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Apps de delivery: una ley contra quienes te llevan la comida a casa

La Legislatura porteña tratará mañana un proyecto que regulará la actividad de quienes trabajan para firmas como Glovo, Rappi o Pedidos Ya. Nada bueno para ellxs: lxs llena de obligaciones que, en realidad, son de las empresas.


(Por Cosecha Roja) Ciudad de Buenos Aires - Este jueves se trata en la Legislatura un proyecto para regular las apps de delivery. Si tenías la esperanza de que eso iba a mejorar la situación de los repartidores, te vas a desilusionar. El proyecto hace que caigan sobre los trabajadores obligaciones que tendrían que tener las empresas.

“Vamos a tener que anotarnos en un registro y los costos van a correr por cuenta nuestra. También piden que tengamos una vestimenta que va por cuenta propia y plantea multas si no cumplimos”, dijo a Cosecha Roja Maxi, que forma parte de ATR (Asociación de Trabajadores de Reparto) y trabaja con su bici en Glovo unas 12 horas diarias para ganar 25 mil pesos al mes.

La ficción del colaboracionismo

Las empresas llaman a sus trabajadores “colaboradores”. Para ser parte de una app les pide un mínimo de horas y una factura, que deben presentar cada 15 o 30 días. “El proyecto cristaliza la precariedad laboral. El mito de que estas plataformas existen solo digitalmente colabora con la distorsión de sus funciones de lucro con ventas y repartos”, dijo a Cosecha Roja Juan Ottaviano, abogado de la Asociación de Personal de Plataformas.

“La idea de lo digital ayuda a que los trabajadores no tengan derechos y pasen como personas motivadas en hacer un extra a sus ingresos. Aunque trabajen una cantidad de horas que los convierte en trabajadores a tiempo completo”.

El registro de los explotados

El proyecto que presentaron lxs legisladorxs de Vamos Juntos Cristina García de Aurteneche y Marcelo Guouman propone que para trabajar se anoten en un registro por su cuenta. De esa forma, la responsabilidad sigue del lado de lo repartidores y no de las empresas.

“Además de todas las desprotecciones que sufren tendrían que registrarse ante una autoridad de aplicación. Es evidente que los repartidores trabajan para las plataformas, no son autónomos, cumplen una función de reparto que no quedaría reconocida como tal”, dijo Ottaviano.

La ley también obliga a que los trabajadores tengan un domicilio físico en Ciudad de Buenos Aires si quieren trabajar en la Ciudad, lo que deja afuera a un montón de personas que viven en conurbano. ¿Cuántos son? No se sabe: gracias a la precariedad no hay conteos oficiales.

Las app no son redes sociales, son empresas

Las app tienen domicilio fiscal en Argentina y podrían contratar a los trabajadores como lo que son, pero al crear la ilusión de ser “apps colaborativas” el sentido de lucro pasa a segundo plano. La realidad es que son empresas que tienen sedes físicas, capitales integrados, dueños, empleados y están inscriptas en la IGJ. Legalmente Glovo se llama KADABRA S.A.S., Rappi es RAPPI ARG S.A.S. y Pedidos YA es REPARTOS YA S.A.

Cuando un pedido entra por la app, triangulan entre el local y un usuario-delivery que esté geolocalizado cerca. Esta triangulación tiene un costo y tanto los comercios como los repartidores cobran entre los 15 y 30 días posteriores. Mientras tanto, la aplicación dispone del dinero para hacer lo que desee: invertir en acciones, por ejemplo, y generar un capital a costa de terceros.

Trabajar hasta caerse

Los trabajadores tienen que cumplir un mínimo de horas para ser “colaboradores” de las app. Pero no hay un máximo prefijado. “Ya se naturalizó ver un compañero con la mochila tirado porque lo pasó por arriba un auto. Hay días en los que uno termina trabajando 14 o 16 horas para llegar a la canasta básica. El cuerpo se cansa y hay más posibilidad de tener accidentes”, dice Maxi.

Esenciales despreciados

Con la cuarentena hay un boom de las app, ya que conectan una necesidad básica con un servicio. “Hay una sensación de que nos estamos llenando de plata, pero la realidad es que tenemos el mismo trabajo y ganamos lo mismo, porque las distancias y lo que tardamos no cambió”.

“No solo que no aumentan hace dos años nuestra paga, sino que ahora nos quitaron el plus del 30 por ciento que nos daban si trabajábamos bajo la tormenta”, dice Maxi.

Con ley o sin ley el 1 de julio se van a sumar al paro internacional de deliverys, una movida que se está promoviendo desde las redes sociales para que por un día quede subrayada la importancia de su trabajo.

 

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