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“El discurso macrista busca anular la idea de la política como confrontación”

Roque Farrán es psicólogo, doctor en filosofía e investigador del CONICET. Ha escrito el libro Badiou y Lacan, el anudamiento del sujeto y actualmente se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Córdoba. En esta entrevista analiza la constitución del relato macrista y su denegación del conflicto, los límites del discurso kirchnerista y la despolitización de la instancia del voto por parte del FIT. Red Eco Alternativo.
(Ramiro Parodi – Red Eco) Argentina - Estas entrevistas surgen de la imperiosa necesidad de repensar la coyuntura política actual. Hoy más que nunca parecería que hay dos posturas antagónicamente enfrentadas entre “el fin del ciclo kirchnerista” y “el retorno de los ’90”. Ambos discursos están determinados por cuestiones estratégicas y respaldados por los respectivos medios de comunicación hegemónicos que apoyan a cada uno de los candidatos que sostienen estos enunciados. A su vez, la postura presentada por el FIT, más que poner en cuestión estos discursos, parece retomar lo más “verdadero” de cada uno de ellos para criticar a ambos candidatos y llegar a la conclusión de que “Macri y Scioli son lo mismo”.
Estos bloques de sentido, que parecen no presentar fisura alguna, merecen que busquemos sus aristas y esa es nuestra propuesta. Con la imposibilidad de escaparle a la toma de posición, pero no por ello dejar de pensar críticamente, nos proponemos desplegar estas entrevistas con distintos pensadores que tienen a la coyuntura entre ceja y ceja. Algunos de los interrogantes que nos inquietan son: ¿el fin de ciclo kirchnerista depende de un triunfo en las elecciones? ¿Si el kirchnerismo fue un acontecimiento político cómo sería posible que retorne el menemismo? ¿Qué tan eficaz son estas dos posturas en un hecho inédito como es un balotaje en la historia de la Argentina? ¿Qué lugar ocupa la izquierda que hace campaña por el voto en blanco? ¿No es necesaria una lectura en términos estratégicos de cara al porvenir?

Ramiro Parodi: ¿Por qué crees que un discurso que fue calificado de “vacío” como el del PRO, resultó, y parece ser que resulta, tan eficaz para interpelar a gran parte del pueblo?
Roque Farrán: Tiene que ver con una nueva construcción de la identidad política de la derecha. La interpelación pasa porque es un discurso que ha sabido captar muchos malestares y demandas de un sector de la sociedad que es el sector más conservador. Lo paradójico (que en realidad no lo es tanto porque es propio de lo efímero del discurso neoliberal) es que utilice la palabra “cambio” cuando en realidad es básicamente aplicar todas las recetas conservadoras del paradigma neoliberal, o sea volver a instaurar ese esquema de poder y distribución de los recursos.
El discurso de Macri es un discurso claramente orientado por el marketing, es decir, apunta a aquello que la gente “quiere escuchar”. En ese sentido, perdió la primitiva sinceridad que tenía en la que se reconocía que era un candidato de derecha que hablaba de lo que iba a hacer concretamente. En estos últimos tiempos se dio cuenta que no tenía que decir lo que iba a hacer y empezó a decir lo que le aconsejaban que tenía que decir para llegar a canalizar todos esos malestares respecto a la confrontación y a la valoración de las medidas de gobierno.

R.P: ¿En estos términos vos entendés que el discurso de Cambiemos tiene algo de novedoso o es más bien una receta que opera de forma más o menos eficaz en todo occidente?
R.F: Obviamente hay líneas de continuidad, un lenguaje común respecto al uso de los medios y al modo de interpelar a los sujetos que consumen esos medios, individuos que no tienen identidades políticas definidas o no les simpatiza la política en un sentido tradicional o transformador. Y que representan a ese sector de la población que algunos califican como “anti-político” pero que en realidad no deja de ser una posición política e ideológica. En ese sentido, sí, hay continuidad de la receta aplicada en muchos países.
La singularidad acá en Argentina tiene que ver no solo con la “anti-política” sino con el anti-peronismo o con el anti-kirchnerismo.  El modo de enunciación de Cambiemos apunta a todos esos signos que distinguen a la política local peronista, en su modulación kirchnerista, y que tienen que ver con un discurso que confronta o que se posiciona ante los Fondos Buitres, Estados Unidos, etc., es decir que asume una posición soberana en distintos planos. Me parece que ese discurso fuerte y confrontativo, asumido como político, es lo que apunta a socavar el neoliberalismo en su versión macrista acá en la Argentina.  Es decir, hacer de la política algo mucho más soft, apelando al consenso y a que “vamos a estar todos bien”; con la liviandad de usar también los símbolos del peronismo (como hacer una estatua de Perón o decir en Córdoba, por ejemplo, que va a hacer El Cordobazo).
Lo que quieren es anular la idea de la política como confrontación, como posicionamiento. Me parece que va por ese lado la singularidad del sujeto que quieren constituir y que interpelan a su vez (una identidad política no muy comprometida y ligada a la lógica del marketing y del discurso empresarial).

