata de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que es una alternativa de emancipación económica, política, social y cultural de nuestros pueblos. Entonces se trata de ir caminando, consciente de cuál es el futuro y consciente de cuál es el mejor camino, sin desechar otros aportes a la integración, uniendo y articulando todo lo que ya existe y puede ser útil.
Cuando hablamos del ALBA, es bueno recordar lo que llamamos la historia reciente, que en nuestro continente fue derrotada la propuesta colonialista del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), que le ganamos la pelea a los yankees y que fue la más grande derrota que ha tenido EE.UU. en América Latina en los últimos años, con movilizaciones de millones de latinoamericanos. Tal derrota por demás no es gratuita. Asistimos en nuestra región a un nuevo momento de fortalecimiento de las luchas populares, de recuperación del movimiento progresista y revolucionario, de una explosión de viejos y nuevos movimientos sociales de matriz contestataria. En tal escenario ha cambiado la correlación de fuerzas, no pocos partidos y organizaciones de izquierda han arrebatado a la burguesía sus tradicionales bastiones en las gubernaturas municipales, regionales, y hasta han llegado a los gobiernos nacionales. Soy de los que no tiene dudas que en Venezuela se desarrolla una genuina revolución, y que su naturaleza es socialista y anticapitalista. Que en Bolivia y Ecuador ha emergido un nuevo y propositivo nacionalismo de pueblos originarios, y de patriotas comprometidos con una visión no capitalista del futuro posible. Me felicito de la recuperación y la llegada al gobierno de los sandinistas en Nicaragua. Recién estuve en el Paraguay y asombra aún la victoria de Lugo, en medio de una sociedad donde aún se siente el pesado estrés de la represión fascista. Los procesos en el Cono Sur resultan todos muy interesantes, y en su complejo entorno de circunstancias, no caben dudas que se han abierto nuevos escenarios para pelear los intereses históricos de sus pueblos. Veo, siento, una Argentina en lucha por el destino que se merece, que ya no podrá volver a ser “pacificada” con el terror de los esbirros y la zanahoria de una artificial estabilidad económica.

Hablamos del ALBA como un proyecto de liberación para nuestra América; vinculado a esto; para usted, que trabaja en un programa de investigaciones del Instituto de Filosofía de la Habana, sobre el tema del Socialismo del Siglo XXl, ¿qué diferencia al socialismo siglo XXI con el socialismo del siglo XX?

