Red Eco Alternativo ***

Tsipras abandona Syriza

Los acontecimientos se precipitan tras la firma del tercer rescate, que más que un memorándum es el humillante armisticio de una guerra económica en la que el pueblo griego sigue siendo la principal víctima. El presidente del Gobierno Tsipras ha decidido convocar elecciones antes de realizar el congreso de Syriza imponiendo el acuerdo con la troika sin un debate a fondo en las filas de su propio partido, como demuestra la dimisión de Tasos Koronakis, secretario general de Syriza.

(Miguel Urbán - Público.es) Grecia - De esta forma, Tsipras está propiciando de forma indirecta una de las mayores victorias de la troika: la ruptura del proyecto de Syriza como la principal fuerza antiausteridad en Europa.
La estrategia de Tsipras se ha demostrado a la postre equivocada e incompleta. Negociar con un monstruo como la troika no puede abordarse sólo con grandes discursos, grandes propuestas técnicamente realizables y una apelación a una democracia que, en la práctica, es un lenguaje alejado de la tecnocracia autoritaria de los que dirigen esa cosa llamada Unión Europea.
El verdadero objetivo no era llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes sino doblegar a la primera fuerza antiausteridad que alcanzaba el gobierno en un país europeo. Ante esta situación, una estrategia de diplomacia sólo podía aspirar a modificar comas en condiciones establecidas de antemano.
La sabia consigna de Syriza “ningún sacrificio por el euro” advertía de que la prioridad era combatir las políticas de austeridad, y aunque no formase parte del programa la salida del euro, aceptar y responder a las consecuencias de una reacción de la contraparte. Se volvió en contra, como un bumerán, confundir el europeismo griego con la sumisión al euro. Con un referéndum como principal arma de negociación, Tsipras dilapidó toda la fuerza democrática de su pueblo, al no materializarla en decisiones y planes concretos.
Tsipras se ha visto encerrado en un callejón sin salida. Sin más plan que corregir en el papel los planteamientos del Eurogrupo, desconsideró la posibilidad de poner en pie mecanismos de protección del proceso de negociación (moratoria de pago, control de movimiento de capitales, regulación e intervención del sistema bancario). Rechazó apelar a diferentes posibilidades que habrían mejorado su posición en la negociación como podría haber sido una posible reestructuración selectiva unilateral de la deuda ilegítima con el apoyo de los resultados de la auditoría. Tampoco quiso hacerse responsable de idear y preparar un plan que mostrase que iba en serio y que, aunque no fuese su primera opción, mostrase capacidad para gestionar un escenario de desacuerdo (desarrollar una reforma fiscal, emitir pagarés y dinero electrónico mientras se preparaba una nueva política monetaria, poniendo los instrumentos económicos pertinentes para enfrentar un periodo de excepción…). Por último, no avisó a su población sobre las opciones, oportunidades y sacrificios de los diferentes escenarios posibles.
Pero no seamos injustos ni desproporcionados. En Syriza había diferentes planteamientos y Tsipras optó por uno, legítimo, pero erróneo y con fatales consecuencias. Tampoco nos equivoquemos en atribuir injustamente las responsabilidades. Los principales responsables son los que están al frente de esta UE y detrás de ellos el propio diseño del sistema euro. Tsipras no tiene más responsabilidad (ni menos) que la de un político que encarna una estrategia derrotada.
Diciendo esto, tras la derrota hay que evitar profundizarla y por desgracia parece que Tsipras en vez de cambiar la política de los últimos meses, está profundizando en ella. A este respecto, difícilmente cabe caracterizar de error las nuevas decisiones que parece llevar adelante el dimitido primer ministro. En este sentido la convocatoria de las elecciones antes del congreso de Syriza tiene la motivación clara de propiciar una ruptura en el seno del partido evitando una gestión incómoda del debate democrático en el partido y dificultando las opciones electorales de la oposición interna de Syriza, que se ha expresado desde la firma del tercer rescate y que se ha agrupado en la nueva formación Unidad Popular. Esta operación representa una gestión de los tiempos contranatura en lo que a un curso democrático pleno se refiere y parte de la consciencia de que una secuencia diferente haría más difícil reeditar su dirección al frente de la formación. Esa decisión muta la naturaleza de las elecciones, convirtiéndolas en un plebiscito sobre la dignidad de Grecia. Y poca gente votaría en contra de una pregunta formulada así.
El memorándum supone más de tres décadas de política de recortes en una creciente exigencia de superávit públicos primarios, que en 2018 deberían cumplir el objetivo del 3,5%. Aceptar algo así supone el fin de cualquier atisbo de soberanía popular, la muerte de la democracia en Grecia y un escenario de desmoralización que trasciende las fronteras helenas.

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