R.P: En ese sentido, aparece una suerte de tensión entre quienes sostenían “el retorno de la política” y, por otro lado, hoy vemos la eficacia de la interpelación a esta militancia soft y “anti-política”, donde parecería que “el retorno de la política” se ve desplazada porque la interpelación en términos de “cambio”  y “alegría” parecería ser más eficaz que esa que apela a “la política”.
R.F.: Yo tengo mis dudas acerca de si es eficaz. Aunque sí me parece que hemos retrocedido respecto de ese “retorno de la política” o no hemos sabido transmitir esta “politización” a distintas esferas de la sociedad. Me parece que es un desafío para cualquier movimiento social. La política es básicamente afrontar problemas. Es decir surgen las diferencias y el tema es cómo tratar y trabajar esas diferencias. No es sólo la articulación y “todo es maravilloso” y “todos vamos para el mismo lado”. No, a veces, es todo lo contrario.
La capacidad política de un movimiento se evalúa a partir de cómo da lugar a esas diferencias irreductibles y cómo las soporta. En ese sentido me parece que, ante un momento de peligro en el cual se visibiliza el miedo a perder, surge de vuelta esta “repolitización” de muchos sectores (científicos, universitarios, etc.) donde se sale a militar, a convencer o directamente se toma posición sobre la coyuntura. Eso era algo que no se venía sosteniendo cuando se decía que Scioli “no enamoraba”, es decir que no producía transferencia, en términos psicoanalíticos. No se asumía esto de que el candidato era el proyecto, porque se trata de un riesgo imprevisto, no es algo que puede decirse desde arriba, tiene que darse una coyuntura riesgosa como la actual para que algo suceda. Pero ahí también es donde se ve la capacidad de movilización de un sector político que ha producido algo sustantivo en la sociedad por más que por momentos no se vea tanto.
En cambio la interpelación que produce el discurso de Cambiemos yo la veo como lo que siempre ha estado ahí, latente: el rechazo a la diferencia política. Simplemente ahora tienen un discurso que les permite moverse mejor al apelar a la “alegría” pero todo sin demasiada consistencia, con cero argumentación política.

R.P: ¿Qué te hace pensar la felicitación de Francis Fukuyama vía twitter al macrismo?
R.F.: Es absolutamente lógico, responde un poco a lo que te vengo diciendo. Fukuyama es conocido como quien decretó el fin de las ideologías y me parece que representa cabalmente esta ideología de la “anti-política” y del fin de los relatos. El neoliberalismo produce esa disociación entre un discurso que dice lo que se debe decir (lo que dicen los asesores como Duran Barba) y las recetas neoliberales más crudas y duras que no tienen problema en producir segregación. Lo que uno escucha de los asesores es salvaje.
Por su parte, el kirchnerismo asume esa complejidad de lo político y por ende que hay distintas temporalidades y modos. En el neoliberalismo eso no existe, es tajante. Es la voz de Amo diciendo (como dice Melconian) que no se van a subir más los sueldos y las jubilaciones. La disociación es entre un discurso puro y duro de la economía neoliberal y, por el otro lado, el suave discurrir del discurso del marketing político que acaricia diciendo “lo que hay que decir” en los momentos oportunos.