Vamos a hacer una primera diferencia que no es semántica, que es conceptual: Hablo de socialismo en el siglo XXI. Porque el socialismo es una construcción histórica, desde antes que naciera Carlos Marx. Hay una perspectiva, hay una idea de concreción de una sociedad, donde predominará la fraternidad, donde predominará el amor; fueron las ideas del Socialismo Utópico, previo a Carlos Marx y Federico Engels. Estos dos sabios alemanes estudiaron el modo de producción capitalista en la segunda mitad del Siglo XIX, descubrieron sus claves de dominación, y determinaron, no un modelo, sino una metodología de análisis científico y una metodología de trabajo revolucionario. Hasta ahí llegaron, y sobre esa base después hubo todo un debate. Una de las cosas que me impresiona en Marx es que él decía: “lo único que sé es que no soy marxista”, negando a quienes ya desde aquella temprana fecha, intentaban convertirlo en un ícono, y en tanto negarlo. En el sentido de Marx, no fue marxista Vladimir Ilich Lenin, quien sería el gran continuador de Marx y Engels a principios del Siglo XX.
Lenin asaltó la historia, con un pequeño partido de cuadros, que supo liderar a los obreros y campesinos en esa gran cárcel de pueblos que era la Rusia Zarista. La historia contemporánea se inicia precisamente con los extraordinarios cambios que propició la Gran Revolución Socialista de Octubre. Desafortunadamente después de la muerte de Lenin, en aquel maravilloso proceso social y político, comenzaron a incubarse contradicciones irreconciliables con la propia naturaleza liberadora del socialismo. En este sentido hay que seguir profundizando sobre lo sucedido en la Unión Soviética. Aquel modelo del socialismo que alcanzó conquistas extraordinarias para los seres humanos, con un gran desarrollo económico, social y cultural, con un pueblo que salvó al mundo del nazismo en la Segunda Guerra Mundial, dejando en los campos de batallas 30 millones de muertos. Donde lo definitivamente nuevo y extraordinario, coexistía con políticas impensables de represión, con políticas impensables que iban contra los principios humanistas, en un proceso de degradación que nunca pudo, ni quiso pararse por quienes podían y debían hacerlo, que fue hundiendo al socialismo que allí realmente existió, que se separó y decepcionó al pueblo. Así el peso de los errores propios y el peso del trabajo del enemigo, de la colosal maquinaria antisoviética que presionó, erosionó y subvirtió a la sociedad, el Partido y el Estado soviético, los llevó a la derrota.
Precisamente Cuba tiene la suerte histórica de haber desarrollado su proyecto socialista desde otra perspectiva. Fidel Castro y la dirección cubana siempre han sido muy autocrítica con sus errores y una y otra vez los ha ventilado en el seno del pueblo. Cuando los mecanismos que habíamos incorporado miméticamente desde la experiencia soviética, empezaron a darnos resultados negativos, en la economía material y sobre todo en la ideología, no existió la menor vacilación, para ir a la rectificación.
¿Dónde veíamos serios problemas? En el sistema económico. ¿Y por dónde saltó el tema aquí? Por los problemas vinculados a la ética. Se veía en el fraude productivo. Empresas que nunca terminaban sus objetos de obra, planes que no se cumplían, y la gente cobraba además del salario completo, un premio adicional. En tal deterioro, el fraude académico, el promocionismo y la falta de exigencia en un número no despreciables de instituciones escolares, fue otra de las peligrosas tendencias que se denunciaron. Entonces en el Tercer Congreso del Partido, ya a principios de los 80, empezamos un proceso de rectificación de errores y tendencias negativas. Hicimos una rectificación a camisa quitada de estos problemas, con plena participación popular. Y fue una rectificación en mecanismos económicos, pero sobre todo fue una profunda revolución ideológico conceptual. Aún en la URSS nadie hablaba de Perestroika, ni como la posible y necesaria rectificación socialista, ni mucho menos como el proceso de corrupción y traición contrarrevolucionario en que devino después.
Así asumimos el socialismo como proyecto histórico que continúa en el Siglo XXI. El socialismo cubano venció en el Siglo XX, para continuar su obra de emancipación y antiimperialismo en el Siglo XXI. Las diferencias objetivas están en cómo se pelea hoy por el socialismo, en la determinación de sus actuales circunstancias, de sus sujetos y fuerzas motrices, de sus peculiaridades, especificidades y oportunidades históricas para cada país. Cambia en la certeza de que no hay modelos preestablecidos. Nada cambia en la naturaleza del socialismo en tanto proceso continuo de des enajenación de los hombres y las mujeres y sus circunstancias. En tanto construcción de unidad ideológica y organizacional, combate intransigente contra el capitalismo y el imperialismo, creación heroica.

felipe4.jpg La intelectualidad es la que refleja de forma más plena y exacta la existencia de las diversas contradicciones de la sociedad. Manifiesta sus dudas, sus disconformidades, que ayudan –en una perspectiva revolucionaria-, a hurgar, a ver más a fondo los procesos, para modificar, mejorar, rectificar.

Estamos a punto de conmemorar los 50 años de revolución cubana. Quisiera hacerle dos preguntas vinculada a esto: La primera es sobre “la intelectualidad y la revolución”. La característica fundamental del intelectual es tener una visión crítica sobre los procesos. En esto constituye parte de su aporte a dichos procesos: ¿Existe dentro de Cuba una intelectualidad crítica?

