Tucumán: cuatro detenidas mueren abrazadas pidiendo ayuda

Virginia Santana, mamá de Rocío Micaela Mendoza - una de las víctimas fatales del incendio sucedido el jueves 2 de septiembre en la Brigada Femenina de Concepción, Tucumán -  cuenta este este desgarrador relato cómo murió su hija, abrazada en el baño del centro de detención con María José Saravia, Macarena Maylen Salinas y Yanet Yaquelin Saquilán. 

“A mi hija Rocío la iba a ver de lunes a lunes. Yo vivo a siete cuadras de la Brigada Femenina de Concepción, donde estaba detenida desde hacía casi ocho meses. Tenía que estar en la cárcel de San Miguel de Tucumán, pero supuestamente no había cupo. La Brigada donde estaba detenida Rocío con las otras chicas no es siquiera una comisaría, es una casa. En ese lugar no pueden estar más de un mes: dormían en colchones sucios, no tenían ni para cocinarse. Yo le llevaba comida a mi hija y ella compartía con las demás, porque algunas chicas eran de lejos y las familias no podían ir de visita todos los días.

Las cuatro murieron abrazadas pidiendo ayuda. Solamente los vecinos, que escucharon los gritos y los golpes, quisieron ayudar, pero no pudieron hacer nada porque estaban cerradas con candado. Es mentira que había policías heridos, como publicaron La Gaceta y otros medios. En el hospital vi a esas tres hijas de perra, las guardias, y estaban con la ropa limpia. Cuando me hacen llamar, ellas estaban en la guardia y se agacharon cuando me vieron. Si no hubieran sido responsables, esas mierdas me hubieran dicho alguna palabra.

Con estas mujeres (Magui, Susana y Sandra) ya había habido roces y cruces con mi hija. En la Brigada, las guardias les pedían plata, mi hija me decía ‘mamá tengo que pagarle a la policía porque le debo lo de la ropa’, pero es mentira, yo le llevaba ropa, comida, todo. Una de las tres basuras las hizo morir, no tenían cómo escaparse. Se salvó una de las chicas porque estaba aislada en otro lado.

No voy a descansar hasta que vayan presas. Mientras los vecinos escuchaban los gritos en la Brigada, las guardias se paseaban afuera como si nada. Me pregunto por qué las chicas tenían encendedores ese día, si yo he visto a las guardias darles los cigarrillos encendidos desde afuera. También han dicho que hubo un cortocircuito… todo mentira.
El día del incendio yo tenía el celular apagado y me avisaron que pasaba algo en la Brigada. Fui rápido para allá y no me decían nada, estaba nerviosa. Desde las cinco de la tarde estuve sin noticias, a eso de las siete me fui para el hospital y recién a las diez de la noche me avisaron que Rocío había muerto. Algo raro hay: una de ellas se salvó y a las otras las dejaron morir.”

Virginia Santana es la mamá de Rocío Micaela Mendoza (22), una de las víctimas fatales del incendio sucedido el jueves pasado (2 de septiembre) en la Brigada Femenina de Concepción, Tucumán. También murieron, abrazada a ella en el baño del centro de detención, María José Saravia, Macarena Maylen Salinas y Yanet Yaquelin Saquilán. Las guardias a las que hacen mención, pasadas a disponibilidad, son Margarita Gutiérrez, Susana Rodríguez y Sandra Rivarola.

Las primeras versiones que circularon, desde la Policía y amplificadas por los medios locales, hablaban de un motín y un incendio provocado que tuvo un final irreversible. Los relatos de familiares y abogados que acompañan el caso coinciden algunos puntos: maltratos y amenazas de las guardias, pésimas condiciones de detención y falta de intervención policial para salvarles la vida (puerta con candado, gritos de ayuda que son únicamente oídos por vecinos).

Como contexto previo, Tucumán es la provincia en la que se produjo una de las cuatro desapariciones forzadas de 2020 (la del trabajador rural Luis Espinoza, cuya causa penal está todavía a la espera del juicio oral) y donde la Policía asesinó por asfixia en un operativo en la calle a Ceferino Nadal.

Además, en la provincia del noroeste sigue en vigencia la Ley orgánica de la Policía (1970), que permite que un efectivo con procesos penales abiertos siga en funciones y no sea expulsado de la fuerza. Otra norma provincial (la Ley de Contravenciones), creada durante la última dictadura militar, le da potestad a la Policía de transformar en legal –bajo la figura del “desorden”– una detención ilegal.

Fuente: Revista Cítrica

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