Guy Marius Sagna: “El imperialismo tiene miedo porque en Senegal hay una situación sin precedentes”

Recién salido de la cárcel, su tercera libertad provisional en menos de dos años, el incansable activista de la “izquierda anti-imperialista y panafricana” ofrece su análisis de la situación política en Senegal tras el levantamiento popular de marzo.

(Florian Bobin y Maky Madiba Sylla – El Salto) Senegal - Para el activista senegalés Guy Marius Sagna, miembro fundador del Frente por una Revolución Anti-imperialista Popular y Panafricana (Frapp—France Dégage [Francia, ¡lárgate!], el anti-imperialismo está ganando terreno en Senegal. Al tiempo que saluda esta renovada movilización popular, advierte a los progresistas del continente africano contra las “maniobras del imperialismo y de sus secuaces locales”. Un Senegal soberano, cree, sólo puede lograrse “en una África unida y soberana”.

Usted lucha desde hace años por un Senegal soberano: ante el statu quo neo-colonial imperante desde la independencia, llama a cerrarle el paso a la injerencia extranjera con un “anti-imperialismo panafricano”. Sus posiciones le han valido muchas intimidaciones, arrestos y estancias en prisión. ¿De dónde viene esta conciencia política?

Tuve la suerte de tener un tío, Ludovic Alihonou, que era miembro de una de las organizaciones de izquierda, Rassemblement des Travailleurs Africans [Unión de Trabajadores Africanos Senegal], organizada en el marco de un periódico llamado Ferñent (“La Chispa” en wolof), en referencia a Iskra, [órgano del Partido Socialdemócrata de los Trabajadores] de Rusia. Por lo tanto, fueron esos activistas de izquierda —Birane Gaye, Assane Samb, Fodé Roland Diagne— quienes se hicieron cargo de mi formación desde los 11-12 años, siguieron, más tarde, activistas como Alla Kane,Moctar Fofana Niang, Madièye Mbodj, Jo Diop, Malick Sy, Ousseynou Ndiaye, etc.

Entonces, desde que tuve 11 años, nunca dejé las organizaciones de izquierda, ni los intercambios de información, de los que me beneficiaba, entre los activistas de izquierda. Somos los herederos de nuestros gloriosos predecesores: desde Lamine Ibrahima Arfang Senghor, Seydou Cissokho, Birane Gaye, los decanos Alla Kane, Dialo Diop hasta Cheikh Anta Diop. Podemos remontar más en la historia, con Aline Sitoé Diatta, [Biram] Yacine Boubou, e incluso nuestros resistentes religiosos Mame [Cheikh Amadou] Bamba, Maba Diakhou Bâ. Estudiar y leer a personas como Omar Blondin Diop solo puede darnos las herramientas a través de las cuales seremos capaces de analizar mejor la historia, pero también y sobre todo el presente, y guiarnos mejor para salir de la pobreza y el subdesarrollo.

Cuando la izquierda te nutre, tu comprensión de la vida es que “de la desgracia de la mayoría sale la felicidad de una minoría abrumadora”. Para entender por qué hay tantas personas sin hogar y tanta pobreza en Francia, esta Francia que dice ayudarnos mientras deja a los franceses morir congelados, es porque hay un sistema que se llama capitalismo, sistema que solo puede funcionar con la opresión de la mayoría en los centros capitalistas y la opresión de la mayoría en las periferias del sistema capitalista, como diría Samir Amin. Esta es la visión de la vida que heredé de todos estos dignos predecesores; visión política también de que son los pueblos los que hacen la historia, y que hay que inculcar en este pueblo que nadie más vendrá a salvarlo, que hay que luchar y estar del lado de las distintas facciones del pueblo en lucha.

