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Tiempo Argentino: un recorrido

En la madrugada del 4 de julio una patota encabezada por el empresario Mariano Martínez Rojas entró al edificio que comparten Tiempo Argentino y Radio América y destrozó el lugar. Un caso de censura directa a la libertad de expresión sobre un medio que decidió auto-gestionarse ante la falta de respuesta del Estado. Red Eco Alternativo

(Ramiro Parodi – Red Eco Alternativo) Ciudad de Buenos Aires

Antecedentes

Tiempo Argentino debió tomar la forma de una cooperativa a raíz de los conflictos que atraviesa desde diciembre de 2015. Desde ese momento los trabajadores no cobraron sus salarios ni el aguinaldo del segundo semestre. A su vez, comenzaron a producirse una serie de despidos en todas las redacciones que tenía en el país. A raíz de esto, los trabajadores hicieron pública su situación a través de marchas y comunicados en el mismo diario. Afirmaban que se estaba perfilando un vaciamiento del diario que ponía en riesgo la situación de todos los trabajadores.

Tanto Tiempo Argentino como Radio América pertenecían al Grupo 23 cuyos propietarios eran Sergio Szpolski y Matías Garfunkel. Dicho multimedio fue el que más se vio beneficiado por la pauta oficial durante el 2009 y 2015, período en el que recibió más de 800 millones de pesos por parte del Estado Nacional.

A raíz del cambio de gobierno la principal fuente de financiamiento del Grupo 23 (la pauta oficial) se cortó y los conflictos laborales se intensificaron. A fines de enero de este año el empresario Mariano Martínez Rojas señaló que había adquirido tanto Radio América como Tiempo Argentino. En una entrevista al diario Perfil dijo que había desembarcado con un grupo inversor norteamericano en la compra de medios de comunicación. En ese mismo intercambio, respecto a Tiempo Argentino, el empresario correntino afirmó: “Busco una tirada nacional de acá a dos meses, no que el diario desaparezca.” Sin embargo, a poco tiempo de reunirse con los trabajadores del diario decidió no sacarlo más a la venta. Así el reclamo se dirigió al gobierno nacional el cual tampoco dio ninguna respuesta al respecto.

Ante esa situación los trabajadores de Tiempo Argentino decidieron auto-organizarse, realizar una toma pacífica del edificio y continuar con la tirada del diario. Según los trabajadores, entrevistados por Antena Negra TV, canal que integra la Red Nacional de Medios Alternativos, la decisión de seguir publicando el diario no solo se inscribe en la necesidad de seguir manteniendo los puestos de trabajo sino también en incluir una voz disidente en un marco donde la pluralidad de opiniones brilla por su ausencia en los medios.

El ataque a la redacción

A la una de la mañana del 4 de julio una patota integrada por 20 patovicas y Mariano Martínez Rojas ingresó a la redacción de Tiempo Argentino. Una vez allí destruyeron herramientas vitales, robaron insumos informáticos, rompieron cerraduras y mampostería. Siete horas después salieron por la puerta que ellos mismos habían forzado, pero, en esta oportunidad, custodiados por la policía quienes únicamente se limitaron a tomarles los datos sin detener a nadie.

Algunos periodistas llegaron al rato, en palabras de Alejandro Wall, trabajador del diario: “La policía no nos dejó entrar a nosotros, tuvieron una actitud pasiva. La policía les tomó los datos y luego los dejó ir.” En la misma entrevista, realizada por Reinaldo Sietecase, Wall confirmó que la patota entró con Martínez Rojas a la cabeza: “un grupo de matones ingresó por la puerta de Radio América, redujo a la guardia privada y tomaron la redacción del diario. Nosotros vinimos para el diario, nos quedamos en la puerta y vimos cómo se estaban rompiendo cosas. Ellos estaban con Mariano Martínez Rojas”.

Una vez adentro la patota, se encontraron con Norma Fernández y con Gabriel Agüero, que estaban en distintos pisos del diario resguardando las herramientas de trabajo. En ese momento los amenazaron y los forzaron a irse. Más tarde, quien sufrió la arremetida de los patovicas fue Nahuel de Lima, trabajador que posee una discapacidad motriz y fue arrastrado tres pisos por escalera luego de ser despertado a los golpes.