R.P: Parecería por lo que estás diciendo que esta suerte de batalla simbólica que dio el kirchnerismo en torno al lugar de la verdad en los medios de comunicación sufrió una derrota ya que este discurso vacío que apela al cambio sin definir qué es, en estas elecciones, le ha torcido el brazo.
R.F.: Yo creo que sí, coincido. Me pareció que en un momento, determinado discurso que se presentaba como hegemónico (Clarín y La Nación) tuvo un momento de visibilización (el mejor momento de 6,7,8 y TVR), donde se mostró que los medios no eran la verdad neutral e independiente sino que estaban metidos en la arena política y tenían intereses políticos concretos. Ese momento de inflexión fue interesante porque quedaron descolocados. Pero luego se reacomodaron y al día de hoy sobre todo 6,7,8 quedó prendido de lo mismo y no estuvo a la altura de una nueva reelaboración simbólica que, por otro lado, sí he visto en muchos de los contenidos de la TV Pública, que tiene una enorme calidad. Pero de ahí a que eso incida en el modo en que tienen los sujetos de asumir los discursos de la televisión, eso demanda otra temporalidad, y obviamente no tiene que ver con los tiempos electorales.
La mención a Fukuyama no es casual, creo que estamos viviendo una época “post-fin de la historia” donde no pueden volver los relatos homogeneizantes como los del siglo XX pero sí hay una necesidad de reinscribir modos de subjetivación política en un relato más amplio que los contenga.  Lo que es sintomático es que estos discursos efectistas del fin de la historia, que buscan incidir en subjetividades individualizadas, todavía siguen siendo efectivos.
Sin embargo me parece que siguen movilizando, desde el fondo, las políticas concretas, lo que pasa es que todavía no han decantado en un buen relato y eso se ve a nivel latinoamericano. Yo subí al muro de Facebook y comenté bastante un discurso reciente de (Álvaro) García Linera donde éste trata de dar un mapeo general de la izquierda en la región y el mundo puntualizando cosas que son para debatir y que permiten plantear una agenda en común, algo que nos reúna en la dispersión. Donde podemos entrar a hacer valer distintas diferencias. Me parece que hace falta ese marco común que nos nuclee y nos permita valorar cada medida singular, cada proceso de cambio. Falta darles un significado general a cada medida para poder valorar lo que cuesta tomarlas al interior de estos procesos de cambio real.
Creo que no es correcto desvalorizar a los procesos latinoamericanos actuales desde marcos anacrónicos o desde “lo que se debería haber hecho idealmente”. El debate es mucho más amplio, es un desafío de la época brindar ese marco de inteligibilidad común. Sería un relato más allá de Marx, post-marxista, donde se retomen muchas cosas del marxismo pero yendo más allá. Habría que plantear un escenario en común, compartido en sus diferencias, para poder interpelar a más subjetividades.

R.P: Respecto a García Linera te pregunto: ¿Crees que los límites del kirchnerismo se encuentran justamente en una ausencia total de horizonte político emancipador? Horizonte que sí aparece reiteradamente en el discurso de Linera donde se refiere a una “democracia comunal”.
R.F: Puede ser que no haya explícitamente una interpelación en el relato, como en el caso de Linera, hacia otro tipo de democracia. En general, cuando Cristina trata de descentrarse del lugar del líder eterno y se refiere al empoderamiento, está hablando de subjetivación política, no es solamente cómo cada sujeto se apropia de sus derechos sino que también implica una cuestión más amplia, de conjunto: un modo de asumir que lo que estamos viviendo es un paso hacia una sociedad más justa e igualitaria.
Sí, sigue siendo un déficit en los lenguajes políticos. Quizás los lenguajes políticos del kirchnerismo suelen ser un poco más técnicos, vinculados a las cifras y las mejoras, entonces me parece que también les falta esa conceptualidad netamente política que en el caso de Linera es mucho más potente. Es decir pensar, no desde un relato positivista o épico, en encontrar ese anudamiento donde el pensamiento por la transición del proceso en curso logre ligar las mejoras en las condiciones de vida con una orientación de cambio bien definido, hacia dónde se va. Para mi tiene que ver con cómo relatar, cómo darle consistencia discursiva a algo que es un proceso abierto y contingente. Para circunscribir esa apertura es necesario movilizar muchos conceptos y múltiples registros discursivos, quizás con lo técnico y lo épico no alcanza. Hay que anudarlo desde otro lugar, desde múltiples lugares, ahí la retórica marxista de Linera creo que saca cierta ventaja.

