Mujeres bolivianas abriéndose camino desde abajo en Argentina y Bolivia

Presentamos la historia de dos mujeres bolivianas. Olga vive en Argentina y Magdalena en Bolivia. En sus espacios de vida hacen un trabajo colectivo para lograr cambiar las viejas estructuras del poder patriarcal. En Bolivia desde siempre la política fue “cosa de hombres”; y a pesar de tener grandes mujeres lideresas que cambiaron la historia, como lo fue la gran luchadora Juana Azurduy o más contemporánea la sindicalista minera Domitila Barrios de Chungara, conocida como la mujer que se enfrentó a la dictadura de Hugo Banzer Suarez, al día de hoy le cuesta incluir a las mujeres, sean urbanas o campesinas, en su estructura de poder real. Aquí repasamos la violencia sufrida por estas mujeres en la política boliviana y argentina a través de sus historias. Red Eco Alternativo.

Olga Choquetopa Torres: “Para el Estado argentino somos desaparecidos sociales”
Tengo 61 años, soy hija de mineros, nací en el distrito minero de Qolquiri y el mayor tiempo de vida estuve en Tiquipaya, departamento de Cochabamba. Comencé a militar a los 16 años.

En 1995 cuando nació el MAS-IPSP (Movimiento al Socialismo - Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos), fui la primera mujer presidente del Honorable Concejo Municipal en el Municipio de Tiquipaya. En ese momento nos consideraban putas, nos decían que estábamos buscando otros maridos y que no nos hartábamos de nuestros maridos, los mismos hombres nos rechazaban dentro de las asambleas, no nos daban la voz, la palabra. Esas cosas hemos vivido mucho tiempo, y muchas mujeres sufrimos mucho porque nos hacían a un lado a las mujeres, palabras muy malas nos decían, que éramos mierdas para Bolivia, que no servíamos para nada, solo para cocinar y para parir.

Hace treinta o cuarenta años cuando comencé a trabajar me dediqué a los niños de la calle, con las mujeres en la calle y en las comunidades con el tema de la salud o la violencia machista, ya que por ejemplo en 1966 las mujeres no teníamos voz, el marido caminaba adelante y nosotras atrás, porque si íbamos a la par los mismos hombres se burlaban de nuestro marido: “mandacho, mandarina, te haces mandar con tu mujer”, les decían, entonces para no hacerse insultar nos ponían atrás.

Ha sido muy difícil salir adelante, pero en 1989 comenzamos a fundar la organización de las Bartolinas Sisa de Cochabamba, en Caya Cayani, desde ahí empezamos a trabajar en espacios de poder político para que las mujeres tengamos voz y presencia en diferentes áreas. Para salir del machismo, muchas nos debimos separar de los maridos, salir de las casas, abandonar a los hijos; para despatriarcalizar el estado colonial de la república de Bolivia. Ese avance lo logramos con mucha fuerza, pero hemos sido mal vistas por los mismos hombres, discriminadas y hasta objeto de burlas.

Desde 1989 hemos formado espacios de poder dentro de los sindicatos agrarios, de la Central Campesina pasé a la Federación de Mujeres en Cochabamba y allí me postulé y gané con un 89%. A la Argentina vine a descansar, a pasear, pero tuve un accidente en un tren y a raíz de eso me quedé a vivir aquí, tengo una discapacidad de un 40% y ahí seguí luchando y participando también aquí. Mi primera participación fue en el movimiento afro-cultural de Barracas para lograr un espacio del movimiento en San Telmo.

Este 8 de marzo, así como todos los 8 para nosotros es una continuidad de una lucha de hace más de 500 años y para nosotros todos los días es una lucha, especialmente para las mujeres, y creo que este día sirve para recordar que las mujeres debemos seguir luchando, no festejando, solo hacer objetivos para ver qué pasos vamos dando y seguir reclamando. Aquí en Ezpeleta hace poquito han matado a un joven de la colectividad boliviana que protegía a sus padres de un robo y aún no hay justicia.