En Cuba, existe una intelectualidad eminentemente comprometida con la Revolución, compuesta mayoritariamente por militantes comunistas, revolucionarios y patriotas convencidos de los valores del socialismo. Venimos de una larga y hermosa tradición de luchas emancipadoras, donde la cultura, el conocimiento y el arte, dieron sus propias batallas de ideas, junto y en los acontecimientos, en las escuelas, liceos y universidades, y también en las maniguas, en la guerra de liberación. En lo inmediato nos sentimos sujetos y beneficiarios, del extraordinario esfuerzo en heroísmo y resistencia cotidiana que ha dado nuestro pueblo, al vencer las más difíciles circunstancias del periodo especial. Hay que recordar que con la abrupta desaparición de la URSS y el campo socialista, Cuba perdió de golpe las más decisivas fuentes de financiamiento, de energía y alimentación, de realización de nuestro comercio, de reproducción del patrón económico que teníamos integrado al derrotado campo socialista europeo. En tal coyuntura arreció además el bloqueo y la agresión de los Estados Unidos con nuevas leyes genocidas, el aumento del terrorismo y la promoción a la deserción y a la emigración ilegal. Y para que no quepan dudas fue en estos años en los que mejor se recuperó la labor de los artistas y escritores en de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, de los jóvenes valores que se organizan en la Asociación Hermanos Saíz, del masivo movimiento de artistas aficionados, de los cientistas sociales y la intelectualidad científico técnica. Quizás la principal salida y el principal logro del período especial ha sido configurar y potenciar social y económicamente una sociedad del conocimiento, la cultura y el arte.
La intelectualidad es la que refleja de forma más plena y exacta la existencia de las diversas contradicciones de la sociedad. Manifiesta sus dudas, sus disconformidades, que ayudan -en una perspectiva revolucionaria-, a hurgar, a ver más a fondo los procesos, para modificar, mejorar, rectificar. Hace propuestas, reclama atención y es líder de opinión. Y el intelectual revolucionario cubano no es excepción.
Los intelectuales en Cuba, aportamos todos los días a la construcción en concreto de una sociedad mejor. Hay equipos que aportan a la política económica, al desarrollo cultural, la educación, el trabajo del Partido y la dirección gubernamental y social en general, al diseño de escenarios de política. Este compromiso de los intelectuales es eminentemente ético y propositivo, alejado de los seguidismos acríticos, aunque sin dudas esta es una batalla en la que aún nos queda por avanza. No siempre tenemos la razón, algunas veces somos demasiado idealistas, o nos falta una lectura más certera y cercana de todos los procesos que simultáneamente transcurren en la sociedad, pero siempre motivamos la reflexión, removemos concepciones, e imponemos debates imprescindibles: Y ello es fundamental si queremos avanzar unidos desde la diversidad de criterios, el diálogo y el crecer de saberes.
Percibo que una de las tendencias más positiva del socialismo cubano en los próximos años, será la del aumento del papel de la intelectualidad, de los colectivos artísticos y científicos, en la participación política, en el proceso de diseño estratégico y toma de decisiones. Claro está que tal tendencia -como nada en la historia- no se da espontáneamente, es un resultado de esa participación comprometida y exigente. Y lo será más en la medida que la intelectualidad cubana se fortalezca desde su propio ser, rompa con sus propios fantasmas, sea ideológica y culturalmente más sabia, más revolucionaria, más socialista.
Me siento profundamente orgulloso de ser un intelectual de la Revolución Cubana, de compartir mi trabajo y aprender con compañeros valiosísimos. Y precisamente por ello, estoy convencido de la oportunidad y necesidad que tenemos todas y todos los que nos dedicamos a esta actividad social, de continuar creciendo como sujetos del proceso revolucionario. Pienso que aún subsisten entre algunos de nosotros, los males que de una u otra manera son consustanciales al individualismo pequeñoburgués, también al pancismo y el acomodamiento “cerca” del poder que gratifica -del que lo administra y personifica-, y no faltan los revolucionarismos e hipercriticismos, que una y otra vez, en todos los procesos revolucionarios, intentan colocarse a la izquierda de la propia izquierda. Aprecio que hay que librar esta batalla interna, con paciencia y sentido