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Los monocultivos acosan a proyectos comunitarios de agua en El Salvador

Por casi tres décadas, varias comunidades del sureste salvadoreño han manejado colectiva y eficientemente el agua que consumen, pero los monocultivos y el cambio climático ponen en riesgo su continuidad.

(Edgardo Ayala - IPS) El Salvador - “Esos son los efectos colaterales del cambio climático, además de la deforestación y de los monocultivos,”, dijo a IPS el presidente de la Asociación de Desarrollo Comunal Lempa Abajo, Patrocinio Dubón.

Dubón es oriundo de San Carlos Lempa, un caserío del oriental municipio de Tecoluca donde están ubicadas las oficinas de la asociación, que administra un proyecto de agua comunitario nacido aquí hace 25 años.

Estas tierras costeras, antiguas haciendas de algodón, fueron parceladas y distribuidas a parte de los guerrilleros que recién se habían desmovilizado, tras el fin de la guerra civil salvadoreña, que asoló a este país centroamericano de 1980 a 1992.

Debido a que el uso indiscriminado de agroquímicos en el algodón y luego en la caña de azúcar, había alcanzado los mantos acuíferos, los residentes de San Marcos Lempa desistieron de usar esa agua y en su lugar buscaron una fuente más limpia, y la encontraron en un pozo ubicado a 13 kilómetros más al norte.
Con el apoyo de la cooperación internacional montaron de ese modo este proyecto de agua comunitario, del que ahora se abastecen 26 comunidades cercanas que engloban unas 2.000 familias y que de otro modo tendrían dificultades para tener acceso a agua por tuberías.

Según cifras oficiales, 95,5 por ciento de los hogares del área urbana cuentan con acceso a agua por tubería, pero la cifra baja hasta 76,5 por ciento en el área rural.

Los beneficiarios del proyecto de agua pagan mensualmente 5,65 dólares por 15 metros cúbicos, los necesarios para abastecer a una familia de unas seis personas. Con la instalación de contadores en cada hogar, se puede verificar si ese consumo ha aumentado, y ese costo se agrega a la factura.

Para tener acceso a esta red comunitaria, cada familia debió pagar 389 dólares por la instalación y otros costos del sistema, pero si no contaban con el dinero, los administradores dieron posibilidades de pagar ese monto en seis cuotas.

Actualmente, alrededor de 70 por ciento de los residentes está conectado al servicio, y el resto se abastece de lo servido a los vecinos que sí cuentan con el sistema.

Riesgos para el sistema

Sin embargo, la sostenibilidad del proyecto ahora está en riesgo debido a que los impactos del cambio climático, la deforestación y el monocultivo de la caña de azúcar ha golpeado las cuencas hidrográficas del país, y esta región no es la excepción, contó Dubón.

Para el caso, el pozo del que se abastece San Carlos Lempa, agregó, ha bajado casi tres metros del nivel óptimo en que se encontraba hace unos años, y ello ha obligado a tomar medidas de racionamiento.

“Ya la hemos venido racionando desde hace dos años, la servíamos un día a unas comunidades, y otros días, a otras”, afirmó.

Pero debido a la necesidad que tenga el pozo, a partir de un estudio técnico que pronto se iniciará, “vamos a racionarlo más”.

La industria azucarera, cuya materia primera es la caña de azúcar, es un poderoso sector con influencia en la economía y la política de este país centroamericano de 7,3 millones de habitantes.

La Asociación Azucarera, que aglutina al sector, está integrada por seis ingenios, cuya mayoría accionaria está controlada por influyentes familias salvadoreños del sector agroindustrial.

El rubro azucarero genera unos 48.000 empleos directos, otros 187.000 indirectos y genera más de 186,5 millones de dólares como aportes económicos, según cifras del sector.

Sin embargo, la industria ha estado bajo la crítica constante de grupos ambientalistas debido a la contaminación que implica la expansión del cultivo, ya sea por el uso indiscriminado de agroquímicos, por el excesivo consumo de agua en el riego o por prácticas nocivas para el ambiente.

Entre esas está la “quema” de los cañales durante la zafra, para volver el proceso más eficiente, pues es más fácil y rápido para los miles de braceros cortar la caña con las hojas están parcialmente quemadas.

Pero las quemas traen contaminación al ambiente, y lo más preocupante es el uso intensivo de agua para regar los sembradíos.

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