Ante esta situación, la pasividad de la Policía Federal (no la policía Metropolitana a pesar de que la redacción queda en Capital Federal) fue notable. Ante el pedido de intervención de los más de 15 trabajadores del diario, que se encontraban en ese momento bajo la lluvia afuera de la redacción, la policía señaló que la Fiscalía Contravencional Nº 6 a cargo de Verónica Andrade les había ordenado esperar. Cuando finalmente la policía decidió entrar, los patovicas respondieron con gas pimienta y polvo de matafuegos.

Por el tipo de destrozos que se produjeron es fácil intuir que la patota tenía como objetivo impedir la salida del diario. Se destruyeron la oficina de sistemas, se sustrajo un disco rígido y se cortaron las conexiones al servidor local del diario.

El estado nacional se solidarizó con los trabajadores del diario a través de sus redes sociales. Mientras que Martínez Rojas fue imputado de los delitos de usurpación y daños.

Voces de los trabajadores

Randy Stagnarom, periodista de Tiempo Argentino, señaló a Resumen Latinoamericano, “ante esta nueva agresión sufrida por los trabajadores y trabajadoras del diario y de Radio América, vamos a sacar mañana martes una edición especial de 16 páginas donde además de dar información sobre lo ocurrido con las instalaciones que fueron destrozadas por una patota, también reseñaremos las importantes muestras de solidaridad que recibimos”. Calificó a Martínez Rojas de “patovica que se hace llamar empresario y se mueve acompañado de barrabravas que actuaron como un auténtico grupo de tareas (como en la época de la dictadura militar)”. Según el delegado, lo que se intenta es que el diario no salga “pero no nos van a amedrentar y además del “especial” de mañana vamos a editar el diario del domingo como siempre”.

Stagnaro subrayó que “nosotros sospechamos fuertemente que detrás de Martínez Rojas están Szpolski y Garfunkel y además la connivencia de una parte del gobierno de Macri. Un empresario que compra un medio o cualquier empresa, demuestra inmediatamente que es el dueño y comienza a discutir con sus trabajadores como va a ser todo de allí en adelante. Martínez Rojas jamás demostró que era el dueño y por eso pensamos que detrás de él puede estar la mano de quienes de un día para el otro nos dejaron sin trabajo”.

A su vez, María del Carmen Verdú, abogada de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) apuntó: “Lo que interpretamos desde Correpi es que esto ha sido un claro intento de, a través de la acción de esta patota y de la presencia del provocador Martínez Rojas, al igual que ocurrió en la planta transmisora de Radio América, forzar la salida de los trabajadores del lugar para neutralizar lo que más les molesta, no solamente al empresario sino fundamentalmente al propio gobierno, que es la existencia de un diario que es la voz y la palabra de los trabajadores, sin intermediación, y que además viene dando cuenta de su propio conflicto y del conjunto de los conflictos de los trabajadores de prensa y de los trabajadores en general.”

La palabra de Martínez Rojas

El empresario habló con Perfil.com y su opinión de los hechos dista mucho de lo señalado por los trabajadores: “Me agredieron, me rompieron todo el edificio, tuve que salir yo de mi propia empresa. Los que entraron con patota fueron los de La Cámpora".

Los trabajadores de Tiempo Argentino han cuestionado la propiedad de Martínez Rojas sobre el diario. Opinaron que si bien Szpolski y Martínez Rojas les confirmaron personalmente la transferencia ellos jamás vieron ningún documento. Sobre esto el empresario sostuvo que “el diario es mío, la marca también, así como la empresa. Ellos (los trabajadores) se despidieron hace 3 meses. Es una cooperativa clandestina. No es una empresa en recuperación".

Cierre..o inicio

El conflicto que desde 2015 está atravesando Tiempo Argentino representa un nuevo caso de censura a la libertad de expresión. La libertad de expresión pende de un hilo si únicamente depende de la pauta oficial o de los intereses de los empresarios.

Los casos de censura a la libertad de expresión han crecido desde que asumió el gobierno de la Alianza Cambiemos. El sector de trabajadores de prensa ha sufrido una gran cantidad de despidos mientras que distintos medios, como Revista Barcelona o Antena Negra TV, han padecido medidas que atentan directamente contra sus intereses periodísticos.

En este contexto los trabajadores de Tiempo Argentino han dado otra muestra de la potencia que se encuentra en el seno de las organizaciones auto-gestionadas. Con un alto nivel de profesionalismo han logrado mantener la tirada del diario y los puestos de trabajo a pesar de la infinidad de contratiempos que han atravesado. Sin depender de la pauta oficinal o de los intereses de los dueños de los medios también se puede hacer periodismo.

Crónica completa del ataque

Foto: Tiempo Argentino

 

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