de la hermandad patriótica que nos vincula, conscientes de que tanto unos como otros, debemos mirar hacia dentro de nuestras subjetividades, con voluntad de ser mejores seres humanos. Esta, a mi entender, es una importante “tarea revolucionaria” y quizás sea el más difícil reto que tenemos hoy los intelectuales en nuestro país: Y te lo digo por mi propia experiencia, por lo difícil de ser autocrítico y severo sin falsas modestias. Exigente con uno mismo, sin perder la alegría de vivir y el goce del trabajo realizado. Ver tus insuficiencias y defectos sin que nadie te lo pida, sin que nadie se entere y te retribuya con una sonrisa o un halago. Sobreponiéndote a los errores y miserias de otros para ver los que te atañen, para evaluar qué no quedó excelente, aun cuando te estén felicitando. Y no siempre lo logras, pero el solo hecho de hacer este ejercicio, y el volver con honestidad a intentarlo, es ya un camino para no abandonar.
La función crítica además, se debe mover en Cuba con la conciencia y la responsabilidad, de quienes vivimos en un país bloqueado, atacado desde hace medio siglo por el imperio. Podríamos hablar de un país en guerra. Cuba es una nación a la que todos los años su independencia le cuesta 2 mil millones de dólares a causa del criminal bloqueo que nos impone el imperio estadounidense, donde en la década del 90 se intensificaron los actos terroristas. País contra el que su poderoso vecino imperialista, aprueba cada año fiscal, pública e impunemente, un presupuesto de millones de dólares para fomentar la subversión y el mercenarismo. Entonces lo primero de lo primero, para hacer crítica y sostener pensamiento crítico en Cuba, es que tú tienes que tener claridad de que en mi país solo hay oportunidad histórica para dos partidos: el de la Revolución y el de la contrarrevolución.
Tú puedes poner mi nombre en un buscador de Internet, revisar los artículos que escribo, y ver que yo hago críticas a los problemas sociales, a las insuficiencias de mi socialismo, incluidas las instituciones que tenemos que perfeccionar, pero las hago siempre desde esa perspectiva. Yo nunca publicaría algo que le sirviera al imperio para atacarnos. Se trata de retomar la certera definición de Fidel en fecha tan temprana como 1961: “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”. ¿Quién decide qué sirve o no a la lucha revolucionaria?, se pudiera preguntar. Y la respuesta no puede ser otra que la que reconozca que se trata de una opción de responsabilidad histórica, que cada cual debe ejercer, y saber defender: Tanto en el debate de ideas, en la sustentación y la demostración de su validez, como en la actitud personal y el ejercicio de una vida militante.
Se trata de que los intelectuales cubanos no aceptamos sensores. En la inmadurez heroica de las primeras décadas de Revolución, no faltaron, los que a título de proclamarse defensores de “la doctrina y la conducta más revolucionaria”, lograron asumir este papel, y cometieron injusticias y exclusiones absurdas; para terminar política e ideológicamente derrotados por el propio movimiento intelectual cubano, y separados de sus prerrogativas por la dirección de la Revolución. Esta por demás, parece que será una lucha perenne.
Hoy reaparecen conductas sectarias y dogmáticas, metamorfoseadas a través de criterios que alientan por una parte la autocensura, y por otra intentan mantener los estilos administrativos, los posicionamientos burocráticos y falsas sujeciones institucionales y personalistas. Pero la situación para dar la batalla a estas tendencias negativas sin dudas es cualitativamente superior. Nuestro pueblo es hoy infinitamente más culto y revolucionario. Fidel, multiplicado en sapiencia y conciencia crítica continúa su certero liderazgo, mientras la dirección del Partido y el Estado, con Raúl Castro al frente, constituyen un sólido bastión de continuidad y ruptura dialéctica. En el vértice de tal ruptura, en su espiral más contradictoria y a la vez más elevada, avanza hoy el movimiento intelectual cubano, con un pensamiento cada vez más libre y amplio, más emancipador, más socialista.
Puedes estar seguro de que en Cuba, no vamos a cometer los errores de silencio y mansedumbre del socialismo que fue derrotado. Sería una traición a Fidel, al pueblo, a la Revolución. Nuestro supra sensor definitivamente es la conciencia revolucionaria, nuestra militancia comunista, el patriotismo y el antiimperialismo, el compromiso y el deber para con nuestra nación, el amor por Cuba.