Es por eso que durante décadas hemos estado junto a los animadores polivalentes en las “cabañas de niños pequeños” [maestros de la escuela infantil pública], que estaban sin salario. Mi primer encarcelamiento fue en el contexto de esta lucha: cinco días de reclusión en 2012-2013 en Tambacounda [en el sureste de Senegal], con nueve maestros de las “cabañas de niños pequeños”. Habíamos cortado la carretera nacional a Tambacounda, después de meses de lucha infructuosa. Pero desde 2012 hasta ahora, ya hay casi mil animadores polivalentes de “cabañas de niños pequeños” que han sido capacitados y están ganando salarios gracias a estas luchas.

O sea que sí, solo la lucha libera. También hemos estado junto a otros actores en lucha, trabajadores subcontratados de Senelec (Compañía Nacional de Electricidad de Senegal), despedidos arbitrariamente, que han sido contratados nuevamente. Estuvimos junto a trabajadores como los del Centro de atención al Cliente de PCCI [empresa multinacional especializada enrelaciones con el cliente], que estuvieron sin sueldo durante catorce meses mientras empresas como Orange, Tigo y Expresso seguían pagando a PCCI, que no pagaba a sus trabajadores. Y esta batalla la ganamos. Nos han golpeado, mantenido bajo custodia varias veces en el contexto de esta lucha; hemos respirado gases lacrimógenos.

Cuando las grandes cadenas de supermercados se instalaron en Senegal, ya fuera Alcampo o Carrefour, no había ningún texto que organizara las grandes superficies. Tuvimos que pelear, decir “Alcampo ¡lárgate!”, con contenido por supuesto: pedimos al estado que suspendiera su implantación y que hiciera un estudio de impacto de cuáles serían las consecuencias. El contenido de “Alcampo ¡lárgate!” consistía también en sentar las bases para un congreso sobre el comercio interior, para ver qué es lo que no funciona y por qué los mercados senegaleses son así: cuál es la parte de responsabilidad del ciudadano, de los municipios, de los comerciantes, del estado, cómo tener mercados senegaleses que satisfagan las necesidades de los senegaleses. Porque ni Lidl, ni Walmart, ni Leclerc, ni Alcampo, ni Carrefour vendrán a transformar Senegal: vendrán, se quedarán con los beneficios y se los llevarán al extranjero. Por supuesto, una buena parte de nuestro pueblo seguirá estos beneficios que provienen de África exangüe, y esa es la tragedia de la emigración en cayucos.

Los hechos han fortalecido mi visión. Los hechos pueden contradecir la teoría, pero en mi experiencia personal, esta teoría, esta visión política de la vida que heredé de mis dignos predecesores, sólo ha sido confirmada, mejorada con los hechos de la realidad, trágica, del pueblo senegalés. Luchamos siendo gramscianos, es decir teniendo el pesimismo delanálisis: estamos dando golpes al sistema neo-colonial, pero este sistema neo-colonial no se va a quedar inerte ante nuestros golpes. No aceptará que se le pueda tratar sin miramientos.

Tenemos tanto el pesimismo del análisis de que el neo-colonialismo lo va a hacer todo —el imperialismo va a ser cada vez más feroz para poder aguantar y permanecer—, como el optimismo de la voluntad. El optimismo de la voluntad es saber que, haga lo que haga el imperialismo, haga lo que haga el mal pacto entre el imperialismo y los africanos que aceptan ser sus lacayos, los pueblos pueden ser lo suficientemente fuertes, serán lo suficientemente fuertes, como para poder trascender eso, y finalmente vencer.

Lo ocurrido en marzo de 2021, este levantamiento popular que expresa un hartazgo generalizado de la juventud senegalesa frente a la gestión del país por parte de sus élites, ilustra el equilibrio de poder que usted describe. Durante el mes de febrero, incluso antes del 3 de marzo y de la masificación de la movilización, decenas de militantes del partido Pastef-Los Patriotas, miembros del movimiento FRAPP —entre ellos usted— y varios ciudadanos fueron detenidos y encarcelados por sus actividades políticas. ¿Qué lectura hace usted de la situación en Senegal?

