Iraq, el gran olvidado

Muy pocos fuera del mundo árabe conocen con certeza el alcance del daño que sufre Iraq desde hace diecisiete años como consecuencia de la invasión norteamericana en 2003.

(Waleed Saleh – Público) Iraq - Las tropas de Bush entraron en el país con falsos argumentos alegando que el gobierno de Sadam tenía armas de destrucción masiva y vínculos con Al Qaeda. De forma deliberada y premeditada, el gobernador de EEUU en Iraq, Paul Bremer, desencadenó el desastre en este país desde el principio. Disolvió al ejército y a las fuerzas armadas iraquíes, decisión que provocó una falta total de la seguridad; hundió la economía al paralizarse la industria especialmente la armamentística; decretó la ley de la purga del partido Baaz, que abrió las puertas a miles de asesinatos de exmiembros de este partido; puso las bases del reparto del poder en virtud de las pertenencias religiosas, confesionales y étnicas, creando nuevas estructuras militares y civiles de forma arbitraria; permitió la tortura como sistema contra los opositores con casos ya famosos como el de la cárcel de Abu Ghraib y, en definitiva, el gobierno de Bremer, que duró 13 meses, legisló más de 200 nefastas leyes cuyos efectos permanecen hasta la actualidad. De este modo, Bremer estableció las bases de la corrupción y el caos que acabaron con las estructuras del Estado iraquí. Los sucesivos gobiernos iraquíes desde 2005 aún no han sido capaces de recuperar las instituciones estatales y ponerlas en marcha, por lo que el Estado iraquí puede calificarse como fallido por excelencia.

Iraq, étnicamente está formado en su mayoría por árabes, kurdos, turcomanos y asirios. Confesionalmente, musulmanes (suníes y chiíes), cristianos, sabeos mandeos, y yazidíes. Antes de la invasión del 2003 todos estos grupos convivían con relativa tranquilidad. La invasión acarreó graves enfrentamientos entre las distintas colectividades, y en especial entre chiíes y suníes, dejando cientos de miles de muertos y la ruptura del tejido social que se mantenía durante siglos, situación que sigue amenazando seriamente la estabilidad del país. En 2005 fue redactada la nueva constitución iraquí, que demostró ser una auténtica bomba de relojería. Ha ahondado las diferencias étnicas y religiosas y ha allanado el camino hacia un Estado débil y desestructurado, abriendo las puertas a grupos terroristas como Daesh, Al Qaeda, la Guardia Revolucionaria iraní y Hezbollah.

La Constitución fue redactada en pésimas circunstancias desde el punto de vista político y social. El pueblo iraquí no estaba en condiciones para llevar a cabo esta empresa, pero la administración norteamericana quería sacarla a cualquier precio para presentarla como un logro político propio, particularmente para el consumo interno en EEUU.

El texto fue capaz de reunir a los kurdos, a pesar de sus diferencias ideológicas, lingüísticas y políticas, especialmente entre los dos líderes, Barazani y Talabani. En cambio, consiguió separar y enfrentar gravemente a los árabes entre sí, fomentando el sectarismo confesional. La constitución recogió de forma implícita los argumentos de los líderes políticos iraquíes del momento, avalados por la autoridad norteamericana en el país. Estos argumentaban que el régimen anterior representaba a los suníes y solamente chiíes y kurdos habían sufrido represalias y persecuciones, en contra de los acontecimientos históricos que demuestran que el gobierno de Sadam castigó a todos sus opositores, sin fijarse en sus pertenencias étnicas y confesionales. Miles de suníes también fueron asesinados por sus diferencias con el partido Baaz y con el gobierno de Bagdad. Sin embargo, la constitución resaltó solamente algunos hechos de la historia reciente de Iraq que ponen el acento en el sufrimiento de las comunidades chií y kurda, como ocurre en la cláusula D del punto tercero del artículo 138, que menciona expresamente la revuelta del sur de 1991 y la campaña al-Anfal (1986-1989) contra los kurdos.

Una buena parte de los artículos de esta constitución están inspirados en la «Ley de la administración del Estado iraquí» diseñada por Bremer, que beneficia en gran medida a los kurdos, aliados fieles de EEUU mucho antes de la invasión.
El estado de derecho está ausente en esta constitución. Deja gran margen al sectarismo y abraza fraternalmente el partidismo estrecho y ciego, a costa de los derechos humanos y los valores democráticos. Los políticos norteamericanos e iraquíes que han ostentado el poder en este país desde la invasión emplean tales conceptos sin que esto tenga impacto sobre el terreno. Además, el rechazo frontal de la Asamblea Nacional iraquí de la inclusión de un artículo en la constitución que reconociera la legalidad internacional y los derechos humanos, ha abierto la puerta a todo tipo de atropellos y de incumplimientos en relación con estos derechos. Esto realmente ha allanado el camino ante las fuerzas fratricidas y los juicios sumarios sin ningún tipo de garantías ni control por parte de la comunidad internacional. Ha dado luz verde, como ocurre en la actualidad, a organizaciones, milicias y grupos terroristas que siembran el pánico entre sus opositores. Una de las grandes perdedoras de la omisión que hace la constitución de la legalidad internacional, es sin duda, la mujer iraquí, que está siendo tratada como una menor que necesita durante toda su vida el amparo y la tutela del hombre.

Fuente: https://blogs.publico.es/dominiopublico/34194/iraq-el-gran-olvidado/

DMC Firewall is developed by Dean Marshall Consultancy Ltd