La violencia escala contra miles de manifestantes que desafían a los militares en Myanmar

Decenas de miles de personas protestan en las calles de las principales ciudades del país contra el golpe militar. Una mujer está en estado crítico como consecuencia de la violencia policial.

(El Salto) Myanmar - Decenas, sino cientos de miles, de personas están protagonizando la resistencia civil al golpe militar que ha tomado el control de Myanmar desde el pasado 1 de febrero. El bloqueo de las redes sociales del imperio Zuckerberg —Facebook, WhatsApp e Instagram— parcialmente levantado desde el domingo, no ha impedido que las masas se concentrarán en las grandes y medianas ciudades del país antes conocido como Birmania.

Rangún, la ciudad comercial por antonomasia y la capital Naipyidó, han visto cómo se sucedían las protestas al mismo ritmo que las fuerzas de seguridad escalaban el uso de armamento menos letal: gases lacrimógenos, cañones de agua y balas de goma, durante unas cargas que ya han dejado a una mujer en condición crítica por un disparo de bala.

En Loikaw, capital del Estado de Kayah, un numeroso grupo de policías se ha unido a los manifestantes en protesta contra el golpe que ha otorgado el poder omnímodo en el país al general Min Aung Hlaing. Las deserciones de policías han goteado en otros puntos del país.

La agencia internacional Reuters ha publicado ayer, 9 de febrero, un extenso reporte sobre las circunstancias del golpe que ha depuesto de la jefatura del Ejecutivo a Aung San Suu Kyi, líder de la Liga Nacional para la Democracia, presidenta desde 2015 hasta el 1 de febrero y vencedora de las elecciones de noviembre con rotundidad.

La pieza de Reuters, firmada por Poppy McPherson, abunda en detalles sobre los preparativos del golpe, la percepción de Aung San Suu Kyi y su entorno de que iban a ser arrestados o debían emprender el exilio y la determinación de la presidenta de no revisar —como le pedía el ejército— el resultado electoral de noviembre.

“A las 3 a.m. del lunes 1 de febrero, el ejército comenzó a detener a los ministros del gobierno, legisladores, escritores, cineastas y activistas”, explica McPherson. Solo después se declaró el estado de excepción, en base a una salvaguarda que las fuerzas armadas incluyeron en la Constitución de 2008.

Suu Kyi sigue detenida oficialmente hasta el 15 de febrero por el cargo un tanto bizarro de la importación ilegal de seis walkie-talkies. Mientras, las protestas se suceden en un desafío abierto al toque de queda impuesto por la Ley Marcial vigente en el país.

Tres personas permanecen hospitalizadas y siete han resultado heridas, ante lo que la ONU ha pedido el cese de la represión violenta de las protestas. 190 personas han sido detenidas desde el golpe de Estado.

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