Creo que lo que pasó recientemente fue como una revuelta campesina, una revuelta, no una revolución. Ahora bien, varias revueltas pueden llevar a la revolución. Y una organización como el Frapp está intentando contribuir a lograr esta revolución.

Lo que ha sucedido recientemente son al menos dos cosas. Primero, expresa el hecho de que el neocolonialismo, el imperialismo, tiene miedo porque hay una situación sin precedentes en Senegal. Nunca en Senegal, desde 1960, ha habido un candidato haciendo campaña contra el Franco CFA, contra los AAE (Acuerdos de Asociación Económica), contra las presencias militares extranjeras, digamos contra el sistema neo-colonial. Esta es la primera vez en África, en países anteriormente colonizados por Francia, al menos en África Occidental, que un candidato ha ganado el dieciséis por ciento de los votos haciendo campaña contra el imperialismo. Y creo que el presidente Macky Sall y el imperialismo saben que si no se hace fundamentalmente nada, el quinto presidente se llamará Ousmane Sonko, [es decir] la victoria de una familia política anti-imperialista. Ellos entienden el peligro, saben que los que luchan todavía tienen mucho margen de maniobra y que los partidos políticos en los que se apoya el imperialismo están mucho más desacreditados. Y este descrédito irá de mal en peor.

Lo segundo que hay que descifrar es que la campaña de sensibilización en Senegal contra el imperialismo ha dado un salto hacia adelante. Esta forma de salir a la calle, de movilizarse, no tiene precedentes en Senegal, es inaudita. Y ese es el resultado del trabajo al que han contribuido varias organizaciones; las llamadas organizaciones nacionalistas, patrióticas, panafricanas y anti-imperialistas.

Nosotros, al crear el Frapp, dijimos: “queremos ayudar a poner las cuestiones de soberanía en el centro del debate político, económico y social: soberanía económica, monetaria, pero también popular, democrática”. Hay que transformar radicalmente la relación entre África y el resto del mundo; que África deje de ser el queso del resto del mundo. Pero también es necesario transformar las relaciones entre los pueblos, los ciudadanos y las élites que llegan al poder. Tenemos estados que son rehenes de funcionarios electos, que no son servidores debido al sistema político.

Creo que en democracia el pueblo es quien elige: o en las urnas o en la calle. Para mí, cuando el pueblo burkinabé derroca a [Blaise] Compaoré del poder [en octubre de 2014], es democracia. Pero para mí también, si sucede que un pueblo expulsa a Macky Sall y elige a un panafricano en las urnas, eso es lo que prefiero, nos evitaría tener muertos.

Pero todo el mundo sabe que una clase como clase nunca abdica. Un miembro de una clase puede cometer el suicidio revolucionario, por hablar como Amílcar Cabral. Pero una clase como clase nunca se suicida. La burguesía burocrática parasitaria senegalesa, sometida al imperialismo en general, nunca aceptará con gusto que Senegal caiga en el campo del panafricanismo, del anti-imperialismo. La Francia imperial nunca permitirá que sus antiguas colonias salgan de su dominio. Senegal es el “escaparate democrático” de la Françafrica; Costa de Marfil es el “escaparate económico” de la Françafrique.

Somos pilares de la Françafrique. Si uno solo de estos dos países sale, la Françafrique se desmorona, el Franco CFA se desmorona. Ésta es la apuesta. Por lo tanto, organizaciones como Pastef o Frapp son un peligro. Francia, el imperialismo en general, ve que este dominio se le escapa. Y todos estos últimos años, ustedes han escuchado a la Francia institucional, y a sus agentes en términos de prensa, decir: “hay un sentimiento anti-francés”. En realidad, esto no es unsentimiento anti-francés, es un sentimiento anti-imperialista. ¿Qué país no quiere ser libre? Sí, tenemos un profundo anhelo de libertad. No para oprimir a otros pueblos, a diferencia de Francia o Estados Unidos. Porque Estados Unidos fue oprimido y expulsaron a Gran Bretaña, pero luego oprimió al resto del mundo; Francia oprime al resto del mundo.

