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Crece amenaza de hambre en Brasil, agravada por la covid

La inseguridad alimentaria en Brasil, que ya había aumentado 62,4 por ciento de 2013 a 2018 según las estadísticas oficiales, debe agravarse en los próximos meses al sumar efectos de la covid-19 a los desconciertos de la política agrícola.

(Mario Osava – IPS) Brasil - “El hambre se está extendiendo y empeorará por el alza de los precios de los alimentos justo cuando baja el auxilio de emergencia gubernamental” a los pobres que perdieron ingresos durante la pandemia, evaluó el agrónomo Denis Monteiro, secretario ejecutivo de la Articulación Nacional de Agroecología (ANA).

A esa combinación de factores adversos se suma el desmonte de las políticas de apoyo a la agricultura familiar practicado por el gobierno del presidente Jair Bolsonaro, acotó a IPS. Se trata de un sector reconocido como fuente de 70 por ciento de los alimentos consumidos nacionalmente.

La ayuda oficial que benefició a 67,2 millones de trabajadores informales, cuentapropistas y otros que perdieron ingresos debido al cierre forzado de actividades, pagó 600 reales (unos 115 dólares) mensuales desde abril, en un proceso desordenado en que muchos reciben con retraso o se quejan de exclusión indebida.

Esa suma baja a la mitad a partir de este septiembre para los que ya recibieron las cinco cuotas iníciales. El programa termina en diciembre, incluso para los que recibieron solo parte las nueve cuotas mensuales posibles, cinco de 600 reales y cuatro de 300 reales (57,5 dólares).

A partir de enero, se vuelve a la Bolsa Familia, que beneficia solo a 14 millones de familias con un promedio equivalente a unos 36 dólares, en un país que actualmente alcanza los 212 millones de habitantes.

El gobierno y el legislativo Congreso Nacional aún estudian alguna forma de ampliar esa transferencia de renta, para mitigar el impacto social mientras no se recupera plenamente la actividad económica.

El bajón en los ingresos de casi la mitad de la población brasileña también debe derrumbar la popularidad del presidente Bolsonaro, favorecido en los últimos meses por la distribución del auxilio de emergencia.

Ese beneficio, que evitó una grave crisis social hasta ahora y una recesión económica más grave este año, produjo por otro lado un aumento del consumo alimentos básicos y de materiales de construcción, cuando la producción cayó debido a la pandemia.

Muchas familias aprovecharon el ingreso inesperado para reformar o ampliar sus viviendas.

En las zonas más pobres de Brasil, dentro de la regiones del Norte y del Nordeste, la ayuda fue considerable, el triple de la Bolsa Familia, la transferencia de renta que logró sacar millones de familias de la extrema pobreza desde el inicio del siglo.

Para la “inflación de alimentos” también contribuyeron el aumento de las exportaciones estimuladas por la devaluación de la moneda nacional y las bajas existencias de algunos productos, en consecuencia de la decisión gubernamental de reducir el sistema estatal de almacenaje.

Brasil, que en 2014 salió del Mapa del Hambre, de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), tras reducir en 82 por ciento la cantidad de ciudadanos subalimentados desde el inicio del siglo, retrocedió en los últimos años.

La inseguridad alimentaria afectaba en distintos grados a 41 por ciento, u 84,9 millones de brasileños de la población de entonces, en 2017-2018, según la Investigación de Presupuestos Familiares del IBGE durante ese bienio. En el mismo estudio realizado en 2013 eran solo 25,8 por ciento.

En el estado más grave, de hambre o carencia de alimentos, eran 10,3 millones, es decir cinco por ciento de los 207 millones de habitantes del país entonces.

La agricultura familiar sufre un creciente deterioro de los programas de fomento. La tendencia se intensificó con el veto que el presidente Bolsonaro impuso el 25 de agosto a casi todo el proyecto de ley aprobado por el Congreso que fomentaría la producción alimentaria durante esta crisis sanitaria.

De esa forma los pequeños agricultores, más de cuatro millones de familias en el país, quedaron sin compensaciones por las pérdidas causadas por la pandemia y sin recuperar los niveles anteriores de programas de fomento que beneficiarían poblaciones más vulnerables al hambre.

El Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), que desde 2003, compra la producción de agricultores familiares para destinarla a instituciones de asistencia social y poblaciones en situación de inseguridad alimentaria.

Del equivalente a 190 millones de dólares reclamado por los movimientos campesinos, el gobierno solo aprobó la mitad como presupuesto para este año y deberá liberar solo una parte de esa suma, lamentó Monteiro.

El Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE), que exige de las escuelas destinar por lo menos 30 por ciento de su presupuesto de compras a los agricultores familiares, está prácticamente paralizado a causa de la pandemia.

Nota completa: http://www.ipsnoticias.net/2020/09/crece-amenaza-hambre-brasil-agravada-la-covid/

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