Red Eco Alternativo ***

No me digas adios sino hasta luego

Cada 2 de noviembre se celebra el día de los difuntos, esta tradición varía mucho según cada región geográfica siendo las comunidades andinas las que se destacan en su homenaje. El cementerio de Flores es visitado masivamente por la comunidad boliviana y nativos del norte argentino donde encuentran un lugar para poder rezar, entregar ofrendas y pasar el día con sus difuntos. Red Eco Alternativo.

(Ana Cáceres - Red Eco) Buenos Aires - Por la entrada de Varela y Balbastro una bandera roja y una whipala colgaban de unas rejas. Era la columna de “Negras, indígenas, racializadas y disidencias”, abajo en el suelo una muestra de fotografías cubría un amplio espacio de la vereda que homenajeaban a migrantes y activistas asesinados por ataques xenófobos. Imágenes recordando los casos de Marcelina Meneses y Josua Torres, muertos al ser empujados del tren después de un ataque de pasajeros que los agredieron después de gritarle a Marcelina “boliviana de mierda, ¿no mirás cuando caminás?”, “volvé a tu país”. También formaba parte de la gran muestra la fotografía de Esperanza Nieva, activista por los derechos de las mujeres y pueblos originarios asesinada en su pueblo Amaicha del Valle (Tucumán), y la anciana mapuche dueña de 1.000 hectáreas Lucinda Quintupuray muerta a balazos en su cama.

La fila para la entrada al cementerio era larga con un despliegue de seguridad que no tenía razón de ser. Un agente de polícia filmaba a los deudos y gente de prensa. Además, se revisaban floreros, comida y tiraban cualquier bebida, quienes habían comprado agua fría se quejaban porque era dinero tirado y el agua disponible en el cementerio era caliente y poco refrescante para que los niñxs y ancianos pudieran soportar los fuertes rayos de sol.

Al mediodía la tensión aumentaba entre, por un lado, la prensa (seis personas) y, por el otro, el director del cementerio acompañado de la Policía de la Ciudad y la Defensoría del Pueblo. El motivo era que la prensa tenía prohibido tomar imágenes de la celebración sin una supuesta autorización, establecida por una ordenanza que no fue presentada por las autoridades del lugar cuando la prensa, estudiantes e investigadores solicitaron verla como parte de sus derechos. Fue así como se decidió que fueran las familias y el propio criterio periodístico los que establecieran los límites para la toma de imágenes.

El cementerio tenía una alta presencia policial que a simple vista parecía superar la cantidad de personas y familias que se encontraban al mediodía recordando, rezando, llorando y arreglando las tumbas de sus difuntos.
Los adornos florales y las ofrendas para Emilia eran variadas, llena de flores blancas y rojas, entre los panes había formas de Luna, Sol, muñecos y burbujas de colores .

La madre de Mayerli Puma Manya descansaba mirando la tumba de su niña, había terminado de acomodar cuidadosamente los panes, las frutas, roscas, cereales, tutucas y flores sobre la manta blanca.
Los músicos recorrían el cementerio de Flores con sus instrumentos, si algún familiar de los difuntos lo solicitaba ellos acompañaban un momento íntimo con música ceremonial.

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Durante las primeras horas de la tarde, los rezos de desconocidos eran intercambiados por parte de la ofrenda, se preguntaba el nombre del difunto y una vez finalizado el rezo se iba recolectando en bolsas el regalo u ofrenda. El clima era mucho más distendido, lxs niñxs jugaban por todo el lugar y las familias se juntaban con otras personas para compartir un momento especial.

Continuaban llegando personas hasta alcanzar a una cantidad importante e increíble que hacía más especial a la vista la celebración.
Verónica tenía una ofrenda fuera del cementerio, ella acariciaba su panza de embarazada mientras muy amablemente contaba a Red Eco sobre esta tradición: “Arranca a partir del 31 de octubre hasta el 2 de noviembre. El 31 se hace una ofrendita que son por lxs niñxs y bebés; el 1º se hace una mesa ya para los adultos, para los padres, los tíos y los abuelos. El 2 de noviembre a las doce del mediodía se despide a las almas que vienen en ese lapso, y la mesa se arma con toda la comida que le gustaba a ellos que vienen, comen y se llevan la comida. Los platos especiales que ellos comen, eso, se les termina dando a los animales porque en sí esa comida ya no tiene sabor porque se lo comió el alma. Y los panes pedimos que nos recen para que cuando ellos vayan al cielo todos sus pecados se vayan reduciendo, por eso cuando piden una oración o rezo nosotros devolvemos con un pan o fruta”.

A pesar del excelente clima de celebración, Red Eco fue testigo de una situación violenta y provocativa por parte de los agentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que habían decomisado “marcianitos”, helados caseros que vendía una mujer en las afueras del lugar. La gente indignada gritaba “manga de chorros” “vayan a trabajar”, y un grupo grande se reunió y no permitió el avance de un accionar injusto hacia lxs trabajadores ambulantes. Al consultarle a la inspectora de la Dirección General de Fiscalización del Espacio Público porteño por la mercadería decomisada, aludió que no se permitía la venta en espacios públicos y que era imposible devolverle los “helados” porque ya se había labrado un acta.

La celebración fue serena, emotiva y en línea con las costumbres ancestrales; sin embargo, la provocación por parte de la Policía de la Ciudad fue evidente, palpable y repudiable. En cada pasillo del cementerio se escuchaban quejas sobre las restricciones a los elementos culturales y hasta se oyó el susurro de una anciana: “¡Qué malos que son!”

Galería de imágenes: Celebración Día de las almas

 

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