Un anti-imperialista, un panafricano consecuente, es aquel que quiere ser libre, soberano, pero no para oprimir a los demás. Al contrario, trabajar para que los demás sean libres también. Malcolm X explicó que cuando el negro comienza a tomar conciencia, el primer paso es odiar al blanco. Cuando las poblaciones también comienzan a ser anti-imperialistas,odian los aspectos externos: de ahí los saqueos de Alcampo, Total, símbolos franceses. Es el mismo proceso. No está mal, pero hay que elevar rápidamente la conciencia al nivel exterior para entender que hay blancos que están tan oprimidos como los negros, que es el mismo sistema y es precisamente necesario rechazar la división, la manipulación de colores —si puedo decirlo así— de sentimientos religiosos, étnicos, confesionales o nacionales, para fragilizar y dividir a los trabajadores y a los pueblos en lucha.

Cuando las voces normales, ordinarias, convencionales ya no logran contener a los trabajadores y a los pueblos, para hacerlos aceptar su opresión, los opresores —si se estudia la historia de la humanidad— siempre han llegado, en el último momento, a utilizar la división con la manipulación de sentimientos étnicos, religiosos, confesionales y del color de piel con el fin de que se llegue hoy a evitar que la gente mire hacia el neo-colonialismo y que el peul venga a decir: “eres tú, el wolof, la causa de mi situación”; que el sereer utilice al joola como chivo expiatorio. Es por eso que alguien como Karl Marx dijo una vez a los trabajadores blancos: “el trabajador blanco nunca se emancipará mientras el trabajador negro esté oprimido”.

El imperialismo y sus secuaces locales, es decir, la burguesía burocrática dirigida por el presidente Macky Sall, van a maniobrar. Creo que los clérigos de alguna manera salvaron a Macky Sall. Si no hubiera sido por eso, no habría pasado una noche más en Senegal. Pero con la revuelta de marzo, es la primera vez en mucho tiempo que un pueblo africano de uno de los estados anteriormente colonizados por Francia bloquea a la burguesía burocrática gobernante contra un oponente.

Mira lo que pasó en Costa de Marfil o Guinea. Las voces de la revolución, liberación o emancipación son insondables. Quizás ese fue el tráiler de la próxima lucha que será mucho más importante. Para mí, lo que sucedió recientemente es una etapa de la larguísima lucha del pueblo senegalés, que comenzó con Lamine Arfang Senghor, para no ir más lejos aún, y la década de 1950 con lo que siguió, el período de la clandestinidad. Esta es la enésima etapa. Y hay razones para tener esperanza en este pueblo y en esta juventud.

A principios de marzo, la calle senegalesa fue el escenario de milicianos armados persiguiendo a manifestantes y de miembros de las fuerzas de seguridad disparando munición real contra la multitud, lo que recuerda los métodos violentos del partido único de hace 50 años, la censura de prensa, el encarcelamiento de disidentes, la intimidación de funcionarios. Además de cientos de heridos, catorce personas murieron en menos de una semana. También se han mencionado muchos testimonios escalofriantes sobre las condiciones de vida en las cárceles. ¿Qué puede decirnos sobre la represión política en Senegal hoy?

Para empezar, decir quizás que a menudo escucho a la gente decir que Senghor nos legó un estado. Precisamente, las represiones a las que se refiere usted demuestran que Senghor nos legó un estado, pero un estado neo-colonial. Y para que haya un estado neocolonial con cimientos sólidos, era necesario pasar por esta represión: tenía que “reducir la resistencia a su forma más simple”. Esto es a lo que el presidente Senghor se dedicó incansablemente. Creo que tenía el mejor perfil para seguir haciendo de Senegal un little Paris; para perpetuar los acuerdos de cooperación; para que nuestra Constitución sea gemela de la Constitución francesa; para no tocar el franco CFA; para que nuestro idioma oficial sea el francés y que se siga, desde la cuna, dominando el espíritu de los senegaleses.

