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Gauchito Gil: el santo y héroe popular

Cada 8 de enero miles de personas se acercan a algún santuario del Gauchito Gil para hacerle un pedido, agradecer o pagar una promesa. La transición de Antonio Mamerto Gil a Gauchito Gil es también una reapropiación simbólica del modo de vida de los “mozos vagos y mal entretenidos”. Red Eco Alternativo.

(Ana Cáceres - Red Eco) Argentina - Antonio Gil
Antonio Mamerto Gil nació en Pay Ubre, cerca de Mercedes, en la provincia de Corrientes, y vivió entre 1840 y 1870. Fue un trabajador del campo y participó tanto de la guerra del Paraguay como en los enfrentamientos entre “azules” y “colorados”.

Desertó de las filas para la que había sido reclutado después de haber tenido un sueño donde se le apareció Ñandeyara, dios guaraní, ordenándole no pelear más ni derramar sangre de los inocentes.

Se le atribuía una personalidad noble y era considerado un justiciero por el hecho de robarle a los ricos para repartirlo entre los pobres.
Antes de ser degollado por un comisario, Antonio Gil le dijo a su verdugo que al llegar a su casa encontraría a su hijo enfermo porque la sangre de un inocente redime la de otro, y para que su hijo sanara debía invocarlo y darle un entierro digno. La predicción se cumplió y el comisario hizo lo que el Gauchito había dicho.

La demonización del gaucho
Durante el siglo XIX en el Noroeste argentino, así como en otras zonas rurales, se concedieron tierras estatales a las familias ricas de la oligarquía rural. El “proyecto modernizador” se imponía contra el modo de vida de los gauchos y estos, al resistirse a los cambios, eran acusados de vagos e incapaces de mantener la disciplina del trabajo.

“Ante los riesgos que el modo de vida tradicional de gauchos pobres como Antonio Mamerto pudiera representar, el gobierno de Rosas aprobó una legislación represiva, por medio de la cual la ociosidad se tornó crimen pasible de condenación. Al criminalizar el modo de vida del gaucho, la legislación pretendía transformar a los llamados ‘mozos vagos y mal entretenidos’ en individuos disciplinados para el trabajo de estancias” (Viera Martins, José Renato). Para poder mantener el control sobre la población rural “ociosa” se obligaba a trabajar en las estancias o a enrolarse en las milicias, y para seguridad de la oligarquía los gauchos debían presentar cédula de identidad y certificado de empleo cuando era solicitado.

Para la mitad del siglo XIX la figura del gaucho era polémica y constituía una preocupación para las clases dominantes que necesitaban tener el control absoluto de las tierras, el ganado y la población. Para Domingo Sarmiento, el interior del país y el gaucho representaban la barbarie, y la mezcla de razas había generado “un tipo políticamente irresponsable, incapaz de ejercer una ciudadanía activa, como se la diría en los días de hoy” (Sarmiento, Facundo, Civilización y Barbarie).

Devoción popular
Los altares del Gauchito Gil trascienden la provincia de Corrientes y mayormente son visitados por aquellos que, desesperados, buscan un milagro pero también por los que reconocen el origen social y étnico del gaucho. Algunos sostienen que es el santo de los argentinos más pobres.

Para la iglesia católica la veneración al Gauchito Gil es algo pagano, así esta figura contenga los valores humanitarios que son enaltecidos por la institución. La devoción popular a un gaucho es para las élites un cuestionamiento, un ataque al imaginario que se intentó establecer de persona inepta e insumisa, es inaceptable para ellas el reconocimiento de los valores que se atribuyen a Antonio Gil.
Sin duda, el Gauchito Gil representa un símbolo de la cultura popular y se configura entorno a los valores populares, la rebeldía y resistencia. A pesar que la iglesia católica y la clase dominante intentan estigmatizar al Gauchito Gil, los altares, santuarios y los devotos se multiplican por todo el país.

Con cada pedido, agradecimiento o pago al Gauchito Gil se elevan los valores y las acciones del gaucho solidario y rebelde a las instituciones. Las ofrendas que se dejan son prueba del entendimiento entre el santo popular y sus creyentes, sin duda es por una identidad compartida.

“El gauchito representa el rescate de la dimensión popular en la cultura nacional manipulada por las clases dominantes vinculados a los valores tradicionales de la iglesia católica” (Viera Martins, José Renato)
La negación por parte de la institución más poderosa y antigua que es la iglesia católica solo nos abre la puerta para reflexionar sobre cómo debiera ser un “santo legítimo”.

La devoción por el Gauchito Gil en algunos casos es el acto de rebeldía y la no sumisión de los humildes hacia la patronal y la religión institucionalizada. Estas creencias y valores se sostienen generacionalmente hasta el día de hoy convocando a multitudes porque continúan reflejando la realidad.

 

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