Creo que este 8 de marzo deberíamos hacer congresos donde estemos todos los colectivos pluriculturales y ahí marcar objetivos, yo creo que sobre todo las mujeres que migramos la hemos pasado muy mal, ya que por ejemplo aquí no nos ha ayudado el municipio, pese a que nosotros hicimos campaña para que llegue a la intendencia Mayra Mendoza, pero no se nos tiene en cuenta a la colectividad boliviana en este municipio.

Hemos tenido ayuda del MTL de Cañuelas, gracias a eso hemos podido activar el comedor “Olla Rebelde Warisata Mia”, cocinamos para 150 personas y eso es una ayuda para mujeres que tienen problemas de salud o que son madres solteras, así tratamos de ayudarnos, apoyarnos, preguntarnos ¿cómo están? ¿cómo están haciendo para salir adelante con el COVID-19? Todo lo vamos haciendo nosotras, nunca hemos tenido a nadie del Estado que se acerque a nuestros barrios, es como si hubiéramos salido de una guerra, estamos sobreviviendo, recuperando a los heridos, que se curen, acompañamos a las madres que han quedado viudas para que se recuperen anímicamente, viendo cuántos muertos hubo, tenemos que empoderarnos en el espacio donde vivimos porque hasta ahora somos invisibles para el estado argentino, somos desaparecidos sociales.

Sería importante que otros colectivos puedan también ayudarnos a visibilizar, por nuestros hijos y nietos que ya han nacido en estas tierras, la lucha es diaria, la lucha no es del momento, es de cada día hasta para comprar pan, ahora estamos luchando hasta para respirar porque dos pandemias estamos viviendo, la de la enfermedad y también la de los robos, violencias, asesinatos que también hay dentro de la colectividad por el machismo, necesitamos ayuda de profesionales como psicólogos para que nos asesoren, de otros colectivos o del estado argentino.

Aquí podemos ver un video donde participó Olga, quien durante el 2020 y durante el golpe de estado fue una activa difusora de las atrocidades que el régimen de Añez hizo en Bolivia: VIDEO

Y escuchar también una entrevista a Olga, realizada por FM La Boca: AUDIO


Magdalena Guerrero, mujer, madre boliviana que lucha en territorio campesino
Soy campesina del departamento de Tarija, la hija número cuatro de nueve hermanos que ha tenido mi madre y tengo 48 años. Como la mayoría de las familias bolivianas, tenemos parte de nuestra infancia en la tierra sagrada que nos vio hacer, donde cursamos los primeros estudios en nuestra comunidad, para posteriormente migrar a las ciudad con la esperanza y el sueño más grande que siempre es seguir estudiando, ese sueño muchas veces queda truncado por falta de recursos económicos como fue mi caso. He trabajado en varios departamentos, pero la vida me trajo nuevamente a Tarija y a trabajar en el campo, hoy el campo es el que da de comer a mi familia, así como a tantas familias a lo largo de todo el país.

Desde que volvimos con mi familia a trabajar en el campo y comenzamos nuevamente a participar en las reuniones del sindicato de mi zona pude ver que seguía habiendo injusticias hacia nosotros los campesinos y también hacia las mujeres. Muchas veces por plantear propuestas o querer un mejoramiento para mi comunidad es que mis compañeros dirigentes y bases me eligieron democráticamente para ser la Representante de los Productores Rurales de la provincia de Cercado, así como también la Representante del Primer Consejo Social Rural de Salud también de la provincia de Cercado.

Este 8 de marzo aquí lo vivimos como un día más, en el campo no hay feriados, ni fiestas, ni días de descanso, todos los días son lo mismo, pero sí comprendo que en las ciudades las mujeres pueden mostrar ese día sus reclamos o su lucha. Pienso como mujer que nos falta mucho todavía, que hoy solo sabemos que es el día de la mujer, pero que hay que seguir luchando porque las mujeres somos el motor, el puntal más importante que tiene un hogar y de ahí para adelante la familia se fortalece y crece.