La segunda pregunta es: Después de 50 años, ¿Cuba mantiene el espíritu de participación de la juventud en el proceso revolucionario?

Tengo tres hijos jóvenes. Una hija de 32 años, otra de 26 y un varón de 19. Los tres son militantes comunistas y los tres viven muy felices en Cuba. La más grande es profesora de teatro en la Universidad, la otra arquitecta, mis hijas son bellas cubanas, lindísimas mujeres. Pasaron el período especial con todos los rigores, con todas sus carencias. Hicieron sus carreras en La Habana y en la universidad del período especial a solo metros de la moderna Rampa y de los grandes hoteles del turismo internacional, y jamás se prostituyeron. Y no son excepción, ellas solo confirman una realidad de las jóvenes cubanas.
Él, más joven que mis hijas, es un roquero, de manillas de cuero, con piercing incluido hasta hace muy poco. No perdió durante los años de su escuela secundaria ni una fiesta de “pepillos”, menos los conciertos de rock, y tampoco dejó de asistir a las movilizaciones agrícolas, a las marchas del pueblo combatiente para rescatar de las garras de la mafia cubano americana al niño Elián González, para estar junto a Fidel un primero de mayo. Hoy es estudiante universitario de la carrera profesoral en informática. ¿Pero son mis hijos igualitos que yo? ¿Tienen exactamente la misma percepción del socialismo que yo tengo? No. Ellos necesariamente se parecen más que a sus padres, a su tiempo. Con el mismo compromiso, con los mismos principios, tienen otra manera de ver el mundo. Los jóvenes como mis hijas e hijo, quieren resolver los problemas del socialismo cubano de hoy, para vivirlo mejor hoy mismo. Entonces empujan, compulsan, tienen una preparación cultural superior, una alta motivación social, y una conciencia muy crítica, que está aportando mucho, y que en el futuro aportará más. Hay innumerables datos que pueden documentar lo que sostengo, pero solo invito a reflexionar sobre la siguiente: ¿La defensa de Cuba en manos de quién está? De los muchachos de 16 a 19 años que cursan el servicio militar, porque Cuba no tiene ejército profesional, son estos jóvenes nuestro ejército en activo. Es decir que la seguridad del país, las armas de la nación, están en manos de los jóvenes. ¿Se quiere prueba mayor de confianza, de que la juventud cubana marcha junto al socialismo?
Esto no significa que en Cuba no haya problemas que afecten a los jóvenes, que no tengamos jóvenes que se alejan del proyecto revolucionario; que en Cuba no tengamos insuficiencias, que más que a los jóvenes, afectan a toda la sociedad. No somos perfectos. Somos perfectibles y en ello radica la principal variable de desarrollo de la Revolución.
Hay que entender que los cubanos y cubanas, en cuanto a desarrollo social, a ejercicio del poder real del pueblo, estamos en un momento histórico distinto al que transcurren en el resto de América Latina y el Caribe. En cincuenta años de Revolución hemos dado pasos gigantescos, no alcanzados por la inmensa mayoría de nuestros hermanos de la región. Y este balance es útil para saber lo que defendemos y estar dispuestos a darlo todo, ¡hasta la vida!, por defender esas conquistas. Pero así mismo, resulta inadmisible tal balance para encubar apologías acríticas, para ocultar lo que aún nos queda por aprender, por rectificar, por avanzar.
El tema es que el día que comparemos los problemas que hoy tiene la juventud cubana, con los problemas que enfrentan los jóvenes en la Argentina o en cualquier otro país de la región, y solo nos contentemos con decir: Nuestros y nuestras jóvenes viven y se realizan en circunstancias superiores; el día que comparemos los logros de equidad y justicia social alcanzados por Cuba, y nos obnubile la autosuficiencia para afirmar: “Estamos mejor, tenemos esto, y esto otro que nadie tiene”; ese mismo día se empieza a perder la Revolución.
Nuestra comparación para ser mejores, más socialistas, es con lo que tenemos, con lo que la generación de Fidel y nuestros padres nos legaron, con lo que hasta ahora hemos logrado construir, preservar y defender, con nosotros mismos, y con la perspectiva real y objetiva de futuro socialista y comunista que tenemos.

-¡50 años bien vividos!

-¡Jajaja! ¡Yo nací con la revolución


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Entrevista: Pablo Marrero- Red Eco Alternativo.
Fotos: Red Eco Alternativo y Red Latinoamericana de Comunicación Popular.
Imagen: Carolina Butrón Avalos- Red Eco Alternativo.


L
as notas firmadas no reflejan la opinión de la red ECO Alternativo sino de los autores.
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