La violencia en Honduras: un negocio a realizar, no un problema a resolver

Las últimas matanzas ocurridas en el territorio nacional evidencian una vez más que la estrategia de seguridad diseñada y ejecutada por el gobierno, solo ha sido un pretexto para imponer una nueva extorsión denominada “tasa de seguridad”, fortalecer al ejército, militarizar a la sociedad y complacer los berrinches del aprendiz de dictador, como la compra de un avión presidencial y helicópteros, destinados a su seguridad personal.

(Por Jaime Flores - Resumen Latinoamericano) Honduras - No obstante, los recursos tirados a manos llenas con el pretexto de brindar seguridad, el pueblo de a pie continúa en su infierno, totalmente desprotegido y a merced de las bandas criminales que se han apoderado de 244 barrios, colonias y aldeas, según refiere el informe, Caracterización del Desplazamiento Interno en Honduras.
El que los criminales se hayan apoderado de barrios y colonias ha significado para este pueblo imbecilizado por el futbol, las telenovelas y las religiones, que 41 mil familias hayan sido desplazadas forzosamente de sus residencias, afectando a 176 mil personas, de ellos un 43% son niños y niñas.
Un problema gravé es que este gobierno, con post doctorado en corrupción, no mira en la violencia y en la inseguridad un problema a resolver, sino que un negocio a realizar. Esta visión que no es ingenua, deja grandes ganancias; se adquieren vehículos, armas, municiones, cámaras de seguridad y toda otra parafernalia que alguien tiene que proveerla y ese alguien o es un pariente o ese alguien da jugosas comisiones.
Pero con el pretexto de la violencia y la inseguridad, también se mata otro pájaro con el mismo tiro, sirve para la creación de cuerpos élites dentro del Ejército y de la maltrecha Policía Nacional, orientados no al combate del crimen organizado, sino que entrenados y capacitados para repeler la protesta social, asesinar, torturar y desparecer a líderes sociales y defensores de los derechos humanos.
También estos grupos élite son los perros guardianes para desalojar a las comunidades en donde se instalarán las ZEDE o para despojar a las comunidades de sus recursos y entregárselos a empresas o consorcios extranjeros, como es la norma de este gobierno entreguista.
Desde esta visión gubernamental, la inseguridad y la violencia no hay que eliminarla hay que administrarla y encapsularla en los barrios pobres, marginados y excluidos, en otras palabras sólo en donde vive la “chusma”. Que estos barrios y colonias pongan no sólo los criminales, sino que también los muertos, ya que esos nunca han importado, sólo son número rojos en el presupuesto gubernamental y borregos que hay que acarrear a las urnas durante los procesos electorales.
Dentro de esta distorsión en torno a la inseguridad y el combate a la violencia que repetimos, no es ingenua, no conviene que la inseguridad y la violencia termine al contrario, para algunos funcionarios de gobierno, políticos, algunos oligarcas y uno que otro asesino disfrazado de empresario en el negocio de las compañías de seguridad, esta vorágine de sangre y fuego debe continuar.
El horizonte con relación a la violencia y la inseguridad, no se va aclarar, sus negros nubarrones sólo anuncian tempestades y lo más grave que estas las paga y las sufre el pueblo. Los gobernantes y los oligarcas tienen sus propios ejércitos que los defienden, sus negocios no se detienen y sus ganancias continúan. no importando que ese dinero esté manchado con sangre de niñas, niños y ancianos.
Pero lo más gravé es que aquellos que fueron capacitados y entrenados para “defender” al pueblo y que reciben el dinero de la extorsión denominada tasa de seguridad, ahora se dedican a matarlo y asesinarlo a mansalva -que lo digan los garífunas- como lo hacen los miembros de la Policía Militar del Orden Público (PMOP), escuadrón cuasi de la muerte, que depende del Ejército Nacional.

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