Somos mujeres que al igual que las de la ciudad tenemos sueños, tenemos hijos, soñamos con que nuestros hijos también tengan las mismas oportunidades que los de la ciudad, que ellos también puedan salir a capacitarse e incluso a otros países y queremos hacer saber a las autoridades de todos los niveles que nosotras también queremos que nuestros hijos sean hombres o mujeres que puedan trabajar en espacios de poder del estado.

Ahora más que nunca sentimos que por la pandemia del COVID-19 aquí en Bolivia no se está tomando con la seriedad que se merece la educación. En el campo en muchas zonas no hay internet y a pesar de que estamos en un gobierno que nosotros elegimos y logramos sacar al anterior gobierno que no nos representaba, hay familias en el área rural que no tienen celular y hay chicos que no están avanzando en absoluto desde ya hace casi un año. Lamento mucho que los maestros no sean del área rural entonces no se dan cuenta que muchas veces una madre comparte su celular con tres o cuatro chicos, se hace difícil la educación dependiendo de esta tecnología. Otra cosa que no se tiene en cuenta es que en muchas zonas del campo hay madres que no saben leer, ni escribir y entonces no pueden ayudar, acompañar al niño para que realice sus tareas. Veo con mucha preocupación que este tema de la educación del área rural no estuvo en las propuestas de ningún candidato en estas elecciones subnacionales y eso nos preocupa como madres.

Aquí lo que uno siente como autoridad es que siendo mujer es todo más difícil, es cierto que desde que está este gobierno se nos escucha más a las mujeres y que se nos ha dado un lugar de más participación en estos últimos años, mucha más participación a las mujeres campesinas con los años del presidente Evo Morales, pero aún nos falta mucho. Si nos fijamos en los puestos altos de la política no hay muchas mujeres, pero a la hora de hacer los reclamos las incansables somos nosotras, entonces lo que pido es que además de escucharnos también se nos empiece a dejar ocupar espacios importantes de decisión a las mujeres campesinas o de las bases, que somos nosotras las que damos vida a las ciudades, estamos en el campo, en los mercados, en las casas, para todo una se da tiempo y a veces uno siente que se nos sigue usando, se nos trata como a sirvientas, como en la época de las haciendas.

Para conocer más de las actividades de esta autoridad campesina: AQUI

“Pero, si me permite, voy a empezar. Señora, hace una semana que yo la conozco a usted. Cada mañana usted llega con un traje diferente; y sin embargo, yo no. Cada día llega usted pintada y peinada como quien tiene tiempo de pasar en una peluquería bien elegante y puede gastar buena plata en eso; y sin embargo, yo no. Yo veo que usted tiene un chofer en un carro esperándola a la puerta de este local para recogerla a su casa; y sin embargo, yo no. Y para presentarse aquí como se presenta, estoy segura de que usted vive en una vivienda bien elegante, en un barrio elegante, ¿no? Y, sin embargo, nosotras las mujeres de los mineros, tenemos solamente una pequeña vivienda prestada y cuando se muere nuestro esposo o se enferma o lo retiran de la empresa, tenemos noventa días para abandonar la vivienda y estamos en la calle. Ahora, señora, dígame usted: ¿tiene usted algo semejante a mi situación? ¿Tengo yo algo semejante a su situación? Entonces, ¿de qué igualdad vamos a hablar entre nosotras? ¿Si usted y yo no nos parecemos, si usted y yo somos tan diferentes? Nosotras no podemos, en este momento, ser iguales, aún como mujeres, ¿no le parece?”.
(Así le contestaba la dirigente boliviana Domitila Barrios de Chungara a una feminista mexicana que le reclamaba que dejase de hablar de la situación del pueblo minero de su país, y que se focalizara en los problemas que la igualaban con sus congéneres, que para eso se había hecho la “Tribuna”).

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