Francia necesitaba irse para quedarse mejor. Cuando vemos por lo que estamos pasando, uno tiene la impresión, incluso si hoy en día existen las redes sociales y todo eso, que nada o poco ha cambiado. Estamos casi en las mismas disposiciones, en los mismos contextos que en los años 1950-1960. En la década de 1950, hubo quienes dijeron “sí a la independencia” y quienes dijeron “no a la independencia” o que todavía era necesario permanecer en el redil de Francia. Incluso hoy en día, hay quienes dicen “Francia ¡lárgate!”, “Alcampo ¡lárgate!”, que hay que salir del franco CFA y quienes dicen que el franco CFA es una buena moneda.

Sí, en el marco de nuestras acciones, nuestras actividades y nuestras luchas, enfrentamos actos de represión que recuerdan lo que vivieron nuestros predecesores décadas atrás. Para empezar, suele ser muy difícil obtener autorizaciones de manifestación. De hecho, es como si todo estuviera hecho para hacernos invisibles e inaudibles; Es una especie de clandestinidad forzada, a través de la instrumentalización de los distintos prefectos que se niegan rotundamente a autorizar nuestras manifestaciones. Nos ha pasado que nos inviten poblaciones de ciertas localidades de Senegal, por ejemplo Ngadiaga donde hay pozos de gas —que además se habían incendiado—, y me sorprendió escuchar al subprefecto de la localidad decir que tenían que pedirle su autorización para invitarme y que él la daba antes de que yo pudiera venir. Ya no es la participación en una manifestación prohibida lo que le pone a uno bajo custodia o le lleva a prisión, sino el simple hecho de llevar una carta a la prefectura para informar al prefecto de una manifestación, quien se toma la libertad de prohibir o no.

En las comisarías también eres víctima de muchas otras cosas. Recuerdo que los funcionarios de la prisión me abofetearon con rudeza. Llegué al juzgado, el guardia que estaba realizando el cacheo me dijo: “Guy Marius, otra vez de vuelta. De verdad que eres un idiota”. Y cuando le dije que él “era mucho más tonto que yo”, me dio una bofetada en toda la cara. En una de las celdas de la comisaría central, en la que a veces nos hacinan, para orinar, metemos el pene en la misma botella. Pero entendemos que una de las funciones de las fuerzas de defensa y seguridad en una neo-colonia como Senegal esasustar a la gente. Y por lo tanto, a los resistentes hay que someterlos a tal trato que ya no quieran resistir, que abdiquen, que tengan miedo, que sus padres y su familia tengan miedo. Se suele oír que se tortura a camaradas. La más reciente es uno de los manifestantes detenidos los días 8 y 9 de febrero de 2021: lo sacaban de su celda en la comisaría central para llevárselo arriba, y allí le daban patadas en los testículos.

En 2021 la policía senegalesa amenaza, mediante comunicados de prensa, a quienes la acusen de tortura. Por eso, en el mismo sentido, incluso los ciudadanos de a pie que no son resistentes, o que son detenidos en un marco diferente al de la resistencia, son víctimas del hecho de que nuestras fuerzas de defensa y seguridad son neo-coloniales, herederas de la Francia colonial. Es así como debemos entender que un ciudadano como Papa Sarr, acusado de simple robo de un carnero, sea torturado en la comisaría de Thiaroye, con disolvente vertido sobre él; electrocutado, se queme y muera como una momia con sus heridas y vendajes en el hospital [en julio de 2018].