R.P: ¿Por qué crees que el kirchnerismo no logró proponer un candidato que pueda defender una gestión que lo respalde? Es decir, lo que se escucha es que Macri hundió a la Ciudad de Buenos Aires, desde el kirchnerismo no se escucha (porque no lo hizo) que Scioli salvó a la provincia.
R.F: Cuando se plantea la pregunta de lo que diferencia a Macri de Scioli veo que hay una limitación en la formulación de la pregunta misma. El concepto de lo político que se maneja es muy personalista. Se queda en o Scioli o Macri. No me parece que sea interesante pensar sus biografías, más allá de que éstas sean elocuentes.
Justamente lo que creo es que hay que plantear la pregunta por el sujeto, que tiene que ver más con la idea del proyecto o modelo aunque estas categorías también me parecen exiguas. En cambio la idea de sujeto apunta a preguntar sobre nuestros límites, posibilidades e imposibilidades de constitución de ese sujeto político. El cual implica a múltiples individuos, con la posibilidad de abrir nuevas dimensiones, pues se halla en constitución.
Podría haber sido (Axel) Kicillof el candidato quien para mi hubiese sido el mejor. Quizás entendiendo esta temporalidad compuesta de múltiples temporalidades desfasadas y factores es que se puede detectar cómo se decantó en la figura de Scioli. Pero aun así hay que entender que uno está en la coyuntura, y estar en la coyuntura es pensar sobre algo que nos excede y atraviesa. No es que uno tenga un dominio del presente.
Esa dificultad es sintomática en toda Latinoamérica, todos tienen problemas con la sucesión (cómo formar a los sucesores), y para mi tiene que ver con que el retorno de lo político implica que durante mucho tiempo se ausentó y reconstruir esos lazos de formación de subjetividades que sean capaces de constituirse en lugares de tanta presión y responsabilidad creo que también va a llevar su tiempo. Esa multiplicidad de temporalidades que concurren en la coyuntura (Althusser) también es difícil de pensar. No hay un tiempo homogéneo, la sucesión es un síntoma de esa diferencia de temporalidades. En este sentido no es casual que tengamos que elegir hoy entre dos individuos que entraron en escena pública en los 90’.

R.P: ¿Qué opinión te merece la campaña del FIT por votar en blanco? ¿El voto en blanco simboliza algo que luego puede materializarse en votos o militantes?
R.F: Uno de los autores que yo más estudio es Badiou, quien plantea una posición autonomista que llega a descalificar la idea del voto. Yo creo que el voto, como cualquier otra instancia, puede ser politizada y eso no se puede determinar a priori. Hay muchas instancias que pueden ser politizadas: el voto, el estado, la familia.
En ese sentido, algo que me parece pertinente que dice Badiou es que el momento de la decisión política es por sí o por no. Es decir, hay un momento en el que las complejidades se reducen a esa opción disyuntiva (Dice Badiou, por ejemplo: "La igualdad es que cada uno sea remitido a su elección, no a su posición. Es lo que liga una verdad política a la instancia de la decisión, que se establece siempre en situaciones concretas, punto por punto.").
 El pensamiento es complejo y se mueve por múltiples alternativas, pero hay momentos que son cuellos de botellas y que deciden la constitución de un sujeto político. Y hay que asumir esa dicotomía porque eso hace a la responsabilidad política en un sentido ontológico. Responder por algo real que en un momento dado se dirime por un sí o por un no, por un blanco o por un negro, por un candidato u otro. Pero claro que eso no depende de ninguna especulación o cálculo sino de una decisión. En un momento dado elegís estar con uno o con otro.
La frontera y el antagonismo se plantean así, es decir vos podes plantear tus diferencias antes, podes tener miles de diferencias pero llegado el momento hay que decidir. Y me parece que esa instancia es claramente política aunque sea sobre un fondo de indecidibilidad común, donde puede no haber garantías y que incluso quien hayas elegido te traicione, eso nunca está garantizado de antemano. Pero el instante de la decisión no te lo quita nadie, es el instante más político. Para mi votar en blanco o no votar me parece no politizar esa instancia, y en ese sentido sería irresponsable. Es incluso un modo de plantear la política de forma calculista o idealista, de un modo que no confronta con el instante ineluctable de la decisión.

 
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