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Desmontando el mito de las pensiones públicas de Alemania

Casi la mitad de los jubilados reciben menos 800 euros mensuales en el país más rico y poblado de la UE. El sistema "ya no protege contra la pobreza". Crisis demográfica y bajos salarios son factores clave.

(El Confidencial) Alemania - El 48% de todas las pensiones públicas alemanas están por debajo de los 800 euros mensuales, y el 62%, por debajo de los 1.000. En el caso de las mujeres, las pensiones menores a 800 euros alcanzan incluso el 64% de todas las jubiladas. Un ingreso menor a 969 euros al mes es considerado el umbral que da acceso a la pobreza para hogares unipersonales en Alemania.

Todas estas son estadísticas oficiales del Ministerio Federal de Trabajo y Asuntos Sociales basadas en datos correspondientes al año 2016. El Gobierno federal se vio obligado a ofrecerlas a inicios del pasado julio tras recibir una pregunta parlamentaria de La Izquierda, uno de los partidos que conforman la oposición a la Gran Coalición gobernante (democristianos y socialdemócratas).

Sabine Zimmermann, presidenta de la comisión parlamentaria para Familia, Personas Mayores, Mujeres y Juventud, fue la diputada que hizo la pregunta. La respuesta desmonta el mito sobre las pensiones públicas alemanas especialmente extendido en países del sur de Europa, en los que suele cundir la idea de que en Alemania no hay cultura de compra de una vivienda porque las pensiones públicas son un auténtico seguro contra la pobreza en la tercera edad. Hace tiempo que eso dejó de ser así.

“Lo cierto es que las estadísticas no me sorprendieron”, reconoce la diputada Zimmermann. “El Gobierno federal alemán asegura que en el país sólo hay un millón de personas en la tercera edad que dependen de la ayuda social básica, pero investigadores de la pobreza apuntan que hay casi tres millones de jubilados que podrían solicitar esa ayuda estatal por tener pensiones muy bajas”.

Relativización de las cifras

El gobierno federal de la canciller Angela Merkel relativiza las estadísticas oficiales. Según Berlín, estas no contemplan otras fuentes de ingresos, como los dividendos de acciones, los fondos de pensiones privados o las pensiones empresariales complementarias. Pese a esa relativización, el Gobierno alemán no ofrece datos sobre cuál es el porcentaje de jubilados con bajas pensiones que efectivamente cuentan con ingresos complementarios.

El trasfondo socioeconómico del incremento del número de pensiones insuficientes hace difícil, sin embargo, creer que ese porcentaje de jubilados sea mayoritario en Alemania: el avance del sector económico de salarios bajos (especialmente en el sector servicios), en detrimento de sectores industriales y más cualificados (con mejores convenios colectivos), va estrechamente unido al crecimiento de esas pensiones bajas. La precarización de importantes sectores económicos va ligada a la pobreza en la tercera edad. Y quien ha cotizado poco debido a sus bajos salarios, ¿con qué dinero habría podido comprar acciones o ahorrar en un fondo de pensiones privado?

Incertidumbre y ultraderecha

“El sistema público de pensiones, que cubre al obrero, al funcionario y al millonario, ha sido tan debilitado a través de una serie reformas durante los últimos años que ya no protege contra la pobreza en la vejez”, asegura la diputada de la Izquierda, Sabine Zimmermann. Su partido apuesta por la introducción de una jubilación mínima y solidaria de 1.050 euros mensuales, que debería ser financiada con un impuesto sobre el patrimonio y a través de la obligatoriedad de todos los ciudadanos alemanes, ya sean funcionarios, trabajadores del sector privado o empresarios, de contribuir con sus cuotas al fondo de las pensiones públicas.

La crisis demográfica de Alemania contribuye a ello: si actualmente, por cada ciudadano alemán mayor de 65 años hay tres ciudadanos en edad laboral, en 2050, esa relación será sólo de dos ciudadanos en edad laboral por uno en edad de jubilación. Así lo apunta un estudio de la Fundación Nueva Economía Social de Mercado. Cunde la incertidumbre sobre la viabilidad del sistema público de pensiones alemán.

Así las cosas, y pese a que la llamada crisis de los refugiados ha supuesto un innegable impulso para la joven ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), es difícil no ver que el descontento social generado por un paulatino retroceso del Estado del Bienestar ha alimentado las posiciones xenófobas y ultranacionalistas. Susanne Neumann ve una relación directa entre el avance de la precariedad socio-laboral en su ciudad natal, y el incremento de los votos de AfD: “La calidad de vida en Gelsenkirchen no deja de bajar. Tenemos un alto porcentaje de extranjeros. Se enfrenta a nuestros pobres de aquí con los pobres de fuera”.

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