Así, ustedes entenderán también que el ciudadano senegalés Seck Ndiaye sea encontrado [muerto] en su habitación, golpeado por cinco policías [en junio de 2018] o que el ciudadano Abdoulaye Timera sea atropellado por un coche de policía en Allées du Centenaire (Alameda del Centenario) [en abril de 2018]. Y hasta ahora, para todos estos casos y otros, no hay justicia, no hay verdad, porque hay que tener fuerzas de defensa y seguridad al alcance de la mano que puedan hacer el trabajo cuando sea necesario. Y entonces sancionar a agentes es comprometer mañana cuando se les necesite para disparar a la resistencia.

Trabajé en el hospital regional de Sédhiou, una de las dos o tres regiones más pobres de Senegal, y descubrí con qué sistema, con qué mecanismo los diferentes directores malversaban el dinero. Desde que en 2014 hablé públicamente de ello, me han dejado de lado en el Ministerio de Sanidad. O sea que desde 2014, no tengo una oficina, un lugar para trabajar.

El Estado de Senegal prefiere verme en la calle antes que meterme en una oficina, para evitar que vea cosas que denunciar, pero también y sobre todo para intentar mantenerme en una situación precaria que pueda impedirme reflexionar, pensar y actuar de forma óptima en la lucha anti-imperialista y panafricana. Pero de esto, nuestros dignos predecesores también fueron víctimas, de las mismas cosas. Es decir, son las mismas prácticas, heredadas del pasado colonial, que en realidad no son un pasado, sino hoy más que nunca un presente.

Usted acaba de evocar el anti-imperialismo y el panafricanismo. En línea con esta larga historia de teorización e implementación del ideal panafricano, de los “Estados Unidos de África”, como decía Cheikh Anta Diop, ¿qué visión tiene de ello en este principio de los años 2020?

Creo que hoy, forzosamente para todos los estados africanos y por lo tanto para Senegal, sin soberanía, no habrá salida del subdesarrollo y de la pobreza. En otras palabras, la soberanía es hoy una condición sine qua non, una condición necesaria, para que podamos salir de la situación en la cual el 64% de las pequeñas y medianas empresas (PYME) mueren en Senegal antes de tres años. ¿Cómo se puede solucionar el problema del desempleo cuando la tasa de mortalidad de las pymes senegalesas es tan elevada?
Ser soberano permitirá también zanjar el escándalo de situaciones como la de cuatro mujeresque mueren todos los días de un embarazo o después del embarazo, situaciones como la de sesenta niños menores de cinco años que mueren todos los días por enfermedades benignas como infecciones respiratorias agudas, es decir, tos, resfriado, diarrea, la malaria: son más de 25,000 niños [por año]. En otros lugares, habríamos hablado de genocidio. Sí, el sistema imperialista es genocida. Entonces, tenemos que ser soberanos en Senegal, Gambia, Mauritania, Mali, BurkinaFaso, etc. Tenemos que salir del imperialismo y tener estados que garanticen y aseguren la soberanía monetaria, la soberanía comercial, la soberanía militar: todas las soberanías.

Incluso este idioma que usamos, el francés, tenemos que salir de él. Nuestros hijos, ya sean wolof, jaxanke, bassari, koñagi, puular, joola, sereer, necesitan poder aprender en sus idiomas. Porque un idioma es ante todo una visión de la vida. Al educar a nuestros hijos con una visión diferente de la vida, los convertimos en pequeños franceses. Entonces, en lugar de usar zapatos Ngaay [sandalias de cuero], como los que uso, preferimos usar italianos o franceses. En lugar de comer fondé [papilla de mijo], utilizando nuestro mijo, nuestro sorgo, nuestro maíz, preferimos comer queso camembert. Por lo tanto tenemos que arrancar esta soberanía.

