Un modelo agroecológico y participativo se abre paso en Chile

Un millar de campesinos hicieron realidad un modelo participativo de producción que rescató saberes ancestrales sumando tecnología y conocimientos para responder a la sequía y a la erosión. Sucedió en San Nicolás, una localidad rural de unos 15 000 habitantes que se declaró como la primera comuna agroecológica de Chile.

(Orlando Milesi – IPS) Chile - El proyecto se desarrolló en 15 comunas, el nombre de los municipios en Chile, de seis regiones, todas vulnerables y con bajo índice de desarrollo socioeconómico. Son localidades que van de la región de Valparaíso, al norte de Santiago, hasta la Araucanía, al sur, y conforman una ecorregión mediterránea en este país sudamericano largo y estrecho que discurre entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico.

Una de ellas es la comuna de San Nicolás, en la región de Ñuble, a unos 400 kilómetros al sur de Santiago, que cuenta con 32 agrupaciones campesinas que han alcanzado una alta conciencia ambiental, buscan potenciar sus recursos y promueven un modelo participativo que apuntale un desarrollo sostenible y les permita afrontar el cambio climático.

El proyecto, cuya ejecución culmina este mes de febrero, impulsó justamente un proceso participativo para afianzar el uso sostenible de la tierra y del ecosistema en la ecorregión, mediante la intervención directa de 4500 hectáreas. La inversión total fue de 1,57 millones de dólares, 1,32 millones aportados por el PNUD a través del Fondo para el Ambiente Mundial (GEF, en inglés), y el resto por entidades chilenas.

Fueron 36 las organizaciones ejecutoras junto a otras 61 aliadas, todas del ámbito local, con 928 familias participantes de las 15 comunas involucradas.

Alfonso Jara, presidente del Comité Coordinador Campesino Comunal de San Nicolás, que reúne a las 32 asociaciones municipales, y con un terreno de 4,5 hectáreas, aseguró a IPS que la iniciativa “nos llegó al corazón”.

“Jamás tuvimos un proyecto de esta envergadura. La gente está contenta porque tendrá frutas de las cuatro estaciones”, comentó este campesino de 76 años, antes de enumerar que recibieron ejemplares de 29 tipos de árboles frutales, entre ellos castaños, nogales, olivos, perales, duraznos, manzanos, paltos (aguacateros) y limones.

También se les entregó especies nativas, puntualizó en su diálogo por teléfono desde su hogar, como otros protagonistas de la experiencia que hablaron para IPS desde esa y otras comunas. Él vive en el pueblo de San Nicolás, la cabecera municipal.

“A las organizaciones se les compró un estanque de 3400 litros, un motorcito de un caballo de fuerza y riego por goteo. También construimos una sede multipropósito donde se seleccionarán semillas, frutas y verduras. Agregamos secadores solares para convertir en frutos secos lo que no se vende”, enlistó Jara con entusiasmo.

La última iniciativa, contó, es plantar hierbas medicinales que “procesaremos para remedios (medicinas). Ya encargamos alambiques”. Entre ellas, mencionó a la ruda (Ruta), poleo (Pulegium mentha), menta (Arvensis), matico (Piper aduncum) y éter (Artemisa abrotanum) “que antiguamente usaban nuestros ancestros y queremos rescatar”.

“Nunca el Estado había hecho esto porque los grandes capitales se los entregan a los grandes pues solo ven lo productivo. A quienes exportan madera y fruta. Para nosotros nada, y estamos produciendo maíz, trigo y porotos (frijoles) que son claves para la alimentación de Chile”, afirmó Jara.

El dirigente campesino recordó que su zona “es pobre y de secano por lo que nos urge un programa de riego. Que la gente tenga su pozo profundo para obtener agua para ellos, sus arbolitos y sus animales”.

Necesitan, han calculado, un pozo de unos 30 o 35 metros de profundidad, y cada metro de excavación cuesta 75 dólares. “No es tanto, pero los campesinos no tenemos ese dinero”, explicó.

Chile se ha convertido en las últimas décadas en una potencia agroexportadora, cuyo sector aportó en torno a 5,5 por ciento del producto interno bruto en 2020, pero el peso de la agroindustria “aplasta” a la agricultura familiar y de subsistencia, aunque de ella dependa gran parte de la alimentación de los 19 millones de habitantes del país.

El acceso de las comunidades campesinas al agua también se dificulta, porque el recurso en Chile tiene un régimen de concesiones en el Código de Aguas, que en la práctica lo privatiza y permite que se transe en el mercado, en una situación particularmente grave en las tierras de secano de la ecorregión mediterránea. Este régimen, herencia de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), se pretende que cambie en la nueva Constitución, que saldrá de un proceso ya en curso.

Nota completa: http://www.ipsnoticias.net/2021/02/modelo-agroecologico-participativo-se-abre-paso-chile/

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