El proyecto de un Senegal soberano, viable y sostenible, sólo se llevará a cabo en una África unida y soberana. ¿Cómo van a poder hacer frente dieciséis millones de ciudadanos senegaleses a trescientos millones de estadounidenses, a un estado con mil millones de chinos o a unos trescientos millones de la Unión Europea? Nuestros microestados no pueden garantizarlo a largo plazo. Personalmente, no seré quisquilloso si Senegal y Gambia y Mauritania, o Senegal y Guinea, deciden hoy tener un estado federal. Si se trata de toda la CEDEAO o de África occidental, también está bien. No debemossubestimar absolutamente nada. El problema es que en los diferentes estados los progresistas no están a la cabeza y no se sabe cuándo lo estarán. Y entonces, no podemos decir: “tenemos que ser cincuenta y cuatro estados para estar unidos”. Por eso creo que todos tienen que luchar, y si todos ganan en su estado, ganaremos en todas partes.

Necesitamos un África soberana, desconectada del FMI (Fondo Monetario Internacional) y del Banco Mundial, de la Organización Mundial del Comercio, de los acuerdos de pesca y otros acuerdos con la Unión Europea, de las presencias militares extranjeras, ya sea francesa o estadounidense. Una unidad africana que pueda tener una política común en materia de empleo, de agricultura, de educación. Una moneda al servicio de la lucha contra el desempleo y que nos permita poner suficientes créditos en manos de nuestros agricultores, y de nuestros empresarios. La gente no puede pretender que “como todavía no han salido los demás, nosotros tampoco podemos salir del franco CFA”.

Una política que permita ceder los mercados, cuando sea posible, a los africanos y no exportar nuestros puestos de trabajo cediendo nuestros mercados a empresas extranjeras. E incluso ahí donde todavía no tenemos la capacidad, firmar acuerdos para que, muy rápidamente, haya una transferencia de tecnología. Pero el pequeño Senegal de dieciséis millones de habitantes, Gambia de dos o tres millones de habitantes, ¿qué peso pueden tener ante estos mastodontes para imponerles una rápida transferencia de tecnologías?

Tengamos cuidado con instituciones como la CEDEAO y otras. Soy de los que piensa que incluso el África Ecuatorial Francesa y el África Occidental Francesa eran la unidad africana. Pero la unidad africana al servicio del imperialismo. No es esta unidad africana —la de una Unión Africana cuya sede ha sido financiada y con los micrófonos escuchados por China, cuyo presupuesto, como el de la CEDEAO, proviene más de la Unión Europea y los Estados Unidos— lo que necesitamos.

Para mí, ser panafricano hoy es necesariamente ser anti-imperialista. Aceptar todo esto no es ser panafricano. Es soloquerer unir a África por dos cosas: al servicio del imperialismo, pero también de las burguesías africanas. Para mí, el afro-liberalismo, con acuerdos como el AfCFTA(African Continental Free Trade Area o Acuerdo de Libre Comercio ContinentalAfricano), no es panafricanismo. El libre comercio es una ley que permite que los peces grandes se coman a los pequeños. Es una vía abierta que da oportunidades en masa a empresas capitalistas occidentales y a multinacionales. Estamos hablando en un contexto de empresas de derecho senegalés, pero es solamente el lugar de creación lo que convierte a estas empresas en senegalesas: el capital y los propietarios ni siquiera son africanos.

Sea cual sea la aplicación de ese libre comercio, será destructiva, dramática y trágica para la mayoría. Trágica como nuestra juventud que muere en el desierto del Sahara, el océano Atlántico o el mar Mediterráneo; como el hecho de que el 54% de la población senegalesa no sabe leer ni escribir; como el hecho de que importamos 64 mil millones [francos CFA] de productos lácteos cada año y exportamos nuestros trabajos a través de esasimportaciones, manteniendo a nuestros ganaderos, sus niños y sus familias en la pobreza; como el hecho de que los que están instrumentalizados para oprimirnos, a saber, la policía, están sobrecargados de trabajo, uno por cada 100.000 habitantes en lugar de uno por mil habitantes.

Para salir de esta tragedia, de este drama del neo-colonialismo, es urgente ser soberanohoy: un Senegal soberano en una